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Observando a los observadores

| 17 septiembre 2007 | Observatorio Civil de Medios | 24 vistas | comentarios

Ramón Martínez de Velasco

“Francisco Garrido Patrón ha sabido cooptar a los medios, de manera que las voces disidentes sólo se expresan en espacios alternativos, que tienen públicos reducidos”: Germán Espino.

Ciudad de México.- La libertad de expresión como derecho de la sociedad, no es el mismo derecho de libertad de expresión que reclaman los propietarios de radio y televisión, de diarios, periódicos y revistas. Y mucho menos es igual al que reclaman los pseudoperiodistas vinculados al Golpe de Estado perpetrado el 2 de julio de 2006, a Felipe Calderón, Vicente Fox y Marta Sahagún. Pero de ello escribiré en mi próxima entrega.

Ahora hay que trasladar la discusión a los estados, como sucedió el 17 de agosto en la mesa “Periodismo”, que formó parte del foro “Querétaro democrático”. Para contribuir al debate, le cedo mi espacio a Jorge Vargas Sánchez, reportero del diario Noticias, quien en esa mesa y en ese foro leyó su texto titulado “Los medios de comunicación en tiempos del PRI y en tiempos del PAN: oscurantismo, vaciedades y simulación”. No lo reproduzco completo. Me adjudico la síntesis. Va.

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FISGÓN

“Novias primerizas”

“Si la mesa tiene como meta decir cómo fueron los medios en tiempos del PRI y el PAN, yo no percibo un cambio favorable para los medios de comunicación masiva y, por ende, para la sociedad. Lo que sí percibo es que la libertad de expresión, que es el derecho de manifestar un pensamiento, está siendo arrinconado por el oscurantismo. Es entendible que esto suceda, aunque no está justificado. Porque los hombres del Poder están interesados en que la sociedad continúe ignorando cuántos asuntos le incumben. Porque sólo bajo la sombra de esta ignorancia es posible que ellos continúen determinando hacia dónde debemos ir.

“Cada seis años, el Mesías en turno nos dice lo que sus antecesores dijeron en su momento, pero de otro modo. Nos dice que ahora sí estamos en el camino correcto, que hace lo que nadie había hecho antes, que nuestra nación es más grande que sus problemas, porque en su mundo ficticio existe todo excepto la verdad.

“Yo no percibo un cambio favorable para los medios ahora que otro partido político está en el Poder, porque el oscurantismo ya casi bloqueó el acceso a la información. El periodista o informador puede ir a las fuentes cuantas veces quiera, pero no será fácil que obtenga la información que necesita. En todo caso, se topará con una maraña de requisitos agregados a los establecidos desde antes que, en conjunto, tornan mayor el oscurantismo. Hasta las secretarias de los hombres del Poder nos preguntan a los informadores si tenemos cita con el informante, como si la noticia o la investigación de ésta tuviera una dinámica burocrática. También nos preguntan sobre cuál tema preguntaremos a sus jefes, como si éstos lo supieran todo. Y cuando los entrevistamos resulta que ni son tan sabios.

Este oscurantismo no para ahí. Porque la palabra escrita o hablada pasa por tantos filtros, que cuando está por ser conocida por quienes deben conocerla está ya tan desgastada que no sólo se aleja de la verdad, sino que también casi carece de credibilidad. No es extraño, entonces, oír a la gente decir que los medios difundimos puros chismes. Y si chisme es una murmuración o habladuría, y si habladuría es un dicho o una expresión inoportuna y desagradable, o un rumor, ya podemos suponer cuán poca credibilidad continúan teniendo los medios. Pues en no pocas veces visten a la verdad con el ropaje del chisme.

“Esta situación se enturbia cuando el oscurantismo deriva en relaciones perversas entre periodistas, informadores y políticos, pues entonces la libertad de expresión queda más atrapada en el fondo del oscurantismo. Porque unos cuantos son quienes, desde las alturas del Poder, orquestan la espantosa gama de mentiras que, en forma de verdades aparentes, la gente recibe cada día. Como si nuestra principal preocupación fuera conocer vaciedades.

“El colmo: muchas de las llamadas Coordinaciones de Comunicación Social contribuyen a esta inadmisible situación. Son oficinas creadas ex profeso para difundir boletines, en donde los hombres del Poder dicen lo que quieren, como quieren, a la hora que quieren. Y tienen tan buena suerte que sus apologistas convierten esas mentiras en verdad absoluta, en palabra infalible. Así que mediante los boletines de prensa se construyen los altares en donde los lacayos rinden tributo a los poderosos.

“Cuántas ocasiones los periodistas o informadores contribuimos a esta distorsión de la verdad. Porque cualquier guiño de los hombres del Poder termina no sólo por convencernos de no escribir lo que debemos escribir, sino en que nos sintamos importantes, grandes, privilegiados, únicos. Parecemos ‘novias primerizas’. Y cuando los periodistas estamos inmersos en aquella seducción, solemos desbarrancarnos. Tanto que, olvidándonos de la libertad de expresión y de la ética profesional, escondemos cuanta arbitrariedad cometen los hombres del Poder. El asunto del chino Ye Gon es un ejemplo.

“De la manera en que sucede la relación medios-Poder, pareciera que regresamos a cuando el patriarcado era el principio de todo. Un ejemplo de ese patriarcado es el poder absoluto que mana del sistema presidencialista, que se repite en los gobernadores y en los alcaldes. La voz del hombre en el Poder es inatacable y casi todos los medios hartarán sus espacios con la Buena Nueva, aunque el Mesías haya dicho de otro modo lo mismo; o sea, nada.

“¿Existe la objetividad? En su aspecto formal, sí. Pero no resiste un análisis de contenido, inclusive pasando por alto los intereses económicos y políticos que pudieran ocultarse bajo el caparazón de una nota periodística.

“Así que yo creo que todavía no hay un cambio favorable en los medios de comunicación masiva, ni en la sociedad. Es ya el momento de que el Poder replantee su relación con los medios. Es ya el momento de que los medios se replanteen su papel de comunicadores. Pues ni el Poder ni los medios deben continuar sesgando la información, ni maquillarle el rostro a la verdad. Tienen que cambiar para bien, con dignidad, de buena fe.

“Cierto: querer este replanteamiento es una utopía, pero es una necesidad. Tenemos que cambiar no sólo para que los periodistas o informadores difundamos la verdad, o para que el Poder recupere la credibilidad que hace muchos días empezó a perder, sino también para que podamos ser la sociedad que nos han dicho que somos, sin todavía serlo pero que necesitamos ser. Para que entonces ahora sí podamos jactarnos de que somos una sociedad que vive y se desarrolla en igualdad de condiciones”.

Con respecto a la mesa dedicada a “Periodismo”, también escribió el reportero Alfredo Rodríguez en el tabloide universitario Tribuna de Querétaro, y hasta donde sé, se le dio amplia cobertura en el diario queretano El Corregidor.

Lo que queda, por ahora, es reírnos a carcajadas de “Un referéndum por la libertad”, que promovió la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) en voz de Sergio Sirviento, con el respaldo de agremiados tan distinguidos como Patricia Chapoy y Maxine Woodside.

Escríbame. Siempre contesto.
ramavel@hotmail.com

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