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“La democracia es la última utopía”: Hugo Gutiérrez Vega

| 15 octubre 2007 | Sin categoría | 163 vistas | comentarios

Jorge Coronel Vázquez

Conversar con el ex rector de la UAQ, Hugo Gutiérrez Vega, es una enseñanza fenomenal. Frase a frase, siempre hay un manejo exacto del significado de las palabras: todas en su justa dimensión y belleza. El poeta es, sí, un hombre de una sabiduría excepcional. Nos atrevemos a decirlo: este país, y este mundo, necesitan urgentemente, más que hombres de conocimientos, personas sabias como el actual director del suplemento La Jornada Semanal.

[SinglePic not found]A invitación de “Ciudadanos por la Democracia A.C.”, Gutiérrez Vega dictó la Conferencia Magistral “La Utopía Democrática”, el pasado 4 de octubre del año en curso, en el Patio Barroco perteneciente a La Facultad de Filosofía de la UAQ.

Un día después tuvimos la oportunidad de charlar con el maestro. Bienvenidos al universo poético-filosófico llamado Hugo Gutiérrez Vega.

Jorge Coronel (JC).- ¿De qué está enfermo México?

Hugo Gutiérrez Vega (HGV).- De la falta de credibilidad, de la desconfianza, de la desilusión ante la incapacidad de los políticos para cumplir sus promesas, del desasosiego provocado por la situación económica, de la violencia en todas las calles y en todas las ciudades, de la inseguridad tremenda en el país. Creo que todas éstas son las principales enfermedades del país.

JC.- Esas enfermedades que menciona devienen en pandemias y, por ende, en tragedias. ¿Cuál es la tragedia mayor de México? ¿Acaso somos un pueblo inculto, analfabeta, educado por la televisión? ¿Acaso es la sociedad mexicana despolitizada que no reclama y no hace valer sus derechos? ¿Cuál?

HGV.- Yo creo que la inmadurez política. Parecía, en la elección del año 2000, que habíamos entrado a la madurez; pero la frivolidad y tonterías de Vicente Fox hicieron que retrocediéramos nuevamente. La elección de Felipe Calderón fue muy cuestionada (y lo sigue siendo), sobre todo porque se negaron a cumplir el “voto por voto, casilla por casilla”, es decir, lo que la sociedad pedía.

JC.- El año pasado La Jornada Semanal publicó el texto del filósofo estadounidense, Henry David Thoreau, “La Desobediencia Civil”. ¿Cuál es, en México, la ética que fundamenta el derecho a la rebelión? ¿Por qué tenemos que exigir nuestra liberación?

HGV.- Los terribles contrastes sociales y económicos del país hacen que el clima sea de desasosiego y, por lo tanto, proclive a la violencia. Yo no soy partidario de ésta, de ninguna manera; pero sí creo que una protesta, como la que señala Henry David Thoreau, es decir, individual y seria, podría funcionar.

JC.- ¿Por qué sostiene que la democracia es la última utopía?

HGV.- Después de la caída de pensamiento comunista, es decir, cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) desaparece, lo único que queda como utopía es la democracia. Pero es una democracia que exige muchas cosas, no sólo transparencia electoral.

Exige cosas más serias, como la preparación del ciudadano democrático con la suficiente información, seriedad y responsabilidad para participar en un proceso y, además, vigilar todos los días la vida civil, protestar y levantar la voz cuando sea necesario. Por eso son importantes las organizaciones sociales, porque a través de éstas se expresa el ciudadano común y corriente.

JC.- En siglos pasados, varios filósofos y poetas han reflexionado sobre la miseria humana. ¿Cuál es su reflexión sobre la misma en el tiempo que estamos viviendo?

HGV.- La miseria humana en el tiempo actual tiene aspectos mucho más dramáticos que la miseria de los tiempos antiguos. Mucho más dramáticos porque el ser humano ha avanzado mucho en, por ejemplo, la tecnología médica y la tecnología nutricional, pero sólo beneficia a un pequeño grupo. El resto de la población, no sólo de México sino del mundo entero, se encuentra totalmente marginada de esos adelantos. Esto hace doblemente dolorosa la situación de miseria del mundo actual.

Si ve usted a los niños de cualquier zona pobre de México, o a los niños etíopes, o a los de Sudán, todos panzones por las lombrices, desnutridos y llorosos; entonces se dará cuenta de que ésa es la tragedia de nuestro tiempo.

