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Los saldos del foro (O los pormenores de la graciosa huída)

| 3 septiembre 2007 | Atmósfera mediática | 22 vistas | comentarios

José Luis Alvarez Hidalgo

Hace poco más de dos semanas que concluyeron los trabajos del Foro Querétaro Democrático (aseveración que ya no supe si se corroboró o fue anulada por su falsedad) y ya es tiempo de hacer una reflexión sobre las ideas que se vertieron en voz alta en esos días. Respecto a la mesa de periodismo (que es en la que me tocó participar) habría que hacer señalamientos muy puntuales, pues me parece que es de primer orden insistir en la necesidad del autoanálisis y en consecuencia la obligada autocrítica, y eso es lo que brilló por su ausencia en el citado foro. Vamos por partes:

Ramón Martínez de Velasco, el primero de la tarde, crítico como siempre hace un juicio acertado acerca del papel de las mal llamadas coordinaciones de comunicación social que ya no están en manos de periodistas sino de mercachifles nefastos para la ciudadanía en todo el país y, para rematar señala que “algo está podrido en Querétaro” (Hamlet, dixit) y de allí la necesidad de organizar el foro y desterrar el oprobioso periodismo chatarra que campea señorial en estas tierras de Dios. Bien, Ramón cortó las primeras dos orejas.

Le siguió en el turno, Andrés Estévez, quien decidió salirse por la tangente y no tomar al toro por los cuernos, y de entrada le atribuye un papel fundamental a los medios de comunicación en la transición política, lo que no dijo es de qué modo y qué tipo de medios colaboraron en aquella empresa, amén de indicar que los medios sean un puente entre los acontecimientos, sus actores y la sociedad. Después de su ponencia, se despidió cortésmente (ya lo había anticipado) y fue el primero en emprender la graciosa huída.

A continuación le correspondió a un servidor tomar la palabra, el contenido de mi ponencia ya se publicó en el número anterior, y si acaso habría que hacer también un señalamiento muy preciso de que aun en los espacios de comunicación alternativa, hay un hueco muy grande en el terreno de la autocrítica, y mi caso no fue la excepción. A pesar de la contundencia de mis argumentos, no descubro en ellos, ahora que la releo los yerros de mi propio ejercicio periodístico y de mis colegas que hemos decidido abrazar la causa del periodismo alternativo y libertario. La primera crítica es precisamente esa, la de autoproclamarnos como los héroes de este tipo de periodismo y, por ende, excluir tajantemente a quienes no comulgan con nuestra forma de hacer periodismo. ¿Será acaso un acto de soberbia o es sólo la mera reafirmación de nuestros principios?

No hay el suficiente espacio para hablar de tan peliagudas cuestiones, pero creo que es una cuenta pendiente con nosotros mismos y con la sociedad a la que juramos dar voz. Quizá en un próximo foro que bien podría llamarse “El periodismo libertario o el canto de las sirenas” podríamos discurrir a fondo estos asuntos. Ya me daré el tiempo de predicar con el ejemplo en una próxima entrega a este semanario.

Luego siguió la intervención de Jaime Septién, Director del semanario católico El Observador, quien muy a tono con su causa religiosa, no toleró los cuestionamientos que un servidor hizo al papel intervencionista de la iglesia católica mexicana y queretana en los asuntos de estado y al libertinaje de expresión del que gozan en ese sentido, así como a su gran pretensión de abolir el laicismo e implantar la educación religiosa en las escuelas públicas. No lo hubiera dicho nunca, sentí como Septién, quien estaba a mi siniestra, se revolvía como ostión vivo con limón, lo vi de reojo y estaba colorado como camarón, luego comenzó a bufar como toro de lidia y allí sí me empezó a poner nervioso al punto que creí que en cualquier momento iba a manotear la mesa e interrumpir mi participación para estrangularme con el cable del micrófono, afortunadamente eso no sucedió, pude concluir mi ponencia y entonces Jaime, hizo a un lado su propia ponencia de aproximadamente diez cuartillas (se veía choncha) y dedicó los quince minutos de su intervención a manifestar su total desacuerdo con muchas de las aseveraciones que yo había hecho y a plantear con énfasis y con una gran destreza en la improvisación de su discurso, los pormenores de lo que considera son los avances y los retrocesos del periodismo actual.

A los diez minutos de haber concluido su intervención se levantó de su asiento y se encaminó a la salida sin siquiera despedirse. A continuación le correspondió a Jorge Vargas dar lectura a su manuscrito, que consistía en relatar buena parte del contenido de su último libro con ideas claras, atinadas y críticas de un periodismo desfasado y cercano a las mieles del poder y del que él mismo se ha distanciado valientemente, aunque es asiduo colaborador de estos medios. Un gesto muy honesto de su parte.

Lamentablemente, Libertad en palabra, no pudo publicar su texto por razones de espacio y sí fue el gran ausente en estas páginas de los palabreros de la mesa periodística.

Al final, Flavio Lazos, el moderador del encuentro nos preguntó a los sobrevivientes si deseábamos hacer una réplica a lo expresado por nuestros interlocutores, sólo atinamos a voltear a vernos y le dijimos a Flavio que con quienes queríamos debatir ya habían emprendido la graciosa huída y que mejor lo dejábamos para mejor ocasión. ¡Lástima!

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