Columna Vertebral 29

29 enero 2007 | Notas | 9 vistas | comentarios

Arturo Elías Romano Díaz.

No es nada personal

No me quiero hacer el erudito. Pero ha de saber usted, lector, lectora, que apenas hace unos días falleció el considerado “maestro del periodismo contemporáneo”, el polaco Ryszard Kapuscinski. Y es sano traer a la memoria algunos de sus conceptos sobre esta profesión, que no sólo son útiles para los reporteros, sino para el público que consume las noticias que ellos escriben, o hablan en la radio y la televisión.

Explica el autor del libro “Los cínicos no sirven para este oficio”, que “es ahora cuando menos se informa”, porque si uno consulta distintos medios noticiosos “comprendería la reiteración de los mismos contenidos y enfoques”. Kapuscinski destacó que hoy en los receptores de información (o sea, usted lector, usted lectora) tienen una gran dificultad mental para seleccionar qué es lo importante en las noticias. “Antes era mucho más difícil conseguir una noticia y se luchaba contra la censura; ahora la lucha es contra la manipulación”.

Y sigue: “Antes todo era manejado por periodistas, gracias a su experiencia y conocimiento del oficio y del medio; hoy los altos directivos son personas que ni son periodistas, ni quieren serlo, ni tienen interés en comprender lo que es el periodismo. Sus objetivos son otros”.

Para él, como para nosotros, y ojalá usted coincida, “el buen periodista debe estar pegado a la gente, no a las instituciones”.

Ciertamente, si uno coloca las noticias a un lado, y la realidad al otro, descubrirá dos historias opuestas. Por eso, también es verdad que la primera víctima del actual “periodismo” es la verdad, y la segunda es el público, el pueblo, la ciudadanía. Usted.
Nuestra nota principal, la de esta edición, quiere alertarlo a usted lector, lectora, sobre lo anterior. Pero para no ser impreciso, retomo a Kapuscinski: “La mayor satisfacción siempre se encuentra al escribir todo lo que se quiere, pero no siempre nos está permitido.

En esos casos, tenemos que calcular qué será mejor para el bien común, para la opinión pública, (porque) en esos terrenos siempre juegan otros intereses antes que la verdad (…) Los que trabajamos en el sistema sabíamos más o menos cómo escribir en ese ambiente. Los periodistas y escritores no vivíamos en un mundo oscuro de censura, sino en un conflicto permanente, una lucha constante por el derecho a publicar algo de la verdad. Por eso creo que la peor experiencia es la autocensura”.

Por eso insisto en que no hay nada personal. De veras. Y si no, póngase usted a pensar.
¿Se vale que el titular de un noticiario, tenga intereses también en una oficina gubernamental? Claro que no, porque eso se presta para que en ese espacio noticioso nunca se critique a ese gobierno, sea estatal o municipal.

¿Se vale que a los empleados de un departamento de Comunicación Social se les pague un salario, no para informar a la ciudadanía sobre sus acciones, sino para enviarlos a “espiar” a los reporteros que llegan allí a buscar datos? Por supuesto que no.

Por eso le decía a usted, lector, lectora, en mi columna anterior, que a esas “Oficinas de Prensa” se les haga una auditoría, y en su caso, se les desparezca, porque nomás desinforman y le quitan al pueblo un dinero que serviría para necesidades mucho más urgentes.

También sería prudente, y ético, que los medios informativos (sean prensa, radio o televisión) revisen el actuar de sus reporteros, pues los “conflictos de interés” como los que ahora le pasamos al costo a usted, nos alejan de la verdad, y nos acercan a la mentira y a la manipulación.

La investigación que han realizado los colegas de Libertad en Palabra tiene otro fundamento: intentar limpiar la imagen de reporteros y periodistas, a quienes la ciudadanía, muchas veces con razón, ve con desconfianza, o toma como unos prepotentes, o unos chantajistas, o unos oportunistas, o como unos mercenarios. Y es que por unos, pagan otros. ¿O no?

Y qué mala onda que, aún con la evidencia de irregularidades en su departamento de Comunicación Social, el alcalde de El Marqués, un señor panista de nombre Enrique Vega Carriles, se haga el desentendido, y continúe utilizando el dinero de los ciudadanos en pagarle a “trabajadores fantasmas” y hasta a “espías”. Muy mal. “Para mí la primordial fuente de información aparece cuando uno se sabe rodeado de personas que lo tratan como a uno más, cuando todos somos iguales”, dijo Kapuscinski.

“Usted decide si quiere quedarse callado”, nos aconseja nuestro personaje de hoy.

¿Usted se va a quedar callado, lector? ¿No va a decir nada, lectora?

A mí ese consejo me parece magnífico. Hay que seguirlo al pie de la letra.
Termino con el citado Kapuscinski: hay que hacer frente a los empresarios “que pretenden convertir la noticia en mercancía, y al periodista en cómplice activo de esa degradación y engaño”.

Caray. Pero uno se pregunta, cómo. Y el mismo periodista polaco nos saca del atolladero: “La información me llega no sólo de las palabras que me dirige una persona, sino también de todo el paisaje que la envuelve, de la atmósfera, del comportamiento de la gente, de mil detalles, todo lo que me rodea dice cosas. La realidad tiene su propio lenguaje. Creo que con cierta experiencia a nuestras espaldas, somos capaces de idear métodos alternativos de la percepción del mundo, no necesariamente idiomáticos”.

Después de leer semejantes conceptos, lector, lectora, yo ya no sé si en verdad “el mejor camino para conocer algo, pasa por la amistad”

He dicho.

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