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A propósito del Bicentenario

| 16 marzo 2009 | Desde Nuestra América | 2.489 vistas | 1 comentario

Oscar Wingartz Plata

Con bombo y platillo el gobierno federal ha convocado a la “magna” celebración del Bicentenario de la Revolución de Independencia y al Centenario de la Revolución mexicana, también conocida como la “Ruta 2010”, que dicho se ha de paso, ésta también es una celebración continental, porque, de manera generalizada se dio el movimiento revolucionario en toda nuestra América, con la sola excepción de Haití, que paradójicamente se constituyó en el primer territorio liberado de América Latina en 1804, encabezado por los negros esclavos en esa pequeña colonia francesa, para así convertirse en signo y guía del proceso futuro.

El asunto que quiero comentar va en el sentido de replantear esta celebración bajo las actuales circunstancias histórico-sociales. Empecemos con algunos cuestionamientos que se muestran en extremo pertinentes: ¿a estas alturas de los tiempos qué podemos celebrar?, o si se desea ir más a fondo, ¿hay algo qué celebrar?, o ¿realmente estamos en condiciones de celebrar estos acontecimientos?

Mural México independiente obra del artista Alfredo Zalce ubicado en el Palacio de Gobierno de Michoacán, Morelia. Imagen de: http://www.flickr.com/photos/zanzaban/3734135/

Mural México independiente obra del artista Alfredo Zalce ubicado en el Palacio de Gobierno de Michoacán, Morelia. Imagen de: http://www.flickr.com/photos/zanzaban/3734135/

Estas preguntas considero se ubican en el centro mismo de esta celebración, y los contenidos que puedan tener para nosotros como latinoamericanos.

Los motivos para conmemorar este bicentenario habría que ponerlos en una balanza muy precisa, entre otros aspectos deberíamos realizar un ejercicio histórico mínimo de a cara a este acontecimiento, si en verdad deseamos hacerle justicia al evento que deseamos celebrar, porque, parece que a primera vista el “saldo” no es nada halagüeño.

Comencemos por hacer ese recuente mínimo: Primero, la Revolución de Independencia Latinoamericana se da en un contexto determinado, es decir, al interior de una serie de coordenadas sociales, políticas, económicas e ideológicas que proyectan el movimiento en una dirección muy concreta: la liberación de las colonias americanas del dominio español.

Segundo, los forjadores de esta saga fueron hombres con un impulso, un talante y una formación teórica, política e ideológica que les permitió levantar la bandera emancipadora. Tercero, se embarcaron en una travesía que fue la conformación del Estado-nacional latinoamericano con sus virtudes y limitaciones.

El punto es, ¿en qué condiciones nos encontramos hoy?, es aquí donde se van matizando los cuestionamientos propuestos.

Nuestro desarrollo histórico-social es el resultado de ese proceso iniciado en los albores del siglo XIX. Esto quiere decir que, a pesar de doscientos años de “vida independiente”, muchas de las “asignaturas en materia socio-política” siguen pendientes, entre otras, la democracia como un complejo de realidades que no empieza ni concluye con la “sola emisión del voto”.

El velo se ha rasgado, ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas; ya hemos sido libres y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos.
Simón Bolívar

Este punto si lo ponemos en su exacta dimensión nos deja un sabor de boca muy amargo. La gobernabilidad, es otra materia pendiente, por las formas o las maneras como se ha gobernado han sido “el talón de Aquiles” de nuestros países. En términos muy concretos, no se gobierna para “unos cuantos” ni “para mis cuates”, este asunto es otro punto espinoso a lo largo de nuestra geografía continental.

Otra asignatura, la vulnerabilidad social es otra cuestión por resolver, y si la ponemos en la balanza, el panorama es más agudo, porque, no se han desarrollado nuestras sociedades con la celeridad que corresponde a nuestros procesos.

