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Un bak´tun de historia en el desciframiento de la escritura maya (Primera de dos partes)

| 27 julio 2009 | Tlaticpac | 1.466 vistas | comentarios

Manuel Gerez del Río

Desde el verano de 2005 se comenzó a impartir en el Museo de la Ciudad, aunque en forma irregular, un curso que permitiera a los interesados en la cultura maya acercarse a uno de los logros intelectuales más importantes de las civilizaciones americanas anteriores a la llegada de los europeos: el registro calendárico y el sistema de escritura jeroglífica mayas.

Imagen: ucm.es

Imagen: ucm.es

El trabajo que se desarrolla en el curso no es sino el resultado de 400 años de labores, de aciertos y errores, de cientos de investigadores de diversas nacionalidades. Esta es una breve historia de ese titánico trabajo y un reconocimiento a esas personas que han logrado acercarnos a una de las culturas más fascinantes de la Historia de la Humanidad.

El conocimiento de la escritura maya quedó confinado a un grupo de sacerdotes y algunos gobernantes, de donde se infiere que era un conocimiento sumamente especializado y por lo tanto muy estimado para los mayas. Uno de estos conocedores de la escritura maya fue Gaspar Antonio Chí, informante de fray Diego de Landa. Chi refirió la información sobre el calendario: meses, días, jeroglíficos y la información sobre el manejo de la escritura que la falta de entendimiento de ambos personajes produjo que el franciscano español, inconscientemente, apuntara la clave para el entendimiento del sistema de escritura maya en su libro Relación de las Cosas de Yucatán. Por desgracia, el manuscrito de Diego de Landa quedó en el olvido por casi tres siglos.

El inicio de la arqueología de la zona maya se remonta al siglo XVIII, cuando el capitán español Antonio del Río (1787) exploró Palenque. Su obra se publicó en 1822, después de que Dupaix había llevado a cabo visitas a la zona en 1800 y más tarde Loyd Stephens y Frederick Catherwood recorrieran gran parte de la zona maya y éste realizara valiosísimos dibujos de edificios, estelas y registros, muchos de ellos desaparecidos hoy en día. A ello cabe agregar la información otorgada por la publicación del Códice de Dresde, realizada por Lord Kingsborough (1831-1838) en sus Antiquities of Mexico.

Seguramente muchos investigadores se interesaron por estos materiales, pero ninguno, a excepción de Constantine S. Rafinesque, pudo entender la escritura. Publicó sus estudios entre 1827 y 1833.

El francés Charles E. Brasseur de Bourbourg fue quien puso a la epigrafía (estudio de las escrituras antiguas, en este caso la maya) como una de las disciplinas modernas. Brasseur fue quien encontró el manuscrito de Landa y lo publicó en 1864. Además, identificó otro códice maya en Madrid, el códice Troano que publicó y “leyó” en 1866. Fue él quien recuperó, y publicó en francés, la traducción hecha por fray Francisco Ximénez, del quiché al español, del Popol Vuh, documento indispensable para el conocimiento de la cosmogonía maya.

Asimismo, rescató el drama del Rabinal Achí, la única evidencia actual de teatro prehispánico. Leyó a partir del manuscrito de Landa el Códice Troano con base en una lectura fonética. Toda la lectura fue incorrecta excepto el glifo equivalente al morfema “U”, que en maya yucateco corresponde al pronombre de tercera persona del singular. A pesar de ello, Brasseur representa el arranque metodológico de la epigrafía maya.

La lista de personas interesadas en la epigrafía maya es enorme y las corrientes fueron muy diversas. Algunos se dedicaron a leer los glifos fonéticamente, mientras otros se avocaron al estudio del calendario, los números y las matemáticas, y la astronomía. Este grupo fue el que tuvo más avances y por lo tanto el que conjeturó que los glifos mayas eran ideogramas y expresaba únicamente registros sobre el tiempo.

En esta corriente se encuentran importantes investigadores como fue Ernst Förstemann, quien publicó la, hasta hoy, mejor edición del Códice de Dresde. Logró establecer los valores de los numerales de punto y raya y el glifo del “cero”, el valor posicional de los números y determinó que el sistema matemático maya era vigesimal. También identificó las Tablas de Venus y las Tablas de Eclipses en el Códice de Desden.

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