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Martillazos en el Yunque

| 15 septiembre 2008 | Atmósfera mediática | 172 vistas | 1 comentario

(Crónica no autorizada de un desafío inútil, pero apantallador)

José Luis Álvarez Hidalgo

La presentación del libro “El yunque en Querétaro” fue todo un éxito: el auditorio Fernando Díaz Ramírez lució con un lleno a reventar; la asistencia de Álvaro Delgado, reportero de Proceso, Mariano Amaya, la carta que envía Hugo Gutiérrez Vega y la presencia del autor, Lauro Jiménez, fueron el marco ideal para que se expresara la voz crítica y se pusiera de nervios al poderoso; agréguese un público ávido de escuchar algunas verdades incómodas y con el espíritu libertario del que exige información confiable que confronte a aquellos que no quieren ser tocados por los pétalos de la crítica y la razón reflexiva.

Fue una sesión netamente periodística, de reflexión y análisis acerca del grupo en el poder y sus oscuros orígenes que, además, se empeñan en negar. Alfredo Botello, Secretario de Gobierno estatal, siempre ha negado su filiación e este grupo de extrema derecha; también se le inquirió a Manuel González Valle, Presidente Municipal de Querétaro sobre el mismo punto y se hizo como al que la virgen le habla, dijo que ni siquiera conocía los estatutos, ni cuando se reunían, ni quienes eran, ni nada de nada; es decir, fingió demencia. Y así todos, empecinados en negar la cruz de su parroquia.

Habráse visto semejante desacato a la doctrina que le rinden un culto tan ferviente y piadoso. Lo han negado en más de tres ocasiones; la negación de la negación, los tiempos bíblicos se repiten una y otra vez…

La nota de color la dio un singular personaje que hoy ocupa el cargo de Subsecretario de Gobierno y que responde al nombre de Felipe Urbiola Ledesma (conocido como “Emilio Jasso”, en la llamada “Organización del Yunque”). Cuenta la crónica que arribó al evento con cierto retraso y que al no encontrar un lugar disponible (según sus propias palabras), se plantó justo enfrente de los ponentes, a escasos metros del presidium, con una actitud abiertamente desafiante: no les quitaba la vista de encima y se balanceaba constantemente con un evidente gesto de hastío e impaciencia.

Permaneció en esa actitud estoica durante un buen rato y casi a la mitad del acto, decidió abandonar la sala y emprender la graciosa huída. Logró su objetivo: un enjambre de periodistas fue tras él, le dio alcance y se le cuestionó del porque de su asistencia, en primer lugar, y después del porque se iba de tan intempestiva manera. Respondió muy modosito que se había aburrido enormidades y él había asistido con el genuino interés de conocer información nueva sobre el movimiento yunquista y que sólo se dijo lo mismo de siempre. Se hartó y se fue.

Lo que pareciese un suceso sin mayor relevancia, tuvo un peso mayor en la información publicada al día siguiente en los diarios de la entidad y la que se emitió en los medios electrónicos, radio y televisión.

Descubrimos que no sólo se trata de una nota amarillista, sino que hay un fondo insondable en dicho acontecimiento. Va el torrente de preguntas: ¿Con qué fines se presenta a dicho evento un militante prominente del Partido Acción Nacional, funcionario del gobierno estatal de primer nivel y quien varias veces ha sido señalado como miembro destacado del Yunque?

Por supuesto que no nos tragamos el cuento de que asistió con el genuino interés que tiene todo ciudadano de conocer un poco más acerca de un tópico del que casi no se tiene información. ¿Se trató de una abierta provocación al escritor del libro, a los presentadores y al público asistente? ¿Quiso vestirse de héroe al meterse a la boca del lobo a sabiendas de la incomodidad que su presencia iba a provocar y el morbo que iba a suscitar? El colmo es que su nombre aparece en las páginas del libro, aparece como uno de los protagonistas ¿Por qué lo hizo?

A estas alturas sigo sin explicarme su proceder. Tal parece que esto podría ser un indicio del modo como suelen comportarse quienes están en el poder y se consideran intocables. Es su manera de ver el mundo y de retar al rival, tratan de intimidar con su sola presencia, se creen autosuficientes y suponen que una acción temeraria de este tipo los legitima y reivindica. Es forma que tiene la derecha de ejercer el poder. Triste Caso.

El autor del libro, Lauro Jiménez, muy bien en su presentación, muy valiente al investigar y publicar este libro, muy aleccionadora su intervención y encomiable su capacidad de convocatoria. Tal vez lo único que no estaba en el guión, y que lo debilita ante la presencia del ogro que abandonó la sala, fue el llanto que no pudo contener. Ese es un lujo que los periodistas no nos podemos dar. Los hombres sí pueden llorar, los periodistas nunca.

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1 comentario

  1. que acaso los periodistas no son seres humanos? si algo tuvo la presentaciòn del libro, fue su emotividad…..que incluso, se paró todo el publico ante el hecho de no poder hablar el autor y derramar algunas lágrimas. José Luis no seas más católico que el papa….a propósito del tema. PACO

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