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La guerra de los alimentos y la lucha campesina

| 20 abril 2009 | En Pocas Palabras | 76 vistas | 1 comentario
La guerra de los alimentos será compleja.

Los alimentos hoy son el fin último de la guerra. Foto: Especial.

(Primera de dos partes)

Teresa E. Hernández Bolaños*

“Una de las grandes batallas del siglo XXI será la de la alimentación”, comienza diciendo Ignacio Ramonet en su artículo: “El neocolonialismo agrario” (Le Monde diplomatique no. 7, marzo 2009). Se podría decir que la nueva guerra mundial será la de los alimentos y el agua, que ha comenzado con la lucha por los hidrocarburos y los nuevos combustibles: los “biocombustibles”.

Y es que logrando el control de los recursos naturales se logra el control de los alimentos. Porque todo está relacionado en el librecambismo neoliberal global capitalista, en el que todo se vende y se compra, en el que todo es negocio, en el que todo es mercado, sobre todo la vida humana.

La guerra de los alimentos será compleja. No sólo implica considerar quién tiene asegurado su consumo nacional y quién no, es decir, quienes comen y quienes mueren de hambre en el mundo como resultado de la escasez de alimentos y los altos precios del mercado internacional que especula con tan valioso tesoro. Sino a través de qué medios lo consiguen, cómo logran apropiarse de tierra para cultivo, de granos y animales, de agua para la agricultura, la ganadería y el consumo humano directo.

Las estrategias son diversas, pero el objetivo muy claro, apoderarse de los recursos naturales (agua, hidrocarburos y terrenos agrícolas) que les aseguren la subsistencia, la hegemonía en la nueva guerra. Ésta es la nueva cara de colonialismo y el nuevo motivo de lucha.

Los Estados Unidos han querido ganar ventaja en esta guerra desde hace años, al tejer verdaderas estrategias geopolíticas y económicas para controlar territorios. La “lucha contra el narcotráfico” les ha permitido ubicarse cerca de territorios como la Amazonia, una de las mayores reservas de agua en el mundo.

La “guerra contra el terrorismo” les ha permitido cercar territorios ricos en hidrocarburos, que faciliten su supervivencia como principales consumidores de energía al lado de China, mientras las nuevas tecnologías de biocombustibles como el etanol entran en escena acabado el oro negro.

Y son protagonistas de imponer TLC’s con países y regiones vulnerables que le permitan aniquilar la soberanía alimentaria de quienes no producirán o ya no producen ni para el consumo interno nacional. Condenándolos a la dependencia alimentaria permanente.

Los alimentos hoy son el fin último de la guerra. La guerra de la subsistencia, que ya comienza a definir sus polos y sus estrategias. Las guerras mundiales previas tenían como objetivo repartirse el mundo (expandir territorios), y con ellos también ampliar el mercado mundial que permitiera desarrollar el capitalismo en una nueva etapa, la de la venta de excedentes.

Repartido el mundo se dio a la tarea de transnacionalizar empresas (la expansión industrial) y desarticular la cadena productiva a través del neocolonialismo productivo que permitía, armar, ensamblar o maquilar en diversos territorios que ofrecieran paraísos fiscales, mano de obra barata y facilidad de recursos naturales que se podían depredar sin disimulo.

Pero ahora, en pleno siglo XXI, después de que las empresas, los banqueros y los inversionistas especuladores poseen el mundo, y el mercadocentrismo es el rostro del Estado, sólo queda la vida humana. Asegurar la subsistencia de millones de personas que necesitan alimentos para vivir y preservar la especie.

La guerra que comienza enfrentará a quienes pretenden asegurar su consumo apoderándose de los recursos naturales alrededor del mundo, echando mano de su poder y hegemonía, sus divisas o sus hidrocarburos; y quienes defienden su soberanía, su cultura y su propia subsistencia. De esta magnitud es el problema y las luchas que él generará, en ésta la nueva guerra por los alimentos.

*Lic. en Filosofía- UAQ, Mtra. en Estudios Latinoamericanos-UNAM, y doctoranta en el posgrado en Estudios Latinoamericanos-UNAM.

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1 comentario

  1. Este artículo nos permite reflexionar sobre la importancia geoestratégica que tienen los alimentos. Cabria preguntarse, ¿las administraciones gubernamentales mexicanas que han hecho al respecto durante las últimas tres décadas?

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