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La prensa pide permiso…

| 6 abril 2009 | Atmósfera mediática | 171 vistas | comentarios

“Por el bien del país y de todos los mexicanos necesitamos de una prensa libre, independiente y democrática, no de una prensa que besa la bota de quien la pisa…”

José Luis Alvarez Hidalgo

Las campañas ya están en los medios o al menos lo que se conoce como precampañas. Dicha anticipación y premura no nos sorprende, lo sorprendente es el modus operandi de dicho comportamiento mediático ante lo que será un festín de información o, mejor dicho, de deformación informativa.

Los hechos son contundentes: ante la avalancha de actos de campaña en todos los órdenes y en todos los espacios, los medios se darán a la tarea de hacer una extensa cobertura del proceso electoral, la cuestión es dar cuenta de la intencionalidad informativo y que en este tipo de acontecimientos suele ser de dudosa reputación.

Para decirlo de una vez: ¿A quién se beneficia con la cobertura periodística y a quién se le perjudica? ¿Los dados están cargados o la información cumplirá la función orientadora que se requiere en este tipo de eventos?

Ricardo Salinas Pliego. Foto: Especial

Ricardo Salinas Pliego. Foto: Especial

La pregunta parece ingenua, pero la respuesta no lo es. No podríamos suponer que los medios, –ahora que no pueden hacer el jugoso negocio que han hecho siempre en el proceso electoral–, van a comprometerse finalmente con el auditorio y cumplir a cabalidad la responsabilidad social a la que están obligados. Los medios tienen un apetito feroz para hacer dinero y no se van a quedar cruzados.

Muy reveladora fue la carta escrita por Denisse Dresser en la revista Proceso de hace unas semanas y que tituló “Carta a Salinas Pliego”, en la que da cuenta de la estulticia, ambición desmedida, soberbia insultante y estupidez congénita de uno de los más poderosos empresarios de medios en este país.

Esto nos queda muy claro en el caso de los medios electrónicos, la nueva Ley electoral les significó un artero golpe a su desmedida ambición; lo que no es nada claro es cuál va a ser el comportamiento de la prensa escrita en un proceso electoral.

Sabemos que los tiempos oficiales no aplican para la prensa de papel y que siempre la publicidad gubernamental y partidista les ha significado un ingreso notable, al grado de que muchos medios dependen de ello para mantenerse en el mercado. Es decir, si siguen gozando de tales prerrogativas, no esperemos que nada cambie en la danza de los millones que desfilarán ante sus ojos.

Lo único que opera en su contra es que la gran mayoría del electorado (casi el 80 %) se informa a través de la televisión y sólo muy pocos (apenas el 4 %), lo hace a través de la lectura o de hojear, por lo menos, un periódico. No obstante, la prensa vende publicidad (aun sin lectores suficientes) y vende muy bien.

Un ejemplo de lo anterior lo representó la cobertura que dieron todos los diarios de la entidad al registro formal la candidatura de José Calzada Rovirosa a la gubernatura del estado por el PRI.

Al acto asistieron dos mil personas, todos los medios habidos y por haber y más que un acto oficial se reseñó como un acto de campaña al ser celebrado con bombo y platillo, al obsequiársele primera plana en todos los periódicos locales.

Incluso El Corregidor se dio lujo de hacerle una entrevista a cargo de la reportera Ana Soria, uno esperaría que la entrevista pondría en aprietos al priísta, pero no, y basta saber las preguntas que le hizo para dar cuenta de ello: ¿Cuál será el trato del PRI a los medios de comunicación? (en vez de preguntar por la relación, en todo caso); la pregunta que sigue es el colmo de la ignominia: ¿Podemos preguntar y publicar lo que es? (Sic, de escándalo) No es necesario subrayar que no hace falta conocer la respuesta, la cual fue muy pobre y retacada de insulsa retórica, para dar cuenta del nivel de mansedumbre y postración de los medios locales, aunado a una lamentable ausencia de debate y periodismo crítico.

Una prensa que pide permiso para hacer su trabajo y que busca tener la conmiseración del poderoso, es una prensa que no debe existir. Por el bien del país y de todos los mexicanos necesitamos de una prensa libre, independiente y democrática, no de una prensa que besa la bota de quien la pisa o para decirlo en buen mexicano: el que por su gusto es buey, hasta la coyunta lame.

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