Finalmente, está el problema de la soberanía, que para los neoliberales esas son reminiscencias anacrónicas, desfasadas, nostálgicas y caducas, que no “viene al caso discutir”. ¿Por qué? Porque según ellos, estamos en “plena era globalizadora”, “todos unidos en la alegre economía de mercado”. Con los planteamientos propuestos, nos podemos dar una idea de nuestra situación ante esta celebración.

De los aspectos propuestos, deseo resaltar al menos dos: la democracia y la soberanía. En relación con la primera, el saldo es de claroscuros, sino, es que de una tarea muy incipiente. En este orden, no pretendo recargar las tintas ni exagerar la nota, pero, la pregunta es: ¿qué tanto hemos avanzando de manera sustancial en esta materia en México y nuestra América?

Se podrá rebatir diciendo que, para el caso mexicano tenemos todo un aparato institucional, el IFE, que garantiza las elecciones de todo nivel, pero vuelven atacar las preguntas: ¿cuál es contenido real de ese aparato institucional?, por cierto, es extremadamente caro y dispendioso, sino, pregúntenle a los consejeros ¿cuánto se deseaban asignar como salario?

Segundo, ¿dónde está nuestra soberanía, nuestras soberanías? Caso concreto, hace unos días estuvo con nosotros el presidente de Francia, que, muy al estilo de las países imperiales, exigía la extradición de su compatriota, la secuestradora, Florence Cassez, como si fuéramos sus empleados o súbditos, ante lo cual el presidente Calderón “accedió” conformando “una comisión ad hoc para revisar el caso”, esto es ¿soberanía?, ¿dónde quedaron nuestras leyes?, ¿dónde quedó nuestro aparato de justicia? Si esto es soberanía, estamos caminando consistentemente hacia etapas, coloniales, o mejor dicho, neocoloniales.

Para añadir “un caso más”, la visita del Almirante Mullen, jefe del comando conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, que “amable y veladamente” propuso la presencia militar norteamericana, para acabar de “una vez por todas con el narcotráfico” en nuestro país.

Es por aquí, por dónde se van abriendo los planteamientos en relación con nuestra celebración bicentenaria y centenaria, por ello, la pertinencia de realizar estos ejercicios históricos para darnos cabal cuenta dónde estamos, es decir, ¿qué podemos celebrar bajo estos contextos? Donde “las cuentas alegres” se vienen abajo ante “la terca realidad”.

Esto es, estamos enfrascados en una serie de “situaciones” que estructuralmente nos han puesto “el camino” casi intransitable y en permanente cuesta arriba. Nuestra coyuntura histórica nos está reclamando actuar en consecuencia, porque de lo contrario, “celebraremos como de costumbre”, con un enorme boato, dispendio y simulación, un evento que en términos objetivos fue la refundación de la nación mexicana y latinoamericana.

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1 comentario

  1. Este texto fue escrito para mi país, pero las Naciones Americanas son hijas de la misma madre y mas hermanas de lo ellas mismas suponen. Es decir se podría cambiar el nombre y nada cambiaria. Sus realidades son muy similares.

    http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2010/04/10/a-proposito-del-bicentenario/

    http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2010/04/26/a-proposito-del-bicentenario-ii/

    A PROPOSITO DEL BICENTENARIO

    ¿Bicentenario de que? : ¿De la Nación Argentina; del País Argentina; del Estado Argentino?.

    Desde hace mucho… pero mucho tiempo, en el mundo, se discute el significado de estas palabras; olvidando que las palabras sólo son etiquetas o nombres que damos a los conceptos.
    Innumerables escritos definen estas ideas según el interés y realidad de su tiempo, involucrando etnia, cultura idioma, etc; quedando más o menos claro que el concepto “País” se relaciona directamente a territorio y “Estado” a organización social, política y jurídica.

