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¿Qué significa ser gobierno?

| 20 abril 2009 | Desde Nuestra América | 1.102 vistas | 3 comentarios
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    Vicente Fox y Martha Sahagún. Foto: Especial.

    Vicente Fox y Martha Sahagún. Foto: Especial.

    Oscar Wingartz Plata*

    Hace poco tuvimos noticia de la “evaluación” que le están haciendo al gobierno saliente encabezado por Vicente Fox Quesada, que para muchos significó “la alternancia en el poder”.

    El asunto que nos trae en esta ocasión es desarrollar algunas ideas en relación con este punto, es decir, cómo calificar a un gobierno, de ahí el título de estas reflexiones.

    De inicio debemos decir que un gobierno es una instancia socio-política que tiene o supone tener propósitos definidos, como el llevar a delante un programa de trabajo que tiene como punto último satisfacer necesidades, anhelos y aspiraciones del conjunto de la población, sin distinciones de ninguna clase.

    Esta sería una primera aproximación, pero, el asunto es más complejo que su sola enunciación, porque nos lanza a una cuestión más álgida y delicada, esta es, ¿qué es un programa de gobierno?, ¿en qué se fundamenta dicho programa de gobierno? En este orden, la cuestión es, si hay programa de gobierno, se supone que hay idea, rumbo y metas claras, concretas y precisas por alcanzar, todas en diverso rubro y dimensión, hasta el punto en que permea a la sociedad en su conjunto. Este es uno de los puntos a discutir con pertinencia.

    Si asumimos de manera general este primer planteamiento debemos decir con toda justicia que son pocos, poquísimos los gobiernos que alcanzan a “librarla” en materia de gobierno, entre otros aspectos, porque es complejo dar respuesta al todo social de forma cabal.

    Pongamos el siguiente ejemplo: si somos mínimamente juiciosos el asunto se va decantando desde la propia concepción que se tiene del poder y su administración, y es aquí donde esta cuestión se pone peliaguda.

    Otro elemento lo podemos ubicar en la concepción que se tenga de la sociedad y lo que comporta esa sociedad, más si estamos hablando de un país como el nuestro que es un mosaico, una amalgama de realidades disímiles, contrastantes y contradictorias, es decir, nuestro México, es muchos más que, “una sola unidad discursiva”, porque atraviesa un arco de realidades de todo rango hasta constituirse en un complejo abigarrado, si no se tiene oficio gubernamental, simplemente se está simulando que se gobierna.

    Esta es la complejidad del buen gobierno, que no se agota o se circunscribe “a las obras” por muy espectaculares que sean, que dicho sea de paso, no “son graciosas concesiones, ni actos de buena voluntad”, son un elemento consustancial del desarrollo social y material de un país. Así, pues, si ponemos en la balanza estos elementos de cara a un gobierno, “las calificaciones” comienzan a ser contrastantes, por no decir, reprobatorias.

    A este cúmulo de situaciones le podemos agregar otro elemento, como el preguntarse de manera pertinente sobre el “propósito último de todo gobierno”, en este punto se debe decir que es la elevación material, social y espiritual de sus sociedades, y aquí está todo el meollo del asunto, porque la pregunta de rigor es: ¿efectivamente se camina en esa dirección?, o como de costumbre “hacemos como que hacemos”.

    Este punto en concreto es muy delicado, porque raya en la gravedad, es decir, ¿nuestros gobiernos se han abocado a esa elevación de nuestras sociedades? Creo que si somos claros, no habido tal tarea, entre otros aspectos, porque este quehacer “no se agota” en las buenas intenciones, ni en los actos demagógicos, o como diría el eminente politólogo Jesús Reyes Heroles “en la pirotecnia verbal”. Es mucho, mucho más que eso.

    Ahora la cuestión es preguntarnos: ¿cómo fue el gobierno de Vicente Fox? En este orden el juicio histórico es mucho más contundente que lo que uno pueda aportar, esto es, si ponemos en perspectiva ese gobierno el asunto es francamente magro, por no decir, escandaloso en materia histórico-social. Es más, desde su propio mandato estuvo en permanente jaque por sus actos y decisiones erráticas y dilapidadoras, que han llegado a calificar como el “peor sexenio” en la vida contemporánea de México.

    Sólo para confirmar estas afirmaciones, pueden consultar el “balance” que se ha tratado de hacer de ese gobierno en el pleno de la Cámara de Diputados, el resultado ha sido una resistencia férrea por parte de su partido a que se “audite” esa administración. Entre otros datos, por la forma discrecional con que se usó el presupuesto federal, que paradójicamente, fue uno de los sexenios con “mayor bonanza petrolera”.

    En este conjunto de notas, la pregunta que nos podemos hacer es: ¿Cuál era el plan de gobierno de la administración saliente? ¿Había un plan de gobierno? O simplemente, se fue gobernando “a la mexicana”, de forma improvisada y enfrentados a un sinnúmero de adversidades, tanto internas como externas.

    En este orden, de algo que sí podemos tener certeza es de la poca sensibilidad, capacidad y visión internacional, para no ir tan lejos, pretender confrontarse con los gobiernos latinoamericanos de “diverso corte” al que él se “adhería”, casos emblemáticos: Cuba y Venezuela. Simplemente no se puede calificar de “diplomático y prudente” a un gobierno como el foxista en materia internacional con esas pretensiones e ínfulas que nos puso al borde de una confrontación más severa en nuestras relaciones con nuestro espacio natural: Nuestra América.

    Por aquí podemos ir abriendo los flancos de la discusión sobre un gobierno que al final terminó maltrecho, desprestigiado, con un sinnúmero de situaciones no saldadas, y sí muy expuesto. En este sentido, debemos reiterar nuestra pregunta: ¿para qué sirve un gobierno? Esta cuestión, junto con muchas otras, es materia de análisis, reflexión y crítica, si deseamos construir una ciudadanía y una vida pública sana, vigorosa y propositiva.

    Porque, si hay algo de lo que estamos todavía huérfanos es de una plena ciudadanía que tenga los arrestos para demandar gobiernos serios, solventes ética y políticamente apuntalados. Esta es una de las vías para ir solucionando los ingentes problemas que enfrenta nuestro país y nuestras sociedades.

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