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Decisiones Escandalosas

| 4 mayo 2009 | Desde Nuestra América | 646 vistas | comentarios
Nuestro sistema educativo “se inventa cada sexenio”, como si estuviéramos descubriendo “el agua tibia o hervida”. Foto: Especial.

Nuestro sistema educativo “se inventa cada sexenio”, como si estuviéramos descubriendo “el agua tibia o hervida”. Foto: Especial.

Oscar Wingartz Plata

El pasado 22 de abril apareció en los diarios de circulación nacional una noticia que sólo corrobora uno de los tantos desatinos del actual gobierno encabezado por Felipe Calderón, éste es, la desaparición de los estudios filosóficos de los planes y programas de estudios del Subsistema de Educación Media Superior.

Este dato en sí mismo es de alarma, porque no podemos quedarnos impasibles ante una decisión de este calibre. De antemano hay que decirlo, no se pretende exagerar el planteamiento, ni “pintar” un escenario apocalíptico, lo que se propone es reflexionar sobre las implicaciones que tiene la puesta en práctica de dicha determinación. Este el punto a plantear.

Si hay algo que urge en este país es tener un sistema educativo sólido, vigoroso, propositivo, de gran nivel, no lo que tenemos, un aparato ampuloso, en extremo burocratizado, con enormes carencias en muchos de sus rubros, y para cerrar el círculo, con fuertes disonancias por los cambios repentinos, abruptos, inconsistentes que se dan de sexenio a sexenio.

Nuestro sistema educativo “se inventa cada sexenio”, como si estuviéramos descubriendo “el agua tibia o hervida”. Esto por lógica va generando rezagos impresionantes, como un modesto ejemplo de esto es que no se termina de “experimentar un modelo pedagógico cuando ya viene el otro”, así nos la vamos llevando. Este es el telón de fondo del asunto que queremos analizar.

¿Por qué la gravedad de tal decisión?

De entrada hay que decir que el quehacer filosófico en México es una actividad que se le ha querido poner contra la pared desde hace tiempo, esto no es nuevo. Entre otras razones por la incomprensión que se tiene de ella, así como por la profunda distorsión que se ha hecho de sus alcances y actividades, coloquialmente se dice de ella que es una disciplina “sólo para iniciados”, algo así como si fuera una secta, que para entrar en ella se requiere “cubrir los requisitos de iniciación”, ante esto hay que decir que es una falsificación y una distorsión flagrante el tener esta visión.

Más bien, debemos decir con absoluta pertinencia que el quehacer filosófico es, al igual que otras muchas disciplinas académicas y no académicas, un quehacer social, en consecuencia, útil, necesario, pertinente y relevante. Esto es, la filosofía debe ser una actividad tan cotidiana y con igual aprecio social como la medicina, la ingeniería, la química, la abogacía, etcétera, etcétera.

Por otro lado, también hay que afirmar que el quehacer filosófico ha estado presente en nuestro país a lo largo de su historia, sobre este punto no quiero reiterar la discusión sobre si nuestros ancestros nahuas, mayas, mixtecos, zapotecos, olmecas, purépechas hacían o no filosofía. Esa es una discusión bizarra y ociosa que no lleva ninguna parte.

El asunto es que la filosofía ha estado presente en nuestra historia cultural y vital, incluso con la llegada de los españoles, la primera escuela en fundarse fue la de Filosofía con enorme fruto, hasta el punto en que los manuales de Lógica elaborados por nuestros frailes y estudios eran llevados a Europa para que se enseñara allá. Así, pues, la enseñanza filosófica ha estado entre nosotros con gran fruto y desarrollo, que no se le haya querido desplegar o proyectar es materia de otra discusión.

Retomando el punto, ante el anuncio que bien puede ser considerado el “acta de defunción” de la enseñanza filosófica en el Nivel Medio Superior, a través del acuerdo 444 publicado en el Diario Oficial de la Federación con fecha del 21 de octubre del 2008 es pertinente reflexionar sobre sus consecuencias.

Para ello es necesario decir que la actividad filosófica es un quehacer en extremo útil porque nos va dando las claves interpretativas de nuestras sociedades, esto quiere decir, la filosofía nos da la posibilidad objetiva de entender, apreciar y valorar nuestro mundo desde distinta posición, esto puede sonar “muy abstracto”, pero no lo es, por una razón muy sencilla, porque todos como seres humanos tenemos la capacidad de reflexión sobre nuestra vida y las relaciones que establecemos con otros seres humanos. Está es una de esas claves.

