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Un cartero de “antaño”

| 12 noviembre 2007 | Con luz | 323 vistas | comentarios
  • Tras 28 años de trabajo Don Gregorio pide reconocimiento del Gobierno para su gremio.
  • De los burócratas, el cartero es el que tiene más bajo el sueldo, a pesar de esto para Don Gregorio vale la pena su oficio.
  • Recuerda que la época más bonita es cuando utilizaba la bicicleta para dejar la correspondencia.

Wuitberto Lara García

Con motivo del Día del Cartero, el 12 de noviembre, Libertad de Palabra entrevistó a Gregorio Dorantes Hernández, un hombre que lleva 28 años en este oficio.

Esta persona que está a un año de jubilarse, narró las satisfacciones y los “riesgos” de llevar las “buenas nuevas” a la gente.

Satisfacciones y riesgos

Don Gregorio Dorantes cuenta que la época más bonita, y la que más disfrutó como cartero, fue cuando no era muy común el Internet, porque la gente se comunicaba a través de las cartas.

Y es que narró que cuando llegaba la época decembrina, había personas que hasta con besos lo recibían, porque les llevaba las noticias de sus familiares o seres queridos.

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Actualmente deja la correspondencia en una moto,
antes lo hacia en bicicleta.

“Ha habido casos, que hasta un beso le daban a uno de gusto, cuando en aquel tiempo se entregaban las cartas, ahora ya la mayoría son puros estados de cuenta lo que se entrega”.
Para Gregorio, no todo ha sido satisfactorio ya que a los largo de su experiencia laboral algo que no le ha gustado son las mordidas de los perros. “Las experiencias malas pues han sido las mordeduras de los perros. Me ha tocado cuatro veces”.Recordó, que en una ocasión le tocó llevar una carta a un domicilio y como el propietario del inmueble le tenía que firmar de recibido, dejó la puerta entre abierta, en ese momento salió el perro y lo alcanzó a morder. “El señor muy apenado me estuvo curando. Yo lo único que le pedía era que me enseñara su papel de vacunación pero como no la encontró, nunca me la enseñó, afortunadamente no pasó nada más y todo quedó en puro susto”.

Con “la lengua de fuera”

Recordó, que anteriormente era muy común ver a los carteros en una bicicleta recorriendo las calles de la ciudad, eso a parte de ser un trabajo para él era un buen ejercicio, aunque cuando regresaba a su trabajo lo hacía agotado.

“Yo anduve 15 años trabajando en bicicleta y para repartir, es excelente, cuando comencé me tocó un rumbo bastante distante, desde la Era hasta Arboledas y cargado, pues imagínate como iba. Pero yo la bicicleta la tomaba como ejercicio en ese tiempo, aunque sí es bastante pesado y regresaba sacando la lengua”.

Ahora señaló que los carteros llevan la correspondencia en motocicletas, lo que les beneficia mucho, porque les reduce el tiempo de traslado de un lugar a otro, aunque no por eso dijo don Gregorio deja de ser cansado.

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Don Gregorio con sus compañeros de trabajo.

“El recorrido se hace más o menos en cuatro horas y media a veces, dependiendo de lo que se entregue. Si es pesado porque eso de andar en el sol, bajar y subir a la moto, es algo fatigoso”.El horario de trabajo es de lunes a viernes de 7 de la mañana a 3 de la tarde y cuando tiene que hacer tiempo complementario sale a las 5 de la tarde.

Dentro de sus labores, a demás de repartir, es el clasificar la correspondencia y éstas, dijo, se clasifican en cartas personales, estados de cuentas, cartas de empresas, bancos o negocios entre otros.

“Primeramente llegamos y diario nos llega un saco, como hoy en la mañana llegó de 24 kilos y fracción. Nosotros lo medimos así más o menos. Son de 10 gramos cada carta lo que pesa, entonces por cada 70 piezas vienen siendo un kilo aproximadamente”. Pese a que ya no hay mucha demanda con las cartas para entregar a las familias, el trabajo, para Don Gregorio, no ha disminuido.

Por el contrario, para él hay más trabajo ahora, puesto que con el crecimiento que ha tenido Querétaro cada vez hay más empresas nuevas. “Para casas ya ha disminuido bastante, ahorita ya con eso del Internet y el teléfono pues ya se les hace más fácil agarrar el teléfono y mandarse un mensaje pero para mi no es lo mismo. Para nosotros, con la tecnología no ha disminuido nada, en cuanto al trabajo que realizamos y creo que hasta más trabajo tenemos ahora”.Lo único que ha cambiado es la forma de trasladarse, “nos modernizamos un poco en la cuestión del traslado”.

Un oficio mal pagado

La situación económica por la que pasa él y sus compañeros es complicada expuso nuestro entrevistado. Por ello considera que las autoridades deben reconocer el trabajo de los carteros y deben darse cuenta que “aún existimos porque somos unos de los más ‘amolados’”.

A un año de jubilarse sostiene que las autoridades, no reconocen mucho su oficio “de los burócratas somos los más ‘amolados’, entonces yo les pediría e inclusive al presidente que se acuerde acá de los carteros porque estamos muy mal”. Pese a la falta de apoyo, considera que el trabajo del cartero, es el mejor del mundo después del Bombero. “Yo creo que después de los Bomberos, el cartero es el más querido. La gente luego nos estimula con algo el Día del Cartero, nos da cosas, e inclusive también nos dan dinero. Pero no es por el dinero, sino por lo que hace uno, por la comunicación que les da uno y por la sonrisa que devuelven”. En el oficio ganan aproximadamente 3 mil 800 pesos al mes y aunque no es mucho trata de hacer su trabajo lo mejor que se puede.

Don Gregorio comentó que el 12 de noviembre es el Día del Cartero y pese a que no les festejan ese día ellos se cooperan para organizar su fiesta.

“Entre nosotros nos cooperamos y tratamos de hacer una pachanga para convivir y pasárnosla bien”. “Todavía no he decidido que voy a hacer cuando me jubile pero creo que voy a extrañar este ambiente por el compañerismo que hay aquí, es difícil dejar toda una vida y de repente salirse. De todos modos vendré a darme mis vueltas, a visitarlos y a convivir con ellos”.

Finalmente don Gregorio pide a las personas que el 12 de noviembre no se olviden de felicitar a los carteros ya que es su día y que les reconozcan y recuerden su labor aunque sea con una sonrisa porque es cuando se dan cuenta que bien vale la pena el ser cartero.
“Lo más bonito para mí es cuando ando en la calle y me reconocen, eso es gratificante y es cuando uno dice que sí vale la pena el ser cartero” agregó.

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