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La OEA: Una lectura hacia el futuro

| 29 junio 2009 | En Pocas Palabras | 88 vistas | comentarios

Teresa E. Hernández-Bolaños

Después del acontecimiento, calificado de “histórico”, en el que se derogó el decreto No. 662 aprobado en 1962, que permite a Cuba volver a ocupar su lugar en la Organización de Estados Americanos (OEA), de la que fue expulsada hace 47 años.

Organización de Estados Americanos (OEA)

Organización de Estados Americanos (OEA)

Es necesaria una reflexión del significado de dicho acontecimiento, es necesaria una lectura que mire el futuro, no de Cuba, sino de la misma Organización y de los pueblos latinoamericanos en su conjunto.

El 3 de junio el acuerdo que anuló la exclusión de Cuba de la OEA fue leído como una “Gran victoria”, una victoria del pueblo de Cuba, una victoria de los gobiernos progresistas latinoamericanos, una victoria de la OEA que quiere reivindicarse ante los embates latinoamericanos, una victoria geoestratégica del ALBA, una victoria contra el neoimperialismo y una victoria hasta de Obama por sus “buenas intenciones” para con Cuba y América Latina.

Definitivamente esta “Gran victoria” tiene en gran medida incluidas estas condiciones y la lectura que se pudo dar al momento puede calificarse de esta manera. Sin embargo, hay que ser cautelosos y no suponer que todas las victorias acontecidas en la más reciente Asamblea General de la OEA tienen la misma perspectiva, y se enfocan hacia un mismo objetivo.

En principio porque la postura de Cuba es clara, sensata y de fondo, ni pidió regresar ni quiere regresar a la OEA. La OEA con o sin derogación del 3 de junio es y seguirá siendo un organismo ajeno a las necesidades, preocupaciones e intereses latinoamericanos. Continúa inmerso en las políticas para las que fue creada en 1948, en plena Guerra Fría y combate al comunismo.

El organismo que ha desempeñado un papel de hostilidad y presión a gobiernos débil es y cómplices de las políticas de Washington para mantener el control en el hemisferio, sigue apoyando el histórico bloqueo económico a Cuba y las políticas de hostilidad a la isla por parte de Estados Unidos; por lo tanto la victoria del pueblo cubano comenzó en el momento mismo del triunfo de la Revolución y su resistencia, que no ha terminado, y de la que se gano una batalla más.

De manera que una lectura más profunda debe sostener que la victoria de los gobiernos progresistas, de la diplomacia del ALBA (que presionó desde la Cumbre de las Américas en abril pasado) y de la lucha neoimperialista no es hasta ahora sino una “Victoria Simbólica”, como lo reconoció abiertamente Cuba.

Pero la fuerza del simbolismo de esta victoria será hacia un futuro cercano arrolladora, pues hay aquí una lucha abierta entre los intereses latinoamericanos y los viejos intereses imperialistas. De ahí que no puedo más que vaticinar, con el presidente Correa, la muerte de la OEA, puesta en jaque.

Por dos razones: si después del la presión de los países miembros del ALBA no se lograba incluir el tema de Cuba y su exclusión, la OEA estaba amenazada para perder más de un miembro y condenada a desaparecer, pero si lo aceptaba, cómo lo hizo, después de las presiones para que el tema no fuera enviado a la comisión jurídica como era la postura norteamericana, entonces la OEA está condenada a desaparecer por implosión, desde dentro.

Una lucha contra el imperialismo utilizando su propio instrumento, como muchos analistas lo han percibido. De ahí que no se puede hablar de victoria de la OEA como organismo, sino de algunos de sus miembros. Con el acuerdo la OEA ha perdido terreno ideológico, simbólico y estratégico, que sin duda la debilita, anuncia su desaparición y la necesidad de consolidar lo que Correa y otros gobiernos latinoamericanos han llamado una Organización de Estados Latinoamericanos.

De ninguna manera puede ser un triunfo ideológico y político de la OEA como organización y menos de Estados Unidos, por más que haya una jugada geoestratégica maquinada en Washington. Finalmente las ventajas que el gobierno de Obama pueda cosechar frente al acontecimiento son muy limitadas para su política exterior, ya que para los sectores más radicales de la ideología norteamericana sin duda será muestra de debilidad. Se perciben, pues, nuevos escenarios en el continente y en el nuevo reacomodo internacional, en donde Latinoamérica está, sin duda, tomando la palabra.

estelahdzb@gmail.com

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