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“Dios sabrá cómo cobrarles”: doña Concha.

| 17 septiembre 2007 | Sin categoría | 33 vistas | comentarios
  • Retornó Concepción Moreno Arteaga a su casa en El Ahorcado.
  • Acudirá a la CEDH, “porque fue una injusticia la que me hicieron”.

Libertad de Palabra

Tras casi tres años de permanecer en la cárcel bajo el cargo de “tráfico de indocumentados”, Concepción Moreno Arteaga (“la samaritana”) fue declarada en libertad. Sin embargo, ella misma adelanta que acudirá a la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) para que las autoridades corrijan las deficiencias que prevalecen en materia de consignación de personas.

Ya de regreso en su casa, en la comunidad de El Ahorcado en Pedro Escobedo, “doña Conchis” dijo que continuará brindando ayuda a todo aquel migrante que se lo solicite. También, dice, “acudiré (a la CEDH) porque fue una injusticia la que me hicieron, y para que se fijen si uno es culpable o no, cómo deben trabajar para que den una buena sentencia, y para que primero investiguen, porque no nada más yo les daba un taco, sino en todo el rancho. Al rato la cárcel va a estar llena y no va a caber la gente, porque todos los de aquí somos muy humanos”.

Afuera

El día en que fue detenida no se le puede olvidar. Y es que en ese segundo fin de semana de marzo de 2005 su vida dio un giro de 180 grados, tras ser acusada de tráfico de indocumentados, y darles albergue.

Era el jueves 10 de marzo. Faltaba poco para anochecer. Seis “ilegales” le solicitaron algo de comer. Minutos después llegó una camioneta de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y ejecutó los arrestos. “Ese día un pelón de la AFI, el más agresivo, me agarró junto con seis indocumentados. No estaban aquí, estaban sentaditos allá afuera. Llegaron de la vía, uno muy golpeado, y se pararon. En eso salí yo y me dijeron: señora, regálenos un taco. Entonces llegó una camioneta de la AFI y los agarran a fregadazos; les pegaron muy feo y los metieron para adentro para que así pudieran decir que aquí yo los tenía. Pero no estaban adentro y los obligaron con una pistola a meterse acá adentro”.

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Concepción Moreno Arteaga

Hasta ahorita, ella no logra entender cómo las autoridades, en sólo un fin de semana, le dictaron auto de formal prisión, con una pena a cumplir de 6 años, sin derecho a fianza. Al no saber leer y escribir “pedía el favor” a sus compañeras de celda para poder comunicarse con sus cinco hijos y sus 12 nietos.

Adentro

Una vez en el Centro de Readaptación Social femenil, ubicado en San José El Alto, lo más difícil de la sentencia fue estar alejada de su familia y no recibir visitas por la falta de recursos de los suyos, que en su totalidad trabajan en fábricas.

Con el afán de no perder contacto con ellos, Concepción Moreno cumplía jornadas de 16 horas de trabajo para obtener dinero y comprar una tarjeta telefónica de 30 pesos. Cada día el trabajo consistía en pegar etiquetas en prendas de vestir, o listones en invitaciones. Por cada mil etiquetas, recibía 10 pesos. “¿Qué hacía?, pues trabajar para sobrevivir y tener un jaboncito, un papel de baño, que es lo que más se usa ahí adentro. Fue triste estar ahí y eso no se le desea a nadie, porque es muy triste estar privada de la libertad, más cuando se quiere a la familia, como en caso mío. Yo he sido madre soltera y los he sacado adelante a ellos; todo el tiempo he lavado ropa ajena, he estado cultivando los maíces, he sido ayudante, hecho la mezcla para los albañiles. De todo. Pero de esto de que me acusaban no era cierto. Dios sabrá cómo cobrarles a ellos. Yo no pido nada en contra, ni nada. Que Dios los ayude y los perdone por lo que cometieron”.

De salida

A las 18:30 del 31 de agosto Concepción recibió la noticia de su libertad. Gracias al apoyo de un custodio y de quien le da la noticia, logra trasladarse a su vivienda en El Ahorcado. “Me dieron permiso de avisar a mi nuera. Brincaron de gusto de que ya venía yo para acá. Ya conseguí el taxi y me vino a dejar hasta aquí. Llegué aquí como a las nueve y media. Ya estaba toda mi familia esperándome, con lágrimas de gusto. Y a la vez me preguntaba cómo iba a empezar esta nueva vida que me espera acá afuera. Estuve dos años y medio de no estar en la calle”.

Pero ya está tranquila y “cerca de Dios”. En la cárcel aprendió a valorar muchas cosas, entre ellas la religión que práctica, que es la católica.

A la par de que concluye esta entrevista, también terminan las pláticas de catecismo que se desarrollaban en su patio. Vecinos y familiares dan gracias por tener entre ellos a Concepción Moreno, aunque con el sinsabor de que la justicia llegó tarde para ellos: 30 meses después.

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