Por dignidad

15 septiembre 2008 | Editorial | 352 vistas | comentarios

En Querétaro los periodistas nos hemos vuelto noticia. Lo somos no por gusto, sino porque existe una severa crisis en los medios de comunicación que ha arrastrado a nuestro oficio a su mínima expresión.

Hoy lejos de funcionar como un contrapeso para el gobierno, los medios de comunicación, sus dueños y los “periodistas”, están al servicio del poderoso y lejanos de los intereses que tiene la ciudadanía.

El gobierno ha sabido ejercer una línea editorial basada en comprar conciencias y los dueños de los medios de comunicación y “periodistas” la han aprovechado para negociar una tajada del pastel a costa de sus lectores, radioescuchas y televidentes.

Campea en los medios informativos queretanos la corrupción, la censura y la manipulación. Se “premia” a los comunicadores vendidos y se “silencia” a los periodistas “incómodos”.

Ahí está el caso de Rafael Pinzón Galván, ex director de los espacios informativos de “Grupo Mac”, quien exhibió que su empresa lo hizo a un lado por no acatar la línea que les “sugería” el gobierno, misma que consiste en hablar puras buenas noticias del gobernador Francisco Garrido Patrón y su administración y suprimir cualquier ápice de crítica.

Foto: Internet

Foto: Internet

Sin duda, con su denuncia pública, el ex director de uno de los cuatro diarios locales de la entidad, exhibe la farsa en que se ha convertido la mayor parte del periodismo queretano.

¿Cómo creer en los medios de comunicación cuando sacrifican a sus comunicadores críticos a cambio de unos cuantos pesos? ¿Cómo no dudar del resto de periodistas al frente de esos medios, cuando escuchamos puras alabanzas al poderoso?

Sin duda, los ciudadanos debemos pensar en manos de quiénes están los medios de comunicación en Querétaro y exigirles responsabilidad y profesionalismo.

Los periodistas debemos denunciar el “negosito” al que se han prestado comunicadores como Andrés Estévez, Joaquín San Román y el resto de la mayoría de “periodistas” y dueños de medios de comunicación de la entidad.

Pues es obvio que estos comunicadores ponen al oficio del periodismo de rodillas al servicio de sus intereses y al del poder que los mantiene en la posición de la que hoy gozan.

Si bien es cierto que existe una responsabilidad del gobierno por estar influyendo para correr o contratar a periodistas o para que se difunda o se censure una noticia, lo cierto es que hay una amplia responsabilidad de los dueños de medios y los propios periodistas.

No olvidemos que una cosa es ofrecerle dinero a una prostituta para gozar de sus placeres y otra cosa es que ella acepte el pago para vender los servicios placenteros.

Reporteros de a pié

Sin embargo, pese a la inconformidad de los periodistas, el colmo de la situación la protagoniza el propio gremio de “reporteros de a pie”, que parece que se asustan cuando alguien alza la voz para inconformarse y denunciar estas triquiñuelas.

En lugar de solidarizarse con el reportero, conductor o comunicador despedido o censurado, se autocensuran, agachan la cabeza y le dan la espalda.

Pareciera que la presión de los directivos de los medios, de sus jefes, es más grande que su dignidad. Pareciera que el ansia que tienen por comerse una tortilla todos los días, los lleva a ser cómplices por omisión.

Si la postura no cambia, parece inminente que tendremos un periodismo mediocre, que se caracterizará por tener reporteros como bien describe nuestro entrevistado en esta edición, Rafael Pinzón Galván]:

“(Reporteros) con el afán de que los salude el gobernador, el secretario o el funcionario, les inviten un café, una ‘chela’ y los inviten a las comilonas del día de la libertad de expresión, con eso se conforman, pero el periodismo serio que debe haber no lo hay, no existe”.

Hasta la fecha estos reporteros, mejor optan por sospechar del periodista que se queja, escudriñan en su pasado o de plano llegan a juzgar, sin más ni más, que se trata de un mal periodista que no merece su solidaridad.

Así, con la mano en la cintura, aún cuando saben que su queja es legítima, terminan por cuestionar sus acciones, sus actitudes y hasta su persona, y concluir que su situación es algo que les es ajeno.

Llegan al grado de criticar: ¿Quién es este para tomar la bandera de la libertad de expresión? ¿Dónde está su calidad moral? Y pasan a guiarse por simpatías banales y dar el asunto por finalizado, sin detenerse a pensar que sobre su ética cada uno es responsable, pero sobre la situación del gremio lo somos todos.

No se detienen a pensar que es su silencio absoluto lo que ha permitido que reporteros y directivos continúen siendo despedidos u orillados a renunciar por no apegarse a los intereses económicos de las empresas mediáticas.

Es tan poca la solidaridad, que ha veces el periodista con problemas ya ni le ve sentido a denunciar, pues no solo sería un “grito en el desierto”, sino que corre el riesgo de recibir una especie de “veto” en los medios de comunicación.

Y entonces ¿Qué hacer?, nuestro propio entrevistado Rafael Pinzón Galván, lanza una pregunta que compete a todos los que estamos en el medio ¿Qué hemos hecho los periodistas para tener medios serios?

En su caso él ha tenido que buscar medios nacionales para realizar su trabajo, pues francamente no ve condiciones en Querétaro para hacer periodismo.

Sabemos de otros que escriben libros, como es el caso de Lauro Jiménez Jiménez, quien recientemente nos presentó la publicación “El Yunque la ultraderecha en Querétaro”, libro que por cierto generó bastante escozor en el poder político.

Sin duda, cada uno de los lectores, radioescuchas o televidentes, deberían de preguntarles a los periodistas que conozcan ¿Qué les ha pasado? ¿Por qué no les dan la calidad de periódicos, programas de radio o televisión que merecen? ¿Por qué les mienten?

Por otra parte los periodistas ya deberíamos entender que lo normal en este oficio es afrontar de una manera constante una lucha contra la autocensura, las dictaduras en que se llegan a convertir las direcciones de los medios y las presiones externas, como las que hace el gobierno.

Es obvio que no es algo desconocido para nosotros pero lamentablemente nos hemos tardado en organizarnos para defender el derecho que tienen nuestros lectores, a los primeros que debemos lealtad, de poseer una información verídica.

También es indiscutible que prestarse a los intereses económicos del medio en el que trabajamos, no es lealtad, sino complicidad y que a los únicos que hace daño, además de a nuestros lectores y a la democracia, es a nosotros mismos.

¿Qué hemos hecho los periodistas para tener medios serios? es la pregunta.

En Libertad de Palabra nos solidarizamos con los periodistas “silenciados” por sus empresas de comunicación en complicidad con gobierno y refrendamos nuestra intención de seguir siendo un periódico al servicio de la ciudadanía.

A partir de enero del 2009, Libertad de Palabra dejará de ser una publicación catorcenal y seremos un semanario.

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