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A propósito del centenario y el bicentenario, hablemos de revolución

| 12 octubre 2009 | En Pocas Palabras | 1.975 vistas | comentarios

Teresa E. Hernández-Bolaños

Dicen, quizá con fundamentos históricos suficientes, que los pueblos despiertan cada cien años, sobre todo el pueblo mexicano, que está por cumplir el primer centenario de la Revolución Mexicana y el segundo centenario de la independencia de España, de la que alguna vez fue colonia. Podríamos pensar que ya se ha hablado suficiente de los fenómenos económicos, sociales y políticos que detonan un proceso político-social en los pueblos, una revolución, un movimiento social que cambie no sólo las estructuras del Estado sino también las relaciones de clase. Sin embargo, me parece que hoy ese tema está más vigente que nunca con sólo echar un vistazo al escenario económico y político mexicano, y debemos reflexionar al respecto.

Moneda de 5 Pesos de la serie "Centenario de la Revolución" emitida en el año 2009, dedicada a Filomeno Mata. Imagen: ret001qm.eresmas.net

Moneda de 5 Pesos de la serie "Centenario de la Revolución" emitida en el año 2009, dedicada a Filomeno Mata. Imagen: ret001qm.eresmas.net

Sin ánimo de profundizar sobre el tema, podemos explicar con Theda Skocpol que las revoluciones son transformaciones rápidas y fundamentales de la situación de una sociedad y de sus estructuras de clase. Lo que es exclusivo de la revolución social es que los cambios básicos de la estructura social y de la estructura política ocurren unidos, de manera tal que se refuerzan unos a otros. Estos cambios ocurren mediante intensos conflictos sociopolíticos, en que las luchas de clase desempeñan un papel primordial.

Quizá sea el momento de preguntarse si en México hoy es posible una revolución y si hay elementos suficientes que posibiliten un movimiento que lleve a confirmar la regla del despertar del pueblo cada cien años. ¿Habrá condiciones que posibiliten cambios estructurales y sociales? Las revoluciones después de todo sólo necesitan descontento social, producto de la marginación, la exclusión, la pobreza, el desempleo, la inestabilidad política, el desequilibrio económico, la ilegitimidad de sus gobernantes, por decir algunos. Me parece que lo que hoy ocurre en México es una cadena de calamidades de este tipo, pues una a una se suman condiciones adversas, a lo que los especialistas en la materia llaman inestabilidad política y económica.

La secuela neoliberal, ha terminado con el Estado mediador entre los intereses privados y sociales. En México el Estado se ha vuelto facilitador de los intereses privados transnacionales del mercado global. Mientras que la política se desgasta en desequilibrios sociales producto de un modelo económico desgastado y la ilegalidad e ilegitimidad de las acciones gubernamentales e institucionales del Estado. El inicio del último sexenio comenzó signado por estas condiciones, superar la ilegitimidad de un fraude electoral anunciado, la inseguridad que el crimen organizado ha sembrado a la sobra de un gobierno débil, deslegitimado y sin plan o proyecto nacional alguno que no sea seguir al pie las recetas del Fondo Monetario y las caducas políticas económicas del modelo neoliberal que no traen mas que cifras negativa.

En los últimos tres años las cifras son alarmantes, pero la caída libre del PIB (Producto Interno Bruto) en los últimos meses es dramática. El último trimestre del 2008 estaba a -1.6 %, al segundo trimestre de este año 2009 cayó a -10.3%. Nueve meses en caída libre, al igual que el desempleo, los índices de desocupación de julio pasado fueron nota en toda la prensa, 6.12 % de la PEA (Población Económicamente Activa) en México está desocupada, unos 2.8 millones de personas desocupadas y con ellas sus familias en los límites de la pobreza y el hambre. El número de mexicanos en pobreza alimentaria aumentó de 14 a 19.5 millones, respecto al año pasado, un 50.02 % de la población del país se encuentra en condiciones de pobreza. Y sumado a este escenario el gobierno anuncia su paquetazo 2010 que incluye un IVA del 2% a medicinas y alimentos, recorte presupuestal y laboral, y nuevos impuestos.

Será entonces que hay suficientes elementos en el escenario político, social y económico en México para reflexionar sobre la posibilidad de una revolución, o al menos para predecir una catástrofe mayor en pleno bicentenario y centenario, cuya conmemoración estará enmarcada por la pobreza y el hambre de un pueblo aletargado desde aquella revolución hace cien años.

Correo electrónico: estelahdzb@gmail.com

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