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El Perfil del Ciudadano del Dr. González Llaca

| 12 mayo 2009 | Columna invitada | 304 vistas | comentarios

(Primera de dos entregas)

El Perfil del Ciudadano en una democracia,

El Perfil del Ciudadano en una democracia,

Eduardo Miranda Correa*

En este momento histórico, en el que inicia el proceso electoral en Querétaro, la edición del libro del Dr. Edmundo González Llaca: El perfil del ciudadano en una democracia, resulta oportuno por los contenidos de ética política que en él se encuentran.

Tal vez, su lectura sea de muy poca utilidad para aquellos que buscan mecanismos ilustrados para posesionarse del poder político, cueste lo que cueste; sin embargo, si se siguen sus reflexiones con el ánimo y la actitud de hacer cada vez una mejor democracia para Querétaro y el país, la obra es, sin duda, un compendio práctico de suma utilidad.

Y es que, González Llaca es ante todo un intelectual formado en esa gran vertiente liberal que tiene sus raíces en la historia mexicana de mediados del siglo XIX y que legaron al pueblo mexicano la enseñanza que la libertad no se obtiene, se conquista; sin embargo, atento a la evolución de la sociedad y en específico de la nación mexicana, pone su esfuerzo en inyectar, a ese legado, todo el bagaje intelectual de los grandes pensadores liberales de Siglo XX para adecuar los principios democráticos liberales a los problemas sociales y políticos de la sociedad que hoy vivimos.

Por ello, me parece, reconoce a las instituciones políticas como el lugar (el espacio) en donde se dialoga y se dirimen las diferencias. Y, también, por ello, propone que, en ellas, se respeten las reglas mínimas de la confrontación política, primordialmente el derecho a disentir, a tolerar y a respetar al otro; es decir, bebiendo una fuerte dosis del liberalismo kantiano, reconoce que la substancia de la democracia y del estado de derecho consiste en asumir que “el ejercicio de mi libertad y mis derechos, se convierta en una condición para el ejercicio de tu libertad y tus derechos.” Es decir, primero es el hombre y luego las instituciones que son una hechura de aquél.

El enfoque del texto es diferente, es una reflexión de la democracia a partir de su único centro de atracción real, el hombre de carne y hueso, el que vota, el que hace berrinches por el pago de la tenencia en la ventanilla, el que se opone a un nuevo reemplacamiento, el que sale a la calle en defensa del petróleo convencido de que debe ser para los mexicanos, pero también del hombre solitario que goza de su propia soledad, todos ellos encarnados en el ciudadano.

De lo anterior, se comprende que el texto de González Llaca, no sea un estudio sobre la manera de arribar a la democracia. Sobre esta forma de gobierno y sus modelos (directa, representativa, participativa), se ha escrito mucho y desde variados puntos de vista. De hecho, en la mayoría de las constituciones del mundo que aspiran a consolidar un régimen de democracia-representativa se han establecido instituciones y reglas que, en lo fundamental, son mediadas por grandes principios cuya función es regular la competencia electoral.

Como bien lo sabemos estos principios son: la legalidad como atributo y requisito de la función pública, la independencia del poder público, la certeza de que el conocimiento y el hecho son claros y evidentes, la objetividad entre la normatividad y la realidad, la imparcialidad ante las fuerzas políticas en competencia y, por ejemplo, también en nuestra constitución local, la equidad como condición de una competencia electoral justa.

El enfoque del texto es diferente, es una reflexión de la democracia a partir de su único centro de atracción real, el hombre de carne y hueso, el que vota, el que hace berrinches por el pago de la tenencia en la ventanilla, el que se opone a un nuevo reemplacamiento, el que sale a la calle en defensa del petróleo convencido de que debe ser para los mexicanos, pero también del hombre solitario que goza de su propia soledad, todos ellos encarnados en el ciudadano.

El escrito es, ante todo, una preocupación sobre el cómo debe de ser el ciudadano democrático, cuáles deben ser sus cualidades éticas. Por ello, su reflexión atiende a otros principios, aunque aquellos los tenga en mente, estos principios atienden a una ética, a una moral, pero como buen sociólogo, sabe que la ética y la moral, si bien siguen demostraciones que le son inmanentes, también sabe que estas son moldeadas por la cultura y por las circunstancias históricas específicas en las que se desenvuelve el ser humano en sociedad.

*El autor es Consejero del Instituto Electoral de Querétaro (IEQ).

Con este telón de fondo se puede comprender por qué el punto de partida y de llegada del texto se centre en “la formación del principal actor de esa obra compleja y apasionante de la democracia: el ciudadano.”, pero mucho cuidado, no evadamos responsabilidades, los ciudadanos somos todos los que cumplimos con esa cualidad jurídica, gobernantes y gobernados, somos los que vivimos y convivimos con los otros, es decir, somos los únicos que podemos hacer la convivencia democrática.

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