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Nadie lo ve, pero ahí está

| 1 octubre 2007 | Sin categoría | 103 vistas | comentarios
  • En la sacristía se guardan los objetos que son necesarios para la misa, por lo que suele estar cerrada al público. Esta habitación está al cuidado del sacristán, quien suele pasar desapercibido.
  • Desde hace tres años, Cutberto Pozas Figueroa cubre esta importante función en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, patrimonio histórico y cultural de los queretanos.

Wuitberto Lara García.

Uno de los trabajos que son poco conocidos y reconocidos, porque poco se menciona, es el de sacristán, una persona cuya función es asear y cuidar el arte sacro dentro de algún templo, asistir a los sacerdotes y a los coristas sabatinos y dominicales.

[SinglePic not found] Es el caso de Cutberto Pozas Figueroa, sacristán desde hace tres años en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, a la que la gente llama comúnmente Parroquia de Santa Clara, que forma parte de la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Gracias a él, este templo, ubicado en las calles de Allende y Madero, en pleno Centro Histórico de Querétaro capital, está en muy buenas condiciones tanto en su exterior como en su interior, de ahí que es uno de los más visitados por los fieles y por el común de la gente, e inclusive por los turistas nacionales e internacionales.

“Una de mis satisfacciones es escuchar la opinión de muchas personas, sobre las buenas condiciones de la parroquia. Inclusive, había un coro bajo al cual no se permitía el acceso porque estaba extremadamente descuidado, pro ya se le ha dado mantenimiento. Los retablos estaban muy empolvados, había poca iluminación. Mi dicha es haber colaborado a mejorar este templo”.

Así es que Cutberto es un poco “todólogo” en el sagrado Corazón de Jesús: electricista, albañil, asistente, persona que hace el aseo, corista, salmista y hasta toca el órgano. “Tengo los 150 salmos musicalizados. Al único que no puedo suplir es al sacerdote”.

Sólo le pido a Dios.

Nuestro entrevistado nunca imaginó ser sacristán, pues a Dios le había pedido trabajar como encargado de un rancho, o de una hacienda, ya que gusta de la libertad. Ese era el trabajo ideal. Sin embargo no se le concedió y se convirtió en encargado de un templo, que igual lo tiene muy contento.

“Me gusta ser sacristán. Toda la vida me fascinaron las construcciones barrocas, sus fachadas, sus bóvedas, todos los detalles artísticos”. También le encantan los retablos, aunque no trepar 10 o 15 metros para limpiarlos. “Los retablos deben estar impecables, y para eso tengo que usar guantes y tapaboca”.

Este sacristán labora de las 10 a las 20:00 horas, aunque tiene dos horas para comer y distraerse. Sólo descansa un día a la semana. Los días con más carga de trabajo son los sábados y los domingos, así como los días de festividad religiosa y celebraciones como son bautizos, confirmaciones, primeras comuniones o bodas. En esos días el altar debe lucir como nuevo y todo debe estar a la mano.

[SinglePic not found] Pero no por ello sus labores son complicadas. Es cosa de acostumbrarse y de ser responsable. “Uno debe estar convencido de lo que hace y del papel que realiza como parte de la Iglesia católica. Para realizar bien este trabajo, también hay que estar en buenas condiciones físicas, no desvelarse y alimentarse adecuadamente. Pero sobre todo, prepararse para ser un buen sacristán.

Yo por ejemplo, he aprendido a conocer el patrimonio artístico, el arte sacro, y tomo cursos de eclesiología, de lectura y de salmista”.

Una de las mayores responsabilidades es preparar la liturgia y la sagrada eucaristía. “El sacerdote requiere del agua para lavarse las manos, del vino, de las hostias, de los cirios, etcétera. Todo debe estar a su alcance”. Asimismo, un sacristán debe preparar el ornamento del sacerdote, de acuerdo con la temporada. “Ahora estamos en tiempo ordinario. En una solemnidad el sacerdote viste de blanco. En cuaresma viste de morado, etcétera”.

Ojo avizor.

Con respecto a la seguridad dentro de la parroquia, Cutberto Pozas Figueroa narra que sí hay bastante vigilancia en Santa Clara y en los demás templos del estado, mas no por ello se cae en el abuso de confianza, pues se sabe que el arte sacro es susceptible de robo, pues hay muchos coleccionistas ávidos de poseer ejemplos de este patrimonio artístico, que pertenece a la nación.

“Aquí, afortunadamente, no ha habido robos, pues estamos chocando constantemente, no sólo nosotros como sacristanes, sino también los propios feligreses.
Además tomamos las precauciones necesarias, poniendo para ello todo bajo llave, sobre todo el sagrario”.

Un sacristán debe estar provisto también de paciencia, pues en ocasiones ingresan al templo personas cuyas facultades mentales están deterioradas, por lo que no es bueno alterarlas u ofenderlas, ya que ha habido quienes se violentan cuando se les indica que no deben subir al altar, o tomar con su mano los objetos. “Como ya dije, aquí la hace uno de todo”.

Aún así, nuestro personaje no pierde la esperanza de trabajar, algún día, en el mismísimo Vaticano.

“Para mí sería fantástico admirar todo el arte que allí se encuentra, y servir a todos los católicos del mundo que se congregan en la Basílica de San Pedro”.

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