    El problema se encuentra en la definición del concepto “Nación”. Y en este sentido, hasta la fecha, existe la dificultad de identificar exactamente ese “algo” que se percibe como trascendente, importante y con conexiones difíciles de explicitar con conceptos diferentes como: país, patria, estado, territorio, cultura, origen, etnia, identidad, etc, etc.

    La palabra que nombra este concepto es tan potente y tal es el poder movilizador en las personas, que no puede faltar en ningún discurso político de nuestros días. De igual modo; toda ideología, aún contraria a la idea de “Nación”, busca servirse por medio de cualquier forma de asociación mental, de la adhesión y lealtad que naturalmente el concepto real derrocha. Así aparecen ideas como: Liberación Nacional, Capitalismo Nacional, Socialismo Nacional; como si la palabra que expresa el concepto “nacional” tolerara segundos términos en cualquier asociación.

    En definitiva; con intencionalidad o si ella, se reconoce la existencia del concepto “Nación” como una abstracción capital, mucho más allá de sus obvias connotaciones semánticas relacionadas a “comunidad de nacimiento”.

    Todas las definiciones; aún la de sus detractores nos dibujan la idea; el concepto. Por ejemplo; uno de ellos en la Ética de la Memoria (2002) nos dice que la Nación sería: “… una sociedad que alimenta un embuste sobre los ancestros y comparte un odio común por los vecinos. Por lo tanto, la necesidad de mantener una nación se basa en memorias falsas y el odio a todo aquél que no lo comparte.”

    Esta falacia, aún con la falta de conocimiento, la carga de intencionalidad y presupuestos ideológicos del autor (que no interesa nombrar, pero que representa a una línea de pensamiento actual); está claro que reconoce, como todos de uno u otro modo; algo que podemos llamar “Voluntad de Ser”.

    Paradójicamente esta reconocida “Voluntad de Ser”, es lo que dificulta el entendimiento del concepto “Nación” y que, en definitiva, es lo más importante y decisivo. Es decir; la “voluntad de ser” de un grupo de personas precisa un orden en la importancia relativa de otros conceptos como origen, etnia, cultura, territorio, entre otras muchas cosas para reafirmar su identidad. Este ordenamiento valorativo de conceptos conexos es el que dificulta, y produce límites difusos a cualquier definición general de “Nación”.

    Tal como la persona; la comunidad crea mitos que luego utiliza para racionalizar su existencia, es decir sustentar su “creencia” y motorizar su “voluntad”. Eso es así desde el comienzo de los tiempos. Y desde el rescate de ese pasado definido por lo común y por contradicción distinto a otros grupos, declara su existencia de hoy “aquí y ahora”, y se proyecta hacia un futuro compartido por todo el que se perciba como integrante de tal “voluntad y creencia”. Esto no es un invento; es un ordenamiento libre y voluntario de realidades y contenidos preexistentes. En otras palabras; auto-conciencia, pero a nivel comunal.

    Definitivamente “Nación” es inseparable de la “Voluntad” que, es a su vez, un concepto atado a la aceptación del concepto “Libertad” y de “Persona”. Esta realidad, dificulta al racionalista de cualquier ideología representarse la idea “Nación” y sólo lo percibe mutilado de su parte irracional; de la “fe”, del “creer”. Reconoce al individuo formando sociedades (individualismo capitalista) y a las sociedades formando individuos (colectivismo comunista), siempre desde la perspectiva del individuo como “unidad indivisa”, que es lo mismo que decir “igualdades”.

    Por la supervivencia o la coacción; por el individuo o la colectividad la persona terminará cercenada en sus particularidades. Desde una visión personalista; el resultado es el mismo. Un racionalista nunca entendería que la nacionalidad es algo que se entiende, pero fundamentalmente “se siente”. Que en algún sentido “duele”, porque significa en otras palabras; la “cesión libre y voluntaria” de algunas particularidades personales para crear algo superior, que además de contener las desigualdades, a imagen de la persona debe ser “libre y soberana”.

