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“México, un narco-Estado”: Bernardo Romero Vázquez

| 1 octubre 2007 | Notas | 466 vistas | comentarios

Jorge Coronel Vázquez.

Las autoridad federal y estatal ha anunciado, con bombo y platillo, una cruzada en contra del crimen organizado, particularmente contra el narcotráfico. El resultado de esa presunta “guerra” está a la vista de todos: violencia.

Pero, ¿qué hay más allá del maniqueísmo con el que se maneja este asunto? ¿De veras, en el tema de las drogas, hay buenos y malos? Para responder a éstas y otras interrogantes platicamos con el ex presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Bernardo Romero Vázquez, quien actualmente es profesor-investigador de la Facultad de Filosofía de la UAQ.

Jorge Coronel (JC).- Mencione cuáles son los resultados que hasta el momento, en México, ha dejado la política prohibicionista en torno a ciertas drogas.

Bernardo Romero Vázquez (BRV).- En primer lugar, la prohibición ha sido un excelente negocio para los narcotraficantes y para quienes viven de “perseguir” a los mismos. En segundo lugar, la prohibición no ha servido para nada, es decir, si el sentido de la prohibición es desestimar el consumo, evidentemente éste no ha disminuido.

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JC.- ¿Es México un narco-Estado?
BRV.- Sin duda. Si narco-Estado es el punto en donde los intereses del narcotráfico han permeado las estructuras de, por ejemplo, el ámbito de la justicia mediante la corrupción, me parece que México está en ese sitio. Los intereses del narcotráfico han permeado bastante. Tan es así que el problema llega también al ámbito de la seguridad: se ha pasado del nivel de la “compra” de funcionarios a la amenaza y la violencia. La diferencia entre México y Colombia, decía un magistrado colombiano, era que allá a los jueces los mataban, y aquí los compraban. Ahora ya también matan, en México, a encargados de la seguridad.

JC.- ¿Por qué el tema de las drogas se ha reducido únicamente a la visión policiaca? ¿Por qué la discusión sobre los estupefacientes no se toca desde un punto de vista educativo, interdisciplinario?

BRV.- No podemos negar que el problema de la droga es grave en nuestro país, y sin embargo la visión es más policiaca que médica, por ejemplo. Esto tiene que ver con los intereses que hay detrás.

Por un lado, está la idea autoritaria de que prohibir y reprimir hace desistir a las personas de consumir drogas, lo que es falso (el mero hecho de que una conducta esté prohibida no quiere decir que la gente deje de hacerla; de hecho, es más atractiva porque está prohibida).

Por el otro, no hay un interés del Estado mexicano por prevenir, sino más bien por reprimir. La represión es parte del negocio. Aunque evidentemente sí hay mecanismos de prevención (por ejemplo, el Consejo Estatal para la Prevención de las Adicciones), la estrategia general del Estado mexicano es la represión, que tiene que ver con esta cuestión totalitaria del Estado mexicano.

JC.- El filósofo español Fernando Savater, ha dicho que “el problema de la droga es el problema de la persecución de las drogas”, y que “el uso de drogas no es expeditamente un peligro a erradicar, sino también y principalmente un derecho a defender”. ¿El consumo de drogas es un derecho humano?

BRV.- Es un derecho de toda la vida. La cuestión es que las drogas han sido parte de la vida cotidiana de todas las culturas, no las adicciones; es decir, este consumo compulsivo que te lleva a la muerte.

La humanidad ha consumido drogas durante miles de años. Hay pruebas de ello por todos lados. Nuestra vida cotidiana está llena de lo que se puede reconocer como drogas, que no son vistas como tales: desde el té que bebes, el chocolate, el café, el refresco de cola, las aspirinas… Son parte de la vida cotidiana y tenemos derecho a usarlas.

Es importante nuestro derecho a las drogas en cuanto al acceso a otras formas de percibir la vida como, por ejemplo, los rituales con peyote de los huicholes, o con hongos alucinógenos por parte de los mazatecos.

JC.- El consumo de drogas en las sociedades contemporáneas, ¿se da por una profunda crisis espiritual?

BRV.- Tenemos compulsiones muy grandes en nuestro contexto, por muchos vacíos, y no sé si es espiritual. Creo que es, más bien, afectiva. La gente, por ejemplo, tiene necesidad compulsiva de la sexualidad, pero no por ésta propiamente, sino más bien por una carencia afectiva; es decir, es más una necesidad de reconocimiento.

En un mundo vacío de sentido, en un mundo en el que se nos niega el derecho a muchas cosas, la gente busca una alternativa y la encuentra en las drogas.

JC.- ¿Por qué es necesario legalizar y despenalizar el consumo de drogas?

BRV.- Es la única vía para que se acabe el problema que genera la prohibición. Y no sólo lo digo yo. Lo ha dicho gente como el teórico neoliberal por excelencia, Milton Friedman, desde una perspectiva económica y ética.

El Estado no puede controlar este tipo de cosas. Evidentemente se debe restringir el consumo de drogas a los niños y jóvenes, pero los adultos tienen el derecho de hacer con su vida lo que se les dé la gana.

JC.- Incluso elegir, mediante el abuso del consumo de drogas, su propia muerte.

BRV.- Por supuesto. Insisto: la prohibición ha traído más problemas que soluciones. Si el objetivo es la reducción del consumo abusivo, entonces ha fallado, porque la prohibición motiva al abuso de sustancias y, sobre todo, es un negociazo. La salida es la despenalización y legalización.

JC.- ¿Cuál es su lectura de lo que acontece en Querétaro?

BRV.- Por ejemplo, el reciente acto que organizó la CEDH, en conjunto con el programa “Antro Consentido”, me parece que es una campaña de inducción al alcohol; es increíble que la CEDH se una a “antreros”. Aparte, en nuestra cultura se pondera al consumo abusivo de alcohol como parte de ciertos rituales de aceptación y de integración. Y no es para moralizar: como estilo de vida yo no lo comparto.

Si el consumo de ciertas drogas es un elemento más de la vida, me parece que está bien. Pero si uno organiza su forma de vida en torno a la pachanga, me parece que esto estorba para realizar otros estilos de vida.

JC.- Las drogas como el alcohol, y Querétaro es prueba de ello, ¿funcionan como mecanismo para un control político-social?

BRV.- Por supuesto. Inducir al consumo de drogas trae por consecuencia que exista gente muy sumisa, políticamente conveniente, e inclusive con otro tipo de drogas como las sintéticas que, al ser muy adictivas, funcionan como sedantes de la crítica, y por ello son convenientes para quienes tiene el Poder.

La droga como alternativa, como incitación a la rebeldía, se está acabando o, de plano, se acabó.

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