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¿Visitas imperiales?

| 12 mayo 2009 | Desde Nuestra América | 36 vistas | comentarios
Foto: lanacion.com

Foto: lanacion.com

Oscar Wingartz Plata

El pasado 16 y 17 de abril hubo dos acontecimientos que se articulan de manera muy clara entre sí.

La visita de Barack Obama, Presidente de Estados Unidos a nuestro país y el viaje del mismo a la ex posesión inglesa de Trinidad y Tobago en el Caribe anglófono para participar en la Quinta Cumbre de las Américas.

La cuarta fue en Mar del Plata, Argentina, en el 2005. Estas reuniones son de corte estrictamente latinoamericano, donde se reúnen los Presidentes y Jefes de Estado de nuestra América para tratar diversos temas y problemáticas que les son comunes. Este es el marco de la siguiente reflexión que la considero pertinente y necesaria.

Vayamos por partes, la visita a México estuvo enmarcada por una serie de “acciones” que rayaban en la esquizofrenia por parte de los cuerpos de seguridad norteamericanos, con el despliegue de un aparato de seguridad impresionante, donde todas las corporaciones de seguridad norteamericana estaban presentes en nuestro país, con una exhibición de tecnología y de fuerza que hacía ver el asunto entre ridículo, cómico, exagerado y patético por la cantidad de “artefactos” puestos en escena, al lado de “nuestros cuerpos de seguridad” eran “simples espectadores” de un desfile, hasta el punto en que literalmente nuestros cuerpos daban pena al confinarlos como “simples policías de banqueta”, sin mayor intervención que lo asignado por los cuerpos de seguridad norteamericanos.

Los rompimientos americanos eran una necesidad, porque sin independencia no hay dignidad, y América moría en la indignidad de una dependencia sofocante.
Eugenio María de Hostos

Hago mención de este punto que puede ser visto como un asunto menor pero que refleja de cuerpo entero la actitud y la conducta de nuestras autoridades ante este tipo de eventos: el de la plena subordinación y sumisión ante un poder extranjero. Hay que decirlo de manera clara, está bien que sea el presidente de Estados Unidos, pero eso no quiere decir que nuestra actitud sea de lacayos.

La pregunta de rigor es: ¿No tenemos un orden institucional en nuestro país?, ¿acaso no tenemos aparatos de seguridad internos?, ¿no somos capaces de salvaguardar la seguridad de nuestros visitantes, así sea el mismísimo “Emperador” Obama? Este asunto visto en “su periferia” nos muestra la escasa consistencia que tiene el actual gobierno encabezado por Felipe Calderón.

No pretendo exagerar el asunto, pero no es posible que contemplemos este “tipo de espectáculos”, y “todos felices y contentos”, como si no pasara nada. Es decir, la forma, refleja el contenido. Esto quiere decir que si así nos mostramos como gobierno en la superficie, cómo será el asunto en “corto”. Es una pregunta que hago. Por esto cabe muy bien el título de esta reflexión: ¿visitas imperiales?

Del protocolo poco se puede decir, porque, en sentido estricto, no se dijo nada relevante, o al menos, “no se filtró” nada relevante, sólo promesas. Esto en sí mismo muestra lo poco que podemos avanzar en cuestiones sustanciales, si el gobierno norteamericano “no quiere abrir la agenda”, casos concretos: narcotráfico, trasiego de armas y personas, reforma migratoria, renegociación del TLC. En fin, que son un cúmulo de asuntos a discutir de manera profunda y contundente, pero con las posturas exhibidas, nuestras respuestas son muy limitadas, por no decir, inexistentes.

Caso contrario, la visita a la Cumbre de las Américas por parte del presidente Obama a la pequeña isla de Trinidad, donde los países que forman el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) encabezados por Venezuela, Cuba y Bolivia se plantaron e hicieron sus propias observaciones en relación con esa cumbre.

Es decir, los países de nuestra América al sur están conformando un bloque unido, sólido, con propuesta que hacen ver la viabilidad de esa Alternativa, y de paso le dicen a propios y extraños que sí tenemos voz y presencia en el concierto continental. Esto no es ninguna estridencia, ni pretender extremar los términos de la exposición, simplemente hacer ver que estos países han comenzando a tomar las riendas de su propio destino que los impulsa y les da rumbo y proyección.

Este es el punto de la discusión en relación con estas naciones sureñas. Es decir, el fondo de esta propuesta es, “cambiemos el rumbo y el tono de las relaciones a nivel continental”, todo esto, resumiendo uno de los ideales bolivarianos, el de plena integración regional, que tanta falta nos hace.

En esta cumbre, los países que se inscriben en el ALBA plantearon un asunto que es trascedente para las buenas relaciones continentales: la plena incorporación de Cuba al concierto regional. Esto se comenta porque, desde 1962 la mayor de las islas caribeñas fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) a iniciativa del gobierno norteamericano como resultado de la radicalización del proceso revolucionario tenido en Cuba, no fue otra cosa que una burda manipulación y amedrentamiento a los países latinoamericanos por parte del gobierno encabezado en ese momento por el presidente John F. Kennedy, y que años después se constituyó en una guerra encubierta hasta el fallido intento de invasión en la famosa “Bahía de Cochinos”.

Otro asunto que se le planteó al gobernante norteamericano es abrir la discusión sobre la recomposición del orden económico internacional, donde nuestras naciones siempre han estado a la retaguardia, por no decir, que no hemos existido al momento de la toma de decisiones fundamentales a nivel global, y por lo tanto, nos constituimos en “víctimas propiciatorias” de esas “maniobras”, que no son otra cosa que abusos y saqueos flagrantes a nuestras débiles naciones.

Es decir, nuestros pueblos sureños están dando la batalla por crear las condiciones para la generación de un orden internacional nuevo, alternativo, donde Estados Unidos no sea el que “dicte las reglas del juego”, y donde todos tengamos la posibilidad de intervenir y participar en calidad de miembros e iguales, y no como se ha venido haciendo hasta el día de hoy, donde el poderoso “dicta su ley”, y los demás se tiene que plegar de manera sumisa y dócil, porque si no le hicieren de esa forma, “serán sancionados”, caso concreto: Cuba, con un bloqueo que ya lleva 47 años y las consecuencias que ha tenido para esa nación en todos los órdenes de su vida.

Esto es parte de una reflexión que debemos hacernos como latinoamericanos y como parte de una región que son más las cosas que nos unen, que nos separan, para llegar a constituirnos en lo que soñó alguna vez el gran libertador Simón Bolívar: La Gran Patria Latinoamericana.

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