Columna Vertebral 28
Arturo Elías Romano Díaz
El espectro de “Robert”
Los fantasmas sí existen. La presencia de “Robert” en el área de Comunicación Social del gobierno municipal de El Marqués no sólo confirma una de las más arraigadas creencias populares, sino que pone al descubierto, de nueva cuenta y para no variar, actos de corrupción inaceptables, y coloca en tela de juicio la viabilidad de las Oficinas de Prensa en los tres niveles de gobierno.
Ya sabíamos que las llamadas “coordinaciones de información” gubernamentales fueron inventadas para no informar. De lo que no queríamos darnos cuenta es que éstas se prestan para que diferentes funcionarios asignen elevados salarios a personajes inventados, cuyo destino no sabemos cuál es, pero lo imaginamos.
Lo anterior no es sólo una afrenta contra los ciudadanos que pagan de buena fe sus impuestos, puntualmente, sino que debiera ser una voz de alerta para que las conocidas como Unidades de Transparencia y Acceso a la Información se pongan, de una vez por todas, las pilas, y vigilen con lupa e informen a los gobernados respecto del comportamiento de quienes manejan recursos públicos.
En efecto, son muchas las instituciones de los tres niveles de gobierno, y de los tres Poderes, que han hecho de las oficinas de Comunicación Social o de Prensa una necesidad, al grado que la plantilla laboral en esas áreas se incrementa exageradamente. Por lo mismo, como ciudadanos debemos exigir el que se dé a conocer, por todos los medios, cuántos y quiénes son los “comunicadores” contratados, a qué se dedican y a cuanto asciende su salario.
Y es más. Si de verdad las “Oficinas de Información” quieren cumplir con su tarea, pues que sus coordinadores, jefes, patrones, o como se les llame, hagan precisamente eso: informar sobre sus presupuestos y actividades diarias, pero, por favor, omitiendo cuentas alegres.
Si no fuere así, como no ha sido, entonces es un deber de los periodistas hurgar y hacer públicas las anomalías que se presenten, y que más de las veces se realizan con premeditación, alevosía y todas las desventajas, como es el caso de “Robert”, el fantasma “comunicador”.
Ahora bien, si nuestras “sesiones espiritistas” ya lograron contactar con un primer espectro, ¿es descabellado suponer que hay otros que pululan por acá, por allá y por acullá, y no precisamente penando, pues, como se ve, sus sueldos no están nada mal?
Hasta el momento, la cantidad acumulada de “Robert” es de 140 mil pesos. E íbamos a decir “más lo que se acumule”. Pero precisamente de lo que se trata es que ya no se acumule más. Y por eso hemos desenmasacarado a este personaje que, al perecer, no estaba muerto, sino que andaba de parranda.
Ya apareció el peine
Pues ya ven que los “blanquiazules”, como los de El Marqués, se despachan con la cuchara grande. Por eso los discursos que tanto difunden son “letra muerta”. A poco para eso necesitan tantos “comunicadores”. La verdad es que no se tientan el corazón, ni se ponen en los zapatos de la gente que con tanto esfuerzo arma y protege su patrimonio. Y mucho menos se ponen en las sandalias de quienes tienen que huir a trabajar a los Estados Unidos. ¿Se vale, lector, lectora? ¿Quiere usted dejar hacer, dejar pasar?
Póngase usted a pensar. Sus impuestos van directamente a abonar, o a seguir abonando, los sueldazos de nuestros “representantes populares”, los mismos que dicen defenderlo a usted, los mismos que juran y perjuran velar por sus intereses. Nomás acuérdese de la “pareja presidencial”, que ya amenazó con retornar a la vida pública, y con extender el reino de “Vamos México” a Querétaro.
El alcalde de Querétaro, Manuel González Valle, gana alrededor de 150 mil pesos mensuales, y sólo gobierna a poco más de un millón y medio de habitantes. El presidente municipal de El Marqués percibe unos 100 mil pesos al mes. El gobernador estatal, también panista, redujo su sueldo a regañadientes, para no sobrepasar el salario del Ejecutivo federal, o sea, el del señor Felipe Calderón. ¿Qué opina usted?
Qué penoso. Y para colmo, hay que “mantener” a aviadores, a paracaidistas, a fantasmas, o a “cuñados incómodos”. ¿Qué país es éste, en donde nadie se queja?
Sin embargo, no es cierto eso de que “el pueblo tiene el gobierno que se merece”. No lo quiero creer, al menos. Ya se vio que hay pueblos que no se dejan. Y, curiosamente, éstos son los que menos caso les hacen a los “medios masivos de desinformación”. Por algo será.
No se calle usted lector, usted lectora. No se haga cómplice de estas canalladas con su silencio. Así le vamos a hacer.
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