Los abusos de “Eckerle”
- Tras su salida de la empresa Eckerle de México S.A. de C.V., ex trabajadores revelan que los llamaban bastardos.
- También detallan las deplorables condiciones en que tenían que laborar, sin el equipo de seguridad adecuado.
Daniel de Antuñano Hernández
Durante el tiempo que laboró en la empresa alemana Eckerle de México S.A. de C.V., Marcela Hernández Pozas recuerda irregularidades en su área de trabajo, debido a que no le proporcionaban el equipo adecuado para protegerse (ella realizaba soldaduras), por lo que presenta quemaduras en brazos “yo estuve enferma mucho tiempo de la tos (…) a mi me prohibieron soldar y de todas maneras me ponían. Nos hacían trabajar tiempo extra y no nos lo pagaban”.
Explicó que soldaba con estaño y un cautín, por lo que considera obvio que iba a enfermar. “Te lo aseguro que si me hago unos análisis de pulmón, tengo fregados los pulmones, porque no habían extractores ni para soldar”.

El gobernador “viajero”, Francisco Garrido Patrón, gusta de ir a otros países supuestamente para generar inversión y empleos.
Recordó que después de que la empresa abrió la planta de Juventino Rosas, donde no requerían guantes para su seguridad, también se dejaron de proporcionar en Querétaro. “Quitaron los guantes porque Eckerle está perdiendo mucho dinero en guantes, están perdiendo mucho dinero en lo que es seguridad para uno, (…) y (dicen) que si a la gente se le hacen callos, mejor, que porque pasando el tiempo ya no les va a doler nada”.
También expuso casos de discriminación por edad y apariencia, ya que la mayoría de las personas que trabajan en Eckerle de México son mujeres: “si tu eras bonita, con (un) cuerpazo, ¡uh!, te traía aquí (el jefe), pero si eres una vieja no te pelaba”.
Sumado a esta diferenciación, Marcela recuerda el tipo de comentarios que algunos de los directivos de la empresa tenían para con sus empleados: “Como son alemanes, tu sabes los alemanes… uno de mexicano, de otro país que sea, somos muy poca cosa al lado de ellos. Ellos luego se expresaban que éramos unos bastardos al lado de ellos. Había… Patrick es el jefe del (encargado) de producción (Luis Ernesto Lozano), es más alto, ese siempre decía que los mexicanos éramos unos bastardos”.
A raíz de la declaraciones que realizó la empleada Patricia Aguila Reséndiz en el diario Noticias exponiendo las fallas de la empresa, el Jefe de Producción de Eckerle de México, Luis Ernesto Lozano reaccionó, y según Marcela Hernández, sentenció a los empleados que aun no eran despedidos: “él les dijo a todas ahí en la empresa que si antes los trataban mal, ahora los iba a tratar como unos perros”.
Hablan las obreras inconformes
“Te lo aseguro que si me hago unos análisis de pulmón, tengo fregados los pulmones, porque no habían extractores ni para soldar. Uno soldaba con estaño y un cautín, ¿tú crees que no te iba a dar todo?” Marcela Hernández Pozas.
“Te digo, hay muchas anomalías dentro de la empresa y no es justo que se pongan en ese plan con la clase trabajadora y sobre todo por ser mujeres y porque la mayoría son de los ranchitos de ahí circunvecinos” Patricia Aguila Reséndiz.
Recuerda Marcela que uno de los supervisores fue despedido y boletinado en todo el parque industrial, y que desde diciembre de 2007 no ha podido conseguir otro empleo “porque a Luis (…) no le caía bien, por eso lo corrieron”.
La ahora desempleada Patricia Aguilar Reséndiz, de 41 años y madre de cuatro niños explica que sus pagos semanales no rebasaban los 100 pesos, esto debido a las deducciones que se le aplicaban, además de un crédito de INFONAVIT.
Tras asesorarse, ahora aclara que la cantidad que le pagaban resulta imposible porque su sueldo en realidad era de 891 pesos por siete días de trabajo. “Como ahora me comenta mi asesor, ellos estaban incurriendo en una falta porque no pueden hacer un descuento tan grande, debería ser proporcional a lo del pago”.
También explica que la empresa, en ocasiones, realizaba paros técnicos, (un paro técnico es cuando una empresa solo labora tres días en la semana, esto con la intención de no almacenar mercancía que no pueda venderse) por lo que les daban días de descanso a los trabajadores, los cuales no les pagaban, y donde Patricia aclara que Eckerle de México debía cubrir mínimo el 50% del día, pero posteriormente la empresa sólo les pagaba el 25%.
Otra irregularidad que observó Patricia dentro de la empresa fue que el sindicato de los trabajadores, que existe para velar por sus intereses, no cumplió con su cometido, ya que no estuvo presente algún representante sindical en las negociaciones de despido: “la señora Claudia Reyes es la Secretaria General del Sindicato de Eckerle (y) nunca estuvo presente, es más, yo el día que salí fui y le dije: ¿sabes qué Claudia? Esto es un robo, esto que nos están dando no corresponde ni al 40% y me dijo no, está bien.”
También explica que los miembros de este sindicato tienen un “asesor” que envía la CTM (Confederación de Trabajadores de México), a la cual están afiliados, quien es el señor Noé Rojas, el cual tampoco estuvo en el momento de las liquidaciones.
Al respecto, Marcela Hernández solicitó el apoyo del líder de la CTM, Jesús Llamas Contreras, para desmentir al “asesor” Noé Rojas, quien afirmó en el periódico Noticias que los trabajadores están siendo liquidados al 100 por ciento.
Al cuestionar a Patricia sobre el porqué no hablaron antes sobre su situación, esto explica: “Nunca dijimos nada porque la mayoría de las que trabajamos ahí o son madres solteras, o son viudas, o tenemos muchos hijos que mantener y dice uno a veces de algo a nada y de tener un trabajo fijo a no tener nada, nos aguantamos aquí”.
Esperando justicia
Marcela tiene tres hijos, una adolescente de 17 años, un joven de catorce años y otro de 12 años. En este mes debe gastar alrededor de $3 mil pesos para el regreso a clases. Su hija mayor tiene que recibir $50 pesos diarios para su transporte a Santa María Magdalena, donde cursa la preparatoria. Hasta que se aclare el asunto de su finiquito, no recibe dinero alguno.
Patricia por su parte también se encuentra en una situación difícil porque, a pesar de haber recibido el dinero, no ha encontrado otro trabajo. Ella pide, junto con sus ex compañeros de trabajo, que sus quejas sean escuchadas: “Nosotros lo que queremos es un cambio, y no nada más un cambio para nosotros, en general para toda la clase trabajadora. En muchas empresas están en la misma situación, donde hay despidos injustificados, donde hay paros técnicos y no se les cubre el salario. Mucha gente está viviendo lo mismo que nosotros”, concluyó.
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