    Tal cual; los individuos se definen por sus igualdades y las personas por sus diferencias. Los individuos sólo necesitan un territorio y un estado para vivir; sólo se asocian. Es decir la “sociedad” es una determinación necesaria que les permite y facilita la vida. Las personas necesitan mucho más; necesitan organizarse manteniendo las diferencias; la unión es “comunidad libre y voluntaria”; una Nación.

    En apariencia no parece haber distinción entre los dos modelos, de hecho ambos funcionarían en la idealidad de la utopía, pero la realidad es que los sistemas concretos tienen algo de ambos. Pero, como la libertad es la diferencia; el porcentaje de personalismo en cada sistema real decide el resultado. En otras palabras: La sociedad satisface una necesidad y la comunidad satisface, además, el deseo. Algo así como: “cualquier cosa comestible podría satisfacer el hambre, pero elijo ravioles”. Eso hace de la Nación la mas humana y evolucionada de las organizaciones. El espacio natural que permite mantener nuestras personales diferencias y resolver en puntos mas o menos comunes, todas las contradicciones para conformar una entidad abstracta o “personalidad”, que algunos denominan “Ser Nacional”.

    Nación es el término más totalizador que existe; contempla todas las dimensiones y crea nuevas. Es la organización de los hombres como “personas”, es decir “en sus diferencias”. Por ello se esfuerza en buscar lo “común” en el pasado, en el presente y futuro, que también es lo diferente respecto al mundo.
    Es el habitad natural del “hombre total”; el espacio que permite a las personas unirse al pasado, a las cosas de la tierra y del cielo de su comunidad. Que debe, y lo hace, verificar continuamente el punto de resolución en todas las contradicciones de su existencia personal y comunitaria (No hay Nación sin conflictos). Que alimenta los mitos y crea nuevos, adora sus dioses y necesariamente broncea sus héroes para crear modelos en el presente que percibe dinámico y perfectizo. Sin ello; sería imposible conciliar las diferencias personalistas que el mismo sistema alienta. Sin ello; sobrevendría la disolución o se reduciría a “sociedad” de individuos con intereses estandarizados y comunes y, naturalmente, la alienación por necesidad vital. No es correcto tomar un mapa y llamar Nación a cualquiera de las divisiones políticas que allí se demarcan.

    Basta leer el Acta de la Independencia o Preámbulo de la Constitución Nacional y quedará claro que este es el concepto de Nación de nuestros padres fundadores. Es decir; el concepto que hoy se conoce con el nombre de “Estado-Nación”; que es inseparable de “Libertad y Soberanía”.

    Aun cuando primaban ideas liberales y la Teoría General de los Sistemas no estaba planteda; esos brillantes hombres que podría decirse ya estaban ideológicamente globalizados; tomaron “La Nación” como sistema mas importante, anteponiéndolo a la ideología mundialista que profesaban. Abundan los escritos y la gesta libertadora es un claro ejemplo; percibían un sistema superior de “Patria Americana”. Pero se aplicó, en la práctica, el criterio pragmático del nacionalismo: la “Nación posible” más allá de necesaria.

    Desde ese mismísimo tiempo, más allá de todas las diferencias, los Gobiernos y fundamentalmente su clase dirigente; se aplicaron políticas y tomaron decisiones que reafirmaron el concepto nacionalista de Estado-Nación. Con ese mandato tuvimos: política económica, política de fronteras, política de inmigración, política exterior e interior, política de educación; en fin… “política soberana” para afrontar con éxito las exigencias de un mundo cada vez más complejo junto a otras naciones y poderes corporativos concentrados, con intereses muchas veces contrapuestos a los nuestros.

    Es decir; alimentaron la creencia, motorizaron la voluntad de existir y crearon instituciones para servir esos intereses en el tiempo. Son las naciones americanas diseños libres, magníficos y únicos de Estado-Nación en la historia del planeta, sólo comparables con los comienzos de la “eterna Grecia”. Donde la “Voluntad de Ser” primó sobre la fuerza de la inercia histórica; sobre la etnia; sobre la ideología dominante; sobre los intereses económicos. Donde hombres inteligentes y probos se esforzaron en la construcción; rescatando lo que un “huérfano de patria” llamaría “embustes sobre nuestros ancestros”.