JC.-Son tantas las atrocidades que el ser humano ha cometido en su relativamente corta historia, que uno inevitablemente llega a pensar que actualmente el acto más humanitario que pueda existir es que la humanidad desaparezca para siempre. Para usted, ¿qué sigue justificando la existencia humana?

HGV.-La existencia humana tiene la persistencia del fenómeno humano, como decía un poeta. A cada quien le toca su aventura y a cada quien le toca su tiempo sobre la tierra. Y la humanidad tiene que ir avanzando, a pesar de todo. Aunque parezca que retrocedemos, en el fondo la inteligencia está progresando.

JC.- Querétaro, actualmente está padeciendo una ola de suicidios que parece inacabable. A las personas les da miedo vivir. ¿Cuál es su reflexión en torno a este drama producto de “la modernidad, el progreso y el desarrollo”? ¿Qué hacer para soportar el estruendo de la vida contemporánea?

HGV.-Sería tonto hablar de felicidad (no sé exactamente qué es). Tenemos algunos resplandores de felicidad a lo largo de nuestra existencia que son suficientes para una buena vida. Una manera elegante de vivir (que Federico García Lorca llamaba “elegancia para la vida”) es lo que Henry David Thoreau definía como la “desesperación tranquila”. Y para esto hay que tener, a la manera de Ignacio Sánchez Mejías en el poema de García Lorca, “una valiente alegría”.

Si se tiene una desesperación tranquila ya se puede esperar todo lo que la vida trae y aprovechar los momentos dorados de la misma con esa alegría que tiene que ser valiente. La tristeza es cobardona. Me inclino por la desesperación tranquila. La desesperación admite la posibilidad de que las cosas mejoren. La desesperanza es la negación de cualquier posibilidad de cambio, de mejora.

JC.- Un famoso músico llamado Manu Chao canta que “Todo es mentira en este mundo, todo es mentira la verdad”. ¿Usted piensa que, en verdad, todo es mentira? ¿Hay algo todavía en qué creer?

HGV.- Hay mucho de mentira. Pero, siguiendo el pensamiento y la esperanza de Sócrates, hay que insistir en el conocimiento de uno mismo. Decía Sócrates que el problema fundamental de la filosofía era el “conócete a ti mismo”.

Por otro lado, el saber que uno puede conocerse a uno mismo a través de los otros. Reconciliarse con la otredad. Mucho es mentira en el mundo contemporáneo: las mentiras neoliberales; las mentiras de los políticos falaces (que tienen como sistema la mentira en sí misma); las mentiras de los demagogos; las mentiras de los grandes empresarios; las mentiras de los falsos profetas… Pero hay una verdad que siempre está viva y resplandece: el ser humano.

Una buena parte del mundo es mentira. Pero creo que, a pesar de todo, y para esto nos sirve la más importante de las virtudes teologales que es la esperanza, está el camino abierto. El neoliberalismo ha cerrado muchas veces ese camino. La democracia no puede convivir con el capitalismo, la democracia debe tener la preocupación por el bienestar social, por la igualdad y por el equilibrio entre los actores de la producción. El capitalismo salvaje es la artillería desatada, es la piratería.

JC.- ¿Qué panorama vislumbra para el mundo en el corto plazo? ¿Cuál es el escenario que contempla?

HGV.-Yo siento las cosas muy difíciles. No hay gobernantes ni líderes espirituales tan interesantes como los que hubo en algún momento de la humanidad.

JC.-Si las personas tuviesen, poseyeran una mente filosófica (no un sistema filosófico sino, recalco, una mente filosófica), ¿usted cree que esto podría ayudar a mejorar un poco la situación de desastre en la que nos encontramos?

HGV.- Sí, por supuesto, Lo decía un poeta quien hablaba del momento de madurez cuando se da la mente filosófica. La filosofía, decía otro pensador, nos ayuda a morir, pero también nos ayuda a vivir y a darnos cuenta de cómo son las cosas en este mundo. Aceptarlas y a tratar de mejorarlas.

Bertolt Bretch lo decía con toda claridad: la ambición es hacer que las cosas sean un poco mejores que como las encontramos al llegar al mundo. Intentar mejorarlas, aunque sea un poquito, en la medida de nuestras limitadas fuerzas. Intentar mejorar el mundo en materia de justicia, igualdad y libertad. Esto es la mente filosófica.

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