El silencio de los incómodos
José Luis Álvarez Hidalgo
La reciente destitución del periodista Rafael Pinzón Galván como coordinador informativo del grupo Mac y como director del periódico El corregidor sienta un mal precedente, que se suma a la larga lista de los actos de represión a ciertos periodistas por parte de las instancias del Gobierno del Estado que tiene como objeto silenciar aquellas voces críticas que incomodan al poder Ejecutivo en su ejercicio gubernamental.
Vamos, ni siquiera se trata de feroces críticos del sistema u opositores de hueso colorado, no; el gobierno estatal no puede ser tocado ni con el pétalo de una crítica porque se pone negro de coraje, se vuelve intolerante y de un tajo cercena la libertad de expresión al poner en marcha los engranes del aparato de Estado y actuar en consecuencia.

Libertad de Palabra núm. 70
Como se supondrá, el gobierno ni siquiera tiene que ensuciarse las manos directamente, sino que sugiere sutilmente a los dueños y patrones de los medios de comunicación que tienen en su nómina a un periodista incómodo, que lo desplace de área, se la haga una severa advertencia o simple y llanamente se le de las gracias por sus servicios y entre en su lugar otro periodista que cubra el perfil que exige férreamente la autoridad estatal: ser un promotor ( perdón, quise decir periodista) de las acciones de gobierno y alejarse por siempre de la responsabilidad social que debe tener todo medio de comunicación, y que es la de informar con apego a la verdad, realizar un ejercicio periodístico crítico constante, lo que equivale a cumplir con la función de vigilar a las instituciones en el cabal cumplimiento de los objetivos para los que fueron creadas y, lo más importante, estar al servicio de la ciudadanía para evitar que se violenten sus derechos más elementales y se pueda vivir en una sociedad justa, democrática y solidaria.
Esta es la gran utopía pero, ¿realmente es tan utópico creer que algún día, los medios de comunicación y los periodistas tengan una auténtica libertad de expresión? Esto equivaldría a superar esa penosa acción que es la autocensura, lo cual les permite mantener una envidiable relación con el poder y les otorga (a los señores feudales de los medios, claro está, y a algunos periodistas avezados ) una jugosa serie de canonjías que permite sanear sus finanzas e incrementarlas notablemente con la recompensa más preciada al que aspiran estos medios de comunicación: la publicidad gubernamental.
Este tipo de propaganda oficial, revestida de información de carácter social, pero que en realidad promueve y legitima la obra de gobierno, invade todos los espacios mediáticos impresos y electrónicos, sin el menor asomo de crítica periodística y, por el contrario, muchas veces adquiere un tono laudatorio al aparecer en las primeras planas de todos los diarios como la nota del día. Triste caso.
Vivimos, hoy en día, en el valle de sombras del periodismo estatal, no me parece exagerado decir que ésta es la época más lastimera del quehacer informativo de los medios en Querétaro. Han caído muchas cabezas y, salvo algunos medios críticos e independientes, muy pocos en realidad, el panorama se ve desolador, desalentador a más no poder.
No obstante, aun en las peores circunstancias y en las condiciones más adversas, el periodismo libre tiene que resurgir de las cenizas y alzar vuelo en la incansable lucha por la verdad y la justicia social. ¡No podemos claudicar!
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