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El nuevo premio Nobel ¿de la Paz?

| 26 octubre 2009 | En Pocas Palabras | 47 vistas | comentarios

Teresa E. Hernández-Bolaños

Hoy por la mañana, cuando leí y escuché el anuncio de que el galardón del Premio Nobel de la Paz 2009 había sido otorgado al actual presidente de los Estados Unidos Barack Obama (que lo aceptó “humildemente”) tuve, debo confesarlo, sentimientos y pensamientos encontrados, no sabia si reír no por el chiste sino por lo malo del chiste o reflexionar sobre ello. