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La caída de Radio Monitor

| 9 julio 2007 | Sin categoría | 152 vistas | comentarios

Para José Gutiérrez Vivó, por esa incansable lucha por la verdad.
“La peor censura es la que se tolera…”
jlah.

José Luis Álvarez Hidalgo

La censura sigue siendo una práctica sistemática en nuestro país y la quiebra de Radio Monitor, inducida desde las más altas esferas del poder político en México, es una constatación irrebatible. Los tiempos de la censura del golpe duro o del cuartelazo ya pasaron a mejor vida, pero los resabios de estas ancestrales prácticas han adoptado nuevas formas de supervivencia y se han vuelto más sofisticadas, pero igualmente demoledoras.

Desde la caída de Julio Scherer García al frente de Excélsior en 1976 y la imposición de Regino Díaz redondo desde el poder presidencial como su nuevo director, no habíamos vuelto a padecer una experiencia tan negra, dolorosa e indignante a la vez.

Ahora, más de 30 años después, la caída de José Gutiérrez Vivó, de todo su grupo de colaboradores y periodistas, y de un espacio radiofónico comprometido con la verdad, el ejercicio crítico y la honestidad informativa, delinean el nuevo rostro de la represión y la censura en nuestro país, que va de las “manos limpias” del gobierno espurio de Felipe Calderón y de sus secuaces provenientes de las cloacas de la derecha más recalcitrante en México, y de los poderosos empresarios vendepatria más afines al sistema.

La quiebra de Radio Monitor se origina desde la debilidad mental de Vicente Fox y de su amantísima esposa, por el gravísimo delito de haber concedido un espacio de interlocución a Andrés Manuel López Obrador para lanzar su candidatura a la Presidencia. Pero lo más deprimente del asunto es que la lucidez de Fox le hizo suponer que Gutiérrez Vivó era perredista porque el logotipo de su empresa ostentaba los colores amarillo y negro del Sol Azteca. ¿Puede medirse el tamaño de semejante estupidez?

Entonces comienza el ataque sistemático a Radio Monitor, investido de una de sus más sofisticadas y letales formas: negarle publicidad. El gobierno federal no sólo decreta el boicot publicitario en su contra sino que también alerta a los más poderosos anunciantes a dejar de hacerlo, es decir, crea un cerco publicitario para que no se anuncien ni las moscas y el nudo se va cerrando cada vez más hasta que se sucede la asfixia financiera de la empresa informativa.

Verdaderamente se trata de un caso digno de documentar en los anales del periodismo mexicano: la resistencia heroica de todo el equipo de trabajo de Gutiérrez Vivó, porque desde que se desató la crisis económica inducida, llevaban casi tres meses sin cobrar, lo que muestra que el auténtico compromiso con una causa requiere de la solidaridad a toda prueba de sus miembros a fin de resistir las embestidas del poder.

Un acto solidario de esta naturaleza es difícil de ver en un gremio tan individualista como el nuestro, en el que cada periodista sólo le reza a su santo y se olvida de la más elemental de las causas colectivas: la solidaridad.

Es realmente triste y vergonzoso dar cuenta del silencio cómplice de los demás medios de comunicación ante el boicot a Radio Monitor. Sólo los de siempre alzaron su voz y denunciaron en primera plana este gravísimo atentado a la libertad de expresión: La Jornada, Proceso, El Centro y los medios alternativos y universitarios.

Y los mariachis callaron. Los poderosos grupos empresariales de medios electrónicos y de prensa escrita del país no emitieron pronunciamiento alguno, fungiendo como cómplices vergonzantes y esbirros del poder ante un acto de represión de tal magnitud.

Este acontecimiento era el motivo perfecto para desatar una revolución mediática en contra de los agresores del poder político y para hacer la defensa a ultranza de un miembro digno de la comunidad de medios de comunicación en nuestro país.

Se corrobora, una vez más, una de las teorías en la que he reflexionado últimamente: la “atmósfera mediática”, que es una especie de campo de energía en que sólo convergen los mensajes y las acciones mediáticas afines al status quo y fieles al poder político y económico. Las expresiones mediáticas libertarias y comprometidas con el cambio y con la verdad son aisladas y expulsadas de la atmósfera mediática; esto es, expulsadas del paraíso de los mediocres.

Eso que ocurrió con José Gutiérrez Vivó y su Radio Monitor ocurre en Querétaro con algunos medios y periodistas que cometen el desliz de expresarse con libertad.
Es lo que ha sucedido con Malena Hernández en el inefable grupo Radio Centro, o con la salida del también inefable Luis Amieva de Diario de Querétaro y la entrada de otro de peor calaña, o con Mónica Ramírez, Alejandro González Anaya, Agustín Escobar y tantos otros que se atrevieron a violentar la atmósfera mediática.

Nada debe alterar el entorno de la atmósfera mediática. Nada, nadie, sólo el silencio, el silencio de los enanos.

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