Banner Jurídico.
Banner Sorriso

El Perfil del Ciudadano del Dr. González Llaca (Segunda y Última Parte)

| 18 mayo 2009 | Columna invitada | 451 vistas | comentarios
El Perfil del Ciudadano en una democracia,

El Perfil del Ciudadano en una democracia,

Eduardo Miranda Correa*

En la presentación que hago en el texto digo sucintamente de qué trata, cómo el autor va desenvolviendo las virtudes que debe de asumir el ciudadano democrático; en esta reflexión quisiera aplicar sus enseñanzas y debatir sobre uno de los puntos álgidos de la confrontación política, cuándo y en qué momento, la tolerancia es un atributo del ciudadano democrático, sin renunciar a los ideales y los principios que se creen están debidamente fundamentados por la razón y la certeza de los acontecimientos, cuando bien se sabe que los adversarios, en lo general, parten de premisas diferentes.

Leo en el escrito del autor –quien apasionadamente aboga por un ciudadano tolerante, que sabe escuchar a los demás, para encontrar las mejores razones y, de esa manera, solucionar problemas de largo alcance y no cuestiones inmediatas- lo siguiente: “un mínimo vital de tolerancia se manifiesta en las elecciones al aceptarse los resultados electorales.”; escucho a diferentes ciudadanos que nunca más volverán a acudir a una urna a votar porque en México la democracia es una ficción, los grupos de poder económico y político cuando pierden arrebatan, por lo que la acción política más importante del ciudadano es promover la abstención, pues no tiene sentido votar en México, ya que aunque su voto cuente, no cuenta; por mi parte pienso en las elecciones presidenciales del 2006 y su efectos en la credibilidad de la democracia mexicana.

Expreso lo anterior porque, tal parece, que en nuestro país la atmosfera que se siente está más impregnada de los vientos de la intolerancia, y no de un solo lado, sino y principalmente, del lado de los grupos de poder económico y político, los cuales utilizan todos los medios y mecanismos a su alcance, legales e ilegales, para seguir manteniendo sus intereses en las estructuras del poder. De aquí, el cuestionamiento dicho, líneas arriba, cuándo y en qué momento, la tolerancia es un atributo del ciudadano democrático. En principio estoy de acuerdo con don Luis Villoro, cuando critica que “la intransigencia, la pureza extrema, el temor a ensuciarse las manos, a no admitir términos medios, a no aceptar la parte de razón del contrario, no muestra sabiduría política.”

Pero qué hacer cuando lo que está en juego son cuestiones que definen el rumbo y el destino de una causa o de un país; y en donde negociar, en ánimo de la tolerancia, es ceder a favor de la cosmovisión y los intereses del contrincante, quien al menor descuido buscará la aniquilación. En política, todos lo sabemos, se cede en lo contingente, en lo que puede ser negociable, pero ceder en lo esencial es perder en lo esencial.

En la misma línea del argumento, quién pondría en duda que presentar en orden los argumentos, racionalizar la propuesta hecha y tener una posición crítica frente a ella, debe de ser uno de los principales atributos del ciudadano democrático.

Sí, pero en un mundo globalizado, en donde impera la mercantilización política, en donde ya no se compite por las mejores ideas y su racionalización, en donde detrás de las ideas están como soportes los intereses de los grandes grupos económicos, que son los que le dan racionalidad y en donde el sofisma más ramplón se convierte en verdad absoluta, gracias a la magia de la repetición de los medios de comunicación masiva.

Traigo esto a colación porque en estos momentos de inicio y campañas políticas en la entidad, leer el libro de González Llaca puede ser un importante exhorto para que partidos, precandidatos, candidatos y ciudadanos actúen conforme al perfil de un ciudadano: que la guerra sucia, teñida de injurias, calumnias, diatribas al contrincante, se transformen en diálogo, en debate crítico en donde imperen las ideas y los principios para convencer a los electores.

En tal sentido, modificar la propaganda política del mensaje corto porque crea imágenes seductoras, en lugar de construir argumentos y, por lo tanto, no estimula el diálogo racional ni la crítica, pues no se construye con base a ideas, con base a evidencias, sino que se asocia a una imagen del partido o candidato, a una imaginaria particular producida por la mercadotecnia. Todo lo anterior, puede servir para ganar votos, para provocar que los votantes no piensen.

El libro de González Llaca camina en sentido opuesto a la mercadotecnia política, pues apuesta a la construcción de un modelo de ciudadano participativo que se involucra racionalmente en los asuntos públicos, un ciudadano con vocación al diálogo, al debate, a la negociación, a la crítica y a la autocrítica, todo ello envuelto de un buen sentido del humor. Seguir sus enseñanzas seguramente contribuirá a hacer mejor democracia.

*El autor es Consejero del Instituto Electoral de Querétaro (IEQ).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comentar

Agrega tu comentario debajo o deja un trackback desde tu sitio web.

 Suscríbete a los comentario para recibirlos en tu lector RSS.

Se pide que los comentarios se hagan con respeto, para evitar que sean editados.

* campos requeridos

Comentario

¿Quiéres recibir nuestras actualizaciones por e-mail?

Simplemente ingresa tu dirección de correo en la casilla siguiente, aparecerá una ventana confirmándote tu suscripción. A partir de ese momento recibirás un correo electrónico con las últimas noticias.

Ingresa tu e-mail:

Actualizaciones entregadas por FeedBurner