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¿Otra forma de visualizar a la Iglesia?

| 9 marzo 2009 | Desde Nuestra América | 66 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata

Estuvo en nuestro país un personaje polifacético, emprendedor, de enorme sensibilidad social, con dotes innatas de organizador, además, de ser sacerdote, él es, el padre Luigi Ciotti.

Esto no quiere decir que por tener estas cualidades, ya por eso se hace una personalidad fuera de serie, que a estas alturas de los tiempos conjugar estas habilidades en sí mismas le pueden dar una connotación particular, no, lo singular de este hombre es que tiene más de treinta años dedicado hacer labor social en múltiple dirección.

Entre otras, asistiendo a jóvenes en situación de calle, drogadictos, reclusos, gente infectada de sida, así como el ser considerado una personalidad por abocarse a estos menesteres en Italia. Dos datos adicionales, llega al sacerdocio en 1972 y recibe un Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Bolonia por su contribuciones en materia educativa.

De antemano hay que decir, que ninguna forma se pretenden hacer apologías o “llevar agua para el propio molino”, simplemente reflexionar sobre una figura que ha alcanzado síntesis muy concretas de su ser social y religioso.

Padre Luigi Ciotti. Foto: Especial.

Padre Luigi Ciotti. Foto: Especial.

En este sentido, la pregunta de rigor es: ¿Qué hacía tan conspicuo personaje en nuestro país? Fue invitado por la Conferencia Episcopal Mexicana para que aportara sus conocimientos, experiencias y reflexiones sobre violencia y seguridad, el pasado mes de febrero en la sede de la CEM, en entre otros asuntos, porque, se ha constituido en autoridad sobre esos temas.

Hasta aquí todo parece “estar en su sitio”, pero el asunto que quiero destacar es la forma o la manera en que el padre Ciotti enfoca sus labores, sus preocupaciones, su ministerio, la visón que tiene de su realidad y de su ser social.

En este orden de ideas, hay que hacer un planteamiento previo que considero fundamental para ubicar la relevancia de un personaje como el que estamos comentando. “Normalmente” tenemos una percepción anquilosada, desgastada, “pétrea” de la figura sacerdotal, es decir, tenemos una visión estereotipada de lo que debe ser un pastor, esto nos lleva por consecuencia ha pretender identificar su trabajo como algo “cerrado”, es decir, sin mayor trascendencia que la vida pastoral, y ésta entendida como su estricto contorno parroquial.

Este deslinde es pertinente, porque, hace que nuestras percepciones de estos personajes se hagan claustrofóbicas, y en muchos sentidos descontextualizadas, el resultado, un ser que tiene una vida “rara”.

“…la fe no son sólo ritos, o devociones, es formación teórica, conocimientos y aprendizajes sociales compartidos con espíritu abierto, diáfano, honesto”.

Ahora bien, el padre Ciotti se ha movido en diverso plano que lo ha llevado “a palpar” realidades y contextos que en nuestro medio se verían como “ajenas o fuera de lugar” para un ministro de la Iglesia católica.

Comento esto, porque este hombre, a través de ministerio ha colaborado para que su medio social vaya teniendo otros rostros y otros márgenes, mencionar este punto así tal cual, nos pone una perspectiva renovada, más fresca, más acorde con los tiempos que estamos viviendo, además, de contribuir a que su trabajo sea relevante.

Entre otras tantas actividades que desarrolla es la promoción en diverso nivel, como el haber formalizado la Asociación Libera que aglutina a organizaciones de diverso cuño y objetivo, pero con una finalidad muy precisa, convocar a la llamada sociedad civil a luchar por reivindicaciones de amplio espectro como serían: luchar contra la ilegalidad, contra la criminalidad, contra el narcotráfico, contra delincuencia derivada de “estas actividades”.

Es decir, el padre Ciotti muestra una concepción muy clara de su ser pastoral y social que lo han llevado “por sendas no del todo transitadas”.

Otro aspecto relevante de su quehacer se refiere a la propia concepción que tiene de su ser en la Iglesia en su calidad de ministro, al respecto parte de una afirmación que considero clara y contundente, al decir: “Todos debemos contribuir a la justicia y a la libertad”.

Esta afirmación se asemeja o está muy cerca de lo que decía el eminente sacerdote peruano, el padre Gustavo Gutiérrez al afirmar que todo creyente debe asumir como un quehacer fundamental de su existencia, su ser social, su ser en el mundo y en la historia.

Esto de ninguna forma puede ser visto o considerado como una exageración, está en la entraña misma de la enseñanza social de la Iglesia y en los diversos documentos de la misma, como los emitidos a partir del Concilio Vaticano II.

En el fondo significa que, el cristiano, si efectiva y cabalmente quiere llevar adelante su misión, no puede ser “un espectador más de la historia”, y como tal debe asumir sus responsabilidades en diverso nivel y profundidad.

Retomando este punto hay decir que, no es la primera vez que se enuncia esto, tiene una fecha ya prolongada dentro y fuera de la Iglesia, pero, el asunto de fondo sigue siendo ¿cómo traducir estas ideas y propuestas en acciones efectivas de cara a nuestras sociedades?

Este personaje ha mostrado cómo se puede ser cristiano, ministro y ciudadano, sin tener que segmentar su labor, ni simular sus quehaceres, también se debe decir que, la síntesis entre ser creyente y ser ciudadano no se opone, ni hay antagonismos, el asunto ha sido querer trasponer los espacios sin mediación alguna, es decir, “invadir” terrenos que no son propios, como el pretender “conducir a la sociedad a través de un código hierático” o querer “imponer” una visión única del mundo y la sociedad. Este es el asunto que se le reclama a la Iglesia, su injerencia desmesurada en terrenos que no son suyos.

Si esto lo ponemos de cara a nuestros contextos, donde lo religioso sigue teniendo peso, el asunto cobra gran relevancia, entre otras razones porque, la fe no son sólo ritos, o devociones, es formación teórica, conocimientos y aprendizajes sociales compartidos con espíritu abierto, diáfano, honesto. Así, pues, se puede afirmar que, sí hay otra forma de vivir la Iglesia, en un mundo cada vez más demandante, complejo y plural.

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