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Convulsiones

| 10 noviembre 2008 | Atmósfera mediática | 38 vistas | 1 comentario

José Luis Alvarez Hidalgo

Hace mucha falta darnos el tiempo necesario para reflexionar sobre los acontecimientos que nos aturden desde el pasado martes 4 de noviembre que, efectivamente, resultó ser el súper martes y no sólo por el triunfo avasallador de Barak Obama, sino por el lamentable avionazo en el que perdió la vida el Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y el ex procurador de la República, Santiago Vasconcelos. La cobertura mediática de ambos acontecimientos fue impresionante y sin precedentes.

En primer lugar, resulta a todas luces excesivo el hecho de que para informar y hacer la crónica de un triunfo electoral anunciado, se desplegara por parte de Televisa, principalmente, un operativo a gran escala como si de verdad la empresa televisora fuese a informar a todo el planeta sobre los avatares de la elección.

A ojos de Calderón es San Camilo Mouriño.

A ojos de Calderón es San Camilo Mouriño.

Lo que bien podríamos llamar el marasmo tecnológico se pudo apreciar con el estudio que se improvisó para hacer la transmisión respectiva: toneladas de equipo, computadoras, decenas de cámaras, un ejército de personal técnico, administrativo y de reporteros para informar sobre lo que no hace falta informar con tanto dispendio de recursos.

Bastaba recibir el reporte habitual del corresponsal cada lapso de tiempo y se cumpliría fielmente con una eficaz, sencilla y humilde tarea comunicativa. Pero no, hay que hacer ostentación de lo mucho que se tiene y mostrarle al mundo ese gran gesto de soberbia basado en la hipertecnologización mediática para que, de cuerdo a los cánones de la Escuela Norteamericana de la comunicación, la eficacia del mensaje se mida en términos de la eficacia del medio para trasmitirlo y por ende, la perfección técnica para lograrlo. No hubo sorpresas, los resultados fueron los esperados y así se informó.

Donde sí se subvirtieron las rutinas informativas de modo drástico fue con el inesperado suceso que provocó la muerte por avionazo de altos funcionarios del Gobierno Federal, entre ellos Juan Camilo Mouriño. Como en este caso no existía ninguna agenda prevista, salvo la firma del Acuerdo Estatal para la Legalidad, la Seguridad y la Justicia, es decir un acto protocolario que no rebasa la norma de lo habitual; resulta que el fatal accidente puso de cabeza al país entero y no se diga a los medios de comunicación masiva que no atinaban a cubrir del modo más eficaz tanto la elección presidencial en los EEUU, como la catástrofe del avión caído en pleno centro de la Ciudad de México.

Habitará un negro la Casa Blanca.

Habitará un negro la Casa Blanca.

No obstante, la capacidad de respuesta de los medios no se hizo esperar, en el acto se desplegó un operativo de emergencia que dio cuenta del hecho en forma precipitada y confusa, pero a final de cuentas con la celeridad que ameritaba el caso y, dentro de ciertos límites, con una eficacia bastante alta.

La pregunta es: ¿Informar con prontitud, verosimilitud y amplitud, es sinónimo de informar bien, a cabalidad? La cabeza me da vueltas a causa del convulsionado panorama mediático que vivimos en estos momentos. ¿En qué momento nos vamos a dar el tiempo necesario para repensar detenidamente las cosas y obtener de nosotros mismos una respuesta más o menos satisfactoria?

Me parece que hay que llegar a un escalón superior de la comunicación y este consiste en la reflexión sobre lo que nos sucede como sociedad y como sujetos sociales. No basta con tener más y más datos sobre la realidad circundante.

No basta con adquirir más y más conocimientos en cualesquiera de las disciplinas sobre las cuales nos informamos todos los días. No basta con poseer un archivo memorístico en el que cabe todo y basta con pulsar una tecla del pensamiento para que salga a la luz y lo podamos repetir como pericos.

No. Hace falta repensar el mundo en que vivimos y para eso hacen falta mejores periodistas, mejores periódicos y mejores medios de comunicación. Nos hace falta una mejor comunicación con nosotros mismos. Hacer a un lado la confusión y la convulsión del caótico mundo moderno y sentarnos a reflexionar sobre lo que somos. Luz y sabiduría.

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1 comentario

  1. Ok,,, que bonito escribes,, pero la verdad no dice nada el articulo,,,,y tu conclusion pesima,,, no puedes empezar hablando de tegnologia o de gigantes de la comunicación,,, para que termines filosofando o cuestionandote que hace falta en la comunicación,,,,

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