En este orden podemos decir que nuestra existencia se va moviendo en un mar de antagonismos y contradicciones que hacen de nuestras relaciones un complejo difícil de interpretar si no tenemos “esas claves”. Por aquí va la pertinencia de la Filosofía como actividad escolar y social. No hay que perder de vista este punto, el social.

Además, este quehacer no debe ser y no puede ser visto como una actividad elitista como muchos la han querido mostrar, porque la reflexión es un asunto consustancial a la naturaleza humana, al respecto cito lo que afirmaba el eminente maestro mexicano Leopoldo Zea en relación con los contenidos que debe asumir este quehacer, y decía: “… la filosofía es una actividad humana que tiene por objeto resolver problemas humanos”. Contundente la afirmación, no necesita mayores ampliaciones.

¿Cuáles serían algunas de las implicaciones de esta decisión? La más inmediata tener sujetos apáticos, insensibles, acríticos, indolentes ante sí y ante su sociedad. Por su propia lógica sería el fin de una ciudadanía adulta, consciente, propositiva y seria. La cuestión de fondo es: ¿cómo se atreven “las autoridades educativas” a tomar estas decisiones? Esto no es otra cosa que la antesala de la sumisión más aberrante y abyecta.

Es decir, la filosofía históricamente se ha mostrado como una actividad que mueve e impulsa a los sujetos sociales a desarrollar y potenciar lo más profundo de ellos como su visión y comprensión de su entorno, desarrollar el pensamiento crítico, elevar espiritualmente a los seres humanos, generar un pensamiento despierto y alerta ante la degradación espiritual y material como lo que actualmente estamos viviendo, donde lo único que vale es la posesión y el acumulamiento de bienes materiales, donde el resto no importa, porque se consideran “pensamientos moralizantes, obsoletos y caducos”.

La respuesta por parte de las autoridades son en extremo cuestionables, por no decir que absurdas como lo afirmado por el Subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Székely Pardo ante una entrevista al afirmar que: “Sí hay una política que ha buscado el que la educación tenga como médula una educación humanista” (La Jornada, 24/IV/2009). La afirmación que hace el subsecretario la verdad, mueve a risa, la pregunta que le podemos hacer es: ¿usted entiende a cabalidad lo que significa la enseñanza humanista?

Parece que no, al quitar uno de los ejes de esa formación que es precisamente la enseñanza filosófica. Creo que nuestras autoridades tienen graves confusiones teóricas, históricas, existenciales que los llevan hacer afirmaciones de este calibre. Porque no es posible que afirme que “se da por hecho que materias como filosofía no van a desparecer ni tienen que desaparecer”. Esta es una afirmación kafkiana, etérea y poco clara.

¿De dónde sale eso de “se da por hecho”? Esto no tiene ningún sentido, ninguna lógica, ningún asidero, porque no se pretende “inferir” que sí se van a dar clases de filosofía. Esos son supuestos ambiguos y nebulosos que en el fondo no dicen nada. Para ser claros y contundentes: Si no se explicita la enseñanza filosófica en el nivel Medio Superior, objetivamente va a desaparecer. No es cuestión de “inferencias lógicas” como lo afirmado por el subsecretario, porque eso suena más demagogia que a precisiones claras y certeras.

Es decir, el punto que se ha propuesto muestra desde esta consideración “el río revuelto en que se ha metido el actual gobierno federal en materia educativa” al eliminar una parcela del conocimiento tan profunda y propositiva como lo es y puede ser la enseñanza filosófica. Es para preocuparnos seriamente por esta toma de decisiones que exhiben muy poca sensibilidad, escasa capacidad de análisis y poca profundidad teórica e histórica.

Todo quehacer que coadyuve en la elevación social, material, espiritual y moral de nuestras sociedades debe ser no sólo sostenida, sino impulsada y potenciada para el buen desarrollo social de nuestras sociedades y no va hacer, despojándolas de esas herramientas que vamos a construir esas sociedades adultas, maduras e históricamente solventes.

A menos que deseen tenernos como en la actualidad, en inferioridad, como si fuéramos menores de edad que requerimos de tutelaje y conducción. Esta es una de las consecuencias más nefastas de estas decisiones. Requerimos con urgencia un replanteamiento serio, crítico, consecuente de las medidas asumidas por el bien de nuestra sociedad.

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