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Los dilemas de la Influenza

| 4 mayo 2009 | En Pocas Palabras | 271 vistas | 3 comentarios
El imaginario social actúa muchas veces creando un “mal” superior al “real”, entonces surge la especulación y las medidas preventivas erróneas. Foto: Especial.

El imaginario social actúa muchas veces creando un “mal” superior al “real”, entonces surge la especulación y las medidas preventivas erróneas. Foto: Especial.

Nahum G. Hernández Bolaños

La falta de información oficial oportuna y pormenorizada acerca de la epidemia del virus A/H1N1, constituye, socialmente hablando, un factor de riesgo similar a la escasez de medicamentos para tratar ese virus en un hospital, y por supuesto, es un factor adicional que obra en detrimento de una adecuada conducción de la epidemia.

Lo anterior en dos sentidos: en primer instancia, porque en una sociedad que ha llegado a sumar grandes niveles de incredulidad (particular condición de los pueblos sistemáticamente engañados y defraudados, con medios de comunicación masiva sin credibilidad alguna), situaciones como ésta se encuentra siempre rodeadas de la sospecha, de la duda, y ello naturalmente entorpece, en buena medida, toda logística encaminada a combatir y controlar una epidemia. En este país, hay que ver para creer, y ver muchas veces.

La otra consecuencia directa de la escueta e inadecuada información es la zozobra e incertidumbre que se ocasiona, y para suplir esa falta de información, el imaginario social actúa muchas veces creando un “mal” superior al “real”, entonces surge la especulación y las medidas preventivas erróneas. También aparece el miedo, y con el miedo la parálisis.

Así, uniendo ambas consecuencias, obtenemos una particular mixtura de sospecha y especulación, de duda y miedo, de la confusión y de las múltiples versiones contradictorias entre sí, y ese es ni más ni menos el escenario del caos social, que por supuesto tiene una periodicidad que se presentó sobre todo los primeros días en que se dio a conocer el problema.

En los momentos que corren y a medida que la información fluye y aumenta en precisión aminora al mismo tiempo la especulación y la angustia y sobre todo se puntualiza, se precisa, sobre las reales medidas de prevención, se reduce el miedo y la paranoia que saturaba hospitales entorpeciendo la atención médica de quienes realmente necesitan un tratamiento antiviral específico.

La información nos hace tomar conciencia de que nuestra habitual vida social ha sido trastocada, que debemos postergar algunos hábitos sociales y aprender otros tantos. Pero sobre todo, nos muestra que la emergencia sanitaria pasa de una afectación relacionada con la salud pública a una afectación del ámbito económico, en cuanto a la baja en el consumo de un sector importante del comercio y que incluso afecta a la pequeña empresa, ello amenaza con la nueva perdida del empleo o la disminución en el ingreso de miles de personas.

Así, observamos fatídicamente la intersección de un problema de carácter meramente coyuntural que representa esta epidemia, con uno estructural como lo es la actual crisis mundial del neoliberalismo, con lo cual podemos afirmar, sin caer en fatalismos ramplones, que la influenza no podía haber llegado en peor momento, no sólo porque la gente la enfrenta abatida, en una atmósfera inundada por el desánimo económico, el empobrecimiento y el desempleo, sino también por que el Estado la afronta debilitado presupuestamente y sobre todo, desgastado en la credibilidad de sus estrategias así como en la confianza que se tiene en sus instituciones, ahora las de salud que exhiben nuevamente las carencias que todos conocemos.

El escenario no es alentador, la desactivación del comercio amenaza con engrosas las ya gruesas filas del desempleo, de aumentar la incertidumbre y el desánimo. La doble dificultad que implica esta intersección, exige al menos tres frentes de acción, por un lado contener sanitariamente la influenza con medidas frontales y efectivas, por otro, contener la incertidumbre con información clara, puntual y oportuna y que coadyuve en la solución colectiva del problema, y en tercera instancia, rehacer la estrategia económica para enfrentar los problemas económicos de la influenza dentro de un marco de crisis mundial, es decir, enfrentar una nueva crisis dentro de la crisis.

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3 comentarios

  1. Me gustó tu artículo. Esta situación nos va a sevir para autoevaluarnos tanto en casa como en el exterior no crees???

  2. las autoridades deberian cambiar el horario de clases

  3. no nos debemos alarmar las eutoridades estan ocultando algo que muy pronto se vera

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