    Esos hombres que eran “clase dirigente” y los representares de la Nación Argentina, trabajaron por la unión nacional, afianzaron la justicia, consolidaron la paz interior, promovieron el bienestar general y aseguraron los beneficios de la libertad para ellos y para la posteridad. Hasta que llegaron otros hombres. Hoy se los definiría como nueva “clase dirigente”; hombres sin patria, sin fé de destino común. Que; anteponiendo sus intereses personales, de grupo, ideológicos, etc; promueven la disolución nacional, corrompen la justicia, proclaman alineamientos mundialistas que alimentan eternas guerras internas sin relación con las contradicciones nacionales que sólo producen atraso, malestar general y ausencia de libertad en todos los ámbitos.

    Y ahora, volvamos a preguntarnos: ¿Bicentenario de que?
    De la Nación (comunidad de personas), que ocupa un país (territorio), que se organiza social, política y jurídicamente (Estado). Y con eso, se terminó el problema de la definición.
    Es fácil;… estuvo en las mentes de los fundadores y está en el espíritu del Acta de la Independencia y el Preámbulo de la Constitución.

    Hoy no tenemos “Nación”. No tenemos nada que celebrar. Ni siquiera sabemos la fecha para conmemorar su pérdida… la fuimos perdiendo. La clase dirigente de ayer vanguardia de fundadores y defensores hoy son vanguardia de destructores y entregadores.

    Hoy no tenemos Nación (tal vez está en potencia). No tenemos nada que celebrar. La palabra “nuestro” es un sinsentido cuando pensamos en territorio y las Instituciones son cáscaras vacías para la comunidad y afiladas navajas que los llamados “agentes de cambio” utilizan para terminar lo poco que queda de Estado-Nación.

    Hoy todas las Instituciones del ex – Estado Nacional, creadas para servir el interés de la Nación se encuentran redirecionadas sirviendo a los más diversos de intereses.
    Por ejemplo; los Gremios que fueron pensados para resolver conflictos y mantener la fuerza laboral plena, en un marco de justicia social; hoy, ni los trabajadores saben a que o a quien sirven.
    Las Universidades que fueron creadas como cuna de profesionales y lideres para la Nación; hoy reducto de intelectualoides anti-nacionales que enferma las mentes de generaciones enteras con el veneno universalista del “pensamiento único” y odio al Estado-Nación que, finalmente, es el que mantiene los edificios, paga sus sueldos y permite sus estudios.
    Y es lo mismo con el CRISYT, CONICET, INTA, INTI, etc, etc.

    Y ahora me dirijo a Ud. Lector.
    Piénselo… y tendrá otra percepción respecto a las causas de los problemas políticos, económicos, sociales, educativos, inseguridad, violencia, corrupción y etc, etc.

    Piénselo… y sea sincero. A usted, como a todos, nos hacen masticar vidrio todos los días; pero no se lo trague. Lo que está ocurriendo es la desaparición de la “Nación”; Cuando desaparezca totalmente, desaparecerá totalmente el orden social que usted conoce y también lo poco que de persona pueda quedarle. Esto puede ser muy cómodo ahora; pero está haciendo esclavos a sus hijos.

    Si queremos una “Nación” deberemos refundarla… y para ello debemos recuperar la fé perdida, creer nuevamente y la voluntad aparecerá “mágicamente”, como se manifiesta todo lo irracional que tenemos las personas. Esa irracionalidad llamada “fé”, que motoriza toda voluntad creadora y permite engranar las diferencias en una fuerza invencible, que se apoya en las tradiciones y glorias del pasado para diseñar en el hoy; un futuro único y compartido.

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