El a.m. y el caso de la BMW negra
- El autor estuvo asignado en la cobertura de buena parte de la información sobre el homicidio de Marco Antonio Hernández Galván en el diario A.M. de Querétaro.
Eric Pacheco Beltrán
Hace 4 años, a finales de noviembre, el joven Marco Antonio Hernández Galván fue asesinado por el conductor de una camioneta BMW X-5 negra.
Unos meses después, el diario a.m. dio voz al testigo principal del crimen, Miguel Gerardo Rivera Alcantar, quien señaló a Federico Ruíz Lomelí, pudiente empresario queretano, como el asesino de su amigo.
El rumor, que había sido muy fuerte semanas antes, parecía que se confirmaba con dichas declaraciones.
Tal vez por eso, el día que salió la primera publicación sobre el asunto, el dueño del periódico a.m., Enrique Gómez Orozco, llegó a las instalaciones del diario, donde destacó lo comprometido que estaba su medio con la gente.
Sin duda, aquellos que consideran que el a.m. o su director no sabía con quién se metía, al tocar a la familia Ruíz, están muy equivocados.
La realidad es que la decisión de publicar la entrevista fue valorada y asumida ampliamente por el dueño y estaban muy consientes de lo que pretendían.
Al término de la reunión con los reporteros, a mí me tocó darle seguimiento a la nota con los familiares y amigos de la víctima y también entrevisté a los policías que participaron esa madrugada en la detención de Federico Ruíz Lomelí.
Otros compañeros atendieron la conferencia del Procurador (a la que asistió el propio director Pedro Pablo) y el resto incluyó en sus fuentes la agenda que, por vez primera, marcó ampliamente el periódico en esos días.
Me consta que sobre las notas publicadas no hubo por parte del diario a.m. ninguna presión para manipular la información o censurarla. Por el contrario, se buscó que la información correspondiera a las declaraciones grabadas de los entrevistados.
La presión no se hizo esperar para el periódico. Hubo el retiro de la publicidad por el municipio y el gobierno de Querétaro.
El entonces alcalde Armando Rivera habló de lo poco profesional que era a.m. y de manera similar un amplio sector de la clase política cuestionó el hecho de dar voz a Miguel Gerardo. También otros lo aplaudieron.
Igual que la publicidad, la circulación del periódico fue afectada, no solamente porque el medio salió de las tiendas Oxxo, sino porque fueron reportadas compras masivas por parte de varios voceadores.
Para los compañeros de la sección de “Vidas” (sociales), la publicación derivó en que buen tiempo ni siquiera pudieran entrar a hacer su trabajo en el Club Campestre. Varias ocasiones fueron literalmente corridos por amigos y familiares de la familia Ruíz cuando tomaban fotos para esa sección enfocada a la “gente bonita”.
(Por cierto, mucho se reía mi estimado Guillermo González, porque contaba que días antes, el entonces director de a.m. ya tenía lista la membresía para entrar al Club Campestre, gracias a su amigazo Gabriel Ballesteros, pero por la publicación se la cancelaron)
Pese a todo, el periódico no se achicó y continuó dando seguimiento a la nota a través de las entrevistas que hacíamos los reporteros, aún cuando en su “juego” la Procuraduría hizo una conferencia para dar a conocer que Federico Ruíz no era el culpable, aunque sorprendentemente no decía quién sí lo era.
Incluso, recuerdo que los abogados de Miguel Gerardo Rivera y el señor José Luis Hernández, comenzaron a titubear sobre seguir dando entrevistas y el medio no dudó en insistir para publicar información.
De pronto, por alguna razón o por muchas (ya habrá tiempo de hablar sobre eso), todo cambio.
Le comuniqué al director de a.m. que había indicios fundados de que los abogados estaban presionando al señor José Luis Hernández para que ya dejara de exigir justicia como lo venía haciendo, pero el diario a.m. ya no publicó nada al respecto.
De las últimas veces que entreviste a Alfonso Rodríguez, uno de los abogados que llevaban el caso, ya no quiso responder, e incluso, se quejó con el director de a.m., Pedro Pablo Tejada y su amigo, quien me expresó su molestia.
Después de eso me fue retirado el apoyo. Ya no disponía del vehículo que se me asignaba cuando se trataba de hacer entrevistas relacionadas con el tema, tampoco hubo fotógrafo y menos otro tipo de apoyos tan básicos como era el uso de teléfono o nextel.
Lo que sí recibí fue una lista de otras tareas por hacer, muchas veces intrascendentes, mismas que la mayor parte de las veces terminaron por distraerme y entender que muy sutilmente la indicación había cambiado.
Después vino la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la conferencia en la que los abogados dijeron que el señor José Luis pedía a los medios que lo dejaran llevar su luto en paz, misma que fue asumida por el a.m. como una verdad absoluta.
El periódico tomó esa “oportunidad” para zafarse del asunto al que se habían subido, igual que lo hicieron los abogados, aún cuando en a.m. sabían que el señor José Luis Hernández probablemente había sido presionado, como finalmente hace un año lo confirmó él mismo en entrevista con Libertad de Palabra.
A 4 años del crimen, me queda claro que el diario a.m. fue fundamental para denunciar la muerte del joven Marco Antonio Hernández Galván y las irregularidades en que incurrieron las autoridades al no presentar a Federico Ruíz Lomelí ante el Ministerio Público.
También fue muy importante la participación de los abogados que durante un tiempo asesoraron al señor José Luis y atinadamente presentaron la queja en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
No obstante, a estas alturas, también me queda claro que para el diario a.m. el asunto de darle voz a Miguel Gerardo fue nada más una estrategia empresarial para ganar un poco de prestigio y darse a conocer en Querétaro, igual que lo hicieron los abogados. Eso de que se esclarezca el crimen y se de con el culpable es algo que realmente nunca les importó.
En estos días que estuve en los juzgados civiles, a propósito de la demanda que inició el propio empresario Federico Ruíz en contra de Miguel Gerardo, sus abogados, el a.m. y otros, porque se siente difamado, me di cuenta de una triste realidad.
Al escuchar al abogado Gerardo Alcocer cómo negaba la mayoría de las preguntas que le fueron hechas durante su comparecencia, (como de manera similar supe que lo hicieron el resto de los abogados y la representante del diario a.m.), me queda claro que el amigo y el padre de Marco Antonio, el joven Miguel Gerardo y el señor José Luis Hernández, están en su lucha por la justicia de Marco como siempre estuvieron: prácticamente solos.
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CASO ABIERTO EN LA CONCIENCIA CIUDADANA
Excelente información, amigo periodista Eric Pacheco. Precisa y muy ilustrativa. Sin alzar la voz ni rasgarse las vestiduras. Gracias y adelante, señor periodista, que el caso BMW-Querétaro sigue abierto en la conciencia ciudadana.
Fraternalmente,
Julio Figueroa.
Qro. Qro.
25-XI-2008.