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¡Esa clase política!

| 18 mayo 2009 | Desde Nuestra América | 57 vistas | comentarios
Ex presidentes Miguel de la Madrid y Carlos Salinas. Foto: Libertad de Palabra

Ex presidentes Miguel de la Madrid y Carlos Salinas. Foto: Libertad de Palabra

Oscar Wingartz Plata*

Estamos ante otro de los escándalos de la vida nacional, en turno, las recientes declaraciones de dos personajes conspicuos y representativos de nuestro entorno socio-político: el empresario Carlos Ahumada y el ex presidente Miguel de la Madrid.

Cada uno bajo sus propias modalidades, Ahumada, a través de su libro de recién aparición: Derecho de réplica y el ex presidente por la entrevista que le concedió a Carmen Aristegui el pasado 15 de abril en la cadena televisiva MVS.

Esto en sí mismo ha generado un vorágine de comentarios, réplicas, contrarréplicas, deslindes y demás admoniciones por parte de los directa y no tan directamente involucrados, es decir, distintos segmentos de la clase política ha apuntado sus baterías para tratar de “salir lo mejor librados posible”, particularmente los miembros que pertenecen a la agrupación política denominada PRI.

El asunto de fondo es cuestionarnos sobre la legitimidad de esta clase política, su validez y pertinencia, porque el escenario que nos muestra es de una falsificación y una degradación impresionante del quehacer político…

Si no fuera porque vivimos en un país que se ha gobernado de forma “sui generis” este acontecimiento se hubiera saldado de la forma más conducente y pertinente, abriendo una investigación donde efectivamente se pudiera tener una respuesta clara, objetiva, fundada y seria, pero el asunto es que no es así y las reacciones las tenemos a la vista, esto es, una catarata de declaraciones que rayan en lo absurdo, creando una cortina de humo, descalificando a los emisores, incluso con imputaciones ofensivas y denigrantes como: “no le hagan caso, está senil”, “sus dichos son de una persona afectada en sus facultades mentales”. Conclusión: “Rasgándose las vestiduras de forma farisaica”.

Como siempre se ha expresado en esta columna, no se trata de hacer “linchamientos, ni tratar de moralizar, ni hacer imputaciones inquisitivas”, lo que se pretende es generar reflexiones pertinentes y necesarias de cara a nuestro acontecer cotidiano, buscando en todo momento ser mesurados y propositivos.

En esta ocasión, no es la excepción. Así, pues, la pregunta de rigor es: ¿quién tiene la razón es esta coyuntura? Considero que no hay que ir tan lejos: la historia misma nos puede dar las claves y los razonamientos necesarios. En este sentido, se abre otra pregunta: ¿cómo fue el gobierno de Carlos Salinas, en qué condiciones terminó su presidencia? Dos datos que puedan dar razón de la pregunta formulada: con una devaluación pavorosa que puso al país al borde del colapso económico, sino es que lo puso así, y con un crimen de Estado en la persona Luis Donaldo Colosio, candidato a la presidencia de la República, como se dicen de manera coloquial: “y de’ ai pal’ real”. Esto elementos no son ciencia ficción ni difamaciones sin fundamento, son parte de la historia contemporánea de nuestro país, ¿o acaso también se quiere negar la historia?

En este contexto se van moviendo muchas de las situaciones que en materia política estamos padeciendo, es decir, son el telón de fondo de las declaraciones de estos personajes. Esto en sí mismo es en extremo grave porque muestra la profunda decadencia en que ha estado sumido el país en la figura de sus políticos, los también llamados “representantes por elección popular”, de aquí se sigue una serie de planteamientos necesarios, urgentes en relación con esta esfera de la vida pública.

Uno de ellos es ¿por qué creerle a esta clase política?, ¿qué argumentos tienen para solicitar apoyo y credibilidad? Más bien, ha mostrado el gravísimo deterioro en que se encuentra, así como todo el espectro donde se mueve, lo peor del asunto, es pretender negar las puntualizaciones que se les hacen como afirma Adolfo Sánchez (La Jornada, 14/05/2009): “El doble lenguaje, la traición, la mentira sistemática, la simulación no aparecen como atributos negativos […], sino como requisitos indispensables para la consecución de ciertos objetivos…” Este el punto de la discusión.

El asunto de fondo es cuestionarnos sobre la legitimidad de esta clase política, su validez y pertinencia, porque el escenario que nos muestra es de una falsificación y una degradación impresionante del quehacer político y las implicaciones que ha tenido para la buena marcha de nuestra sociedad, desde estas consideraciones, éste es el punto neurálgico de la cuestión.

Para decirlo de forma clara, no se está juzgando su proceder personal o individual, lo que se está poniendo sobre la mesa es su actuación como agrupación política y las consecuencias que ha tenido, que ha dejado como saldo la debacle de la actividad política, en muchos sentidos, también pública.

Las imputaciones que le hace Miguel de la Madrid a Carlos Salinas, en efecto, son graves y en extremo delicadas, algunas de ellas son: delincuente, ladrón, corrupto, así como estar vinculado al narcotráfico, esto es sólo cuestión de consultar la prensa nacional de los últimos días. Ante este panorama es de absoluta evidencia que uno como ciudadano debe ser y estar alerta sobre los “puestos de elección popular”, porque ya no se puede tolerar que el quehacer político, público sea de “uso exclusivo de una clase”, que se ha convertido en “una casta”, porque entonces estaremos reproduciendo hasta el infinito este tipo de espectáculos, que no sólo lesionan y ofenden a ese quehacer en cuanto tal, sino que, contaminan, envilecen, degradan y golpean a la sociedad en su conjunto.

No podemos ni debemos tolerar por el bien común una clase política que lo único que ha hecho es socavar la convivencia y la posibilidad de una vida social digna, diáfana y justa.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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