“Nadie sabe para quién trabaja”
Víctor Manuel Sánchez Bandala
La actual situación social y económica de millones de mexicanos, sobre todo para los que menos tienen, es verdaderamente preocupante.
Frente a la crisis, el estancamiento económico es evidente, y la solución no se percibe ni a corto ni a mediano plazos.
La política económica, brutalmente desplegada por los últimos gobiernos federales, plegada descaradamente a intereses ajenos al bien de la mayoría de los mexicanos, certifica la falta de sensibilidad social de nuestros gobernantes en turno y, desde luego, su auténtico interés de servir a los más poderosos.
Ante la caótica situación, claramente consolidada por los gobiernos de Ernesto Zedillo y de Vicente Fox, el estancamiento ha generado la más abierta exportación nacional de mano de obra.
El éxodo migratorio, sobre todo hacia los Estados Unidos de Norteamérica, de millones de mexicanos, no sólo ha desmembrado al núcleo básico de la sociedad (la familia), sino que, además, viene provocando un gravísimo daño tanto a la cultura como a las tradiciones de nuestro país.
No obstante, lamentable o afortunadamente, la desequilibrada economía mexicana se sustenta de manera importante en las remesas que, en dólares, generan nuestros cientos de miles de “exiliados laborales”.
Tan sólo en los últimos seis años, bajo el gobierno federal panista de Fox Quesada, más de 3 millones de mexicanos se vieron orillados a emigrar en busca de una mejor opción de vida. Así, pareciera que la política de los gobiernos mencionados, sustentaron su “despliegue intelectual” en propiciar el éxodo y migración de millones de connacionales.
En este contexto, es necesario descartar como única “tablita de salvación” de nuestros problemas económicos a las remesas en dólares, las cuales, por cierto, llegan a México muy “adelgazadas” debido al brutal intermediarismo de los “prestadores de servicios” que, mediante “el pago por giro”, se quedan con una muy buena parte de esos dineros.
Es evidente que el Estado mexicano ha dejado de responder a los intereses de la gente más necesitada y empobrecida de la sociedad, y que su única “visión” se inscribe en “administrar la pobreza”.
Como se mencionó en el Primer Foro “Migración y desarrollo local. Proyectos para la organización y empresas sociales”, organizado por el gobierno municipal de Arroyo Seco, Querétaro, “la estabilidad y paz social” que medianamente gozamos los mexicanos todos, se debe a las remesas en dólares que envían nuestros paisanos.
Es tan fuerte e importante el caudal de divisas que generan los migrantes que, según datos oficiales, durante el 2006 fueron del orden de más de 21 mil millones de dólares; es decir, sin esas remesas tal vez la economía nacional ya se hubiera conflictuado aún más.
Sin lugar a dudas, la dependencia económica que ahora mismo se tiene de esas remesas, debe convertirse en un verdadero detonador de desarrollo integral de las comunidades. Para ello es vital que se haga un esfuerzo conjunto, vinculando a la sociedad (de migrantes) con los tres niveles de gobierno, a fin de buscar esquemas e iniciativas que hagan buen uso, sobre todo productivo, de las divisas que ingresan a nuestro país, vía las remesas.
Bajo este criterio, los gobiernos, en particular los locales (municipales), tienen la oportunidad histórica de convertir en oportunidades la problemática que genera la migración forzosa; esto es, se deben crear iniciativas que procuren esquemas de trabajo y de colaboración que faciliten el desarrollo integral en diversas regiones del país, utilizando esa millonada de dólares que se envían a México.
Por ejemplo, el llamado programa 3×1, impulsado por la pasada administración federal (por el cual los migrantes invierten una cuarta parte del costo de una obra de infraestructura para su comunidad), es una grotesca manera, por parte del gobierno, de usar el dinero de quienes con bastante sacrificio lo ganan fuera de su territorio, pues es responsabilidad del gobierno, precisamente, crear la infraestructura que requieren las comunidades.
Finalmente, es elemental que se atienda el problema que origina el éxodo obligado. Más allá de hacer obras de infraestructura con el dinero de los migrantes, lo que se requiere es trabajar en proyectos e iniciativas productivas que produzcan más riqueza y las fuentes de empleo que reclama nuestro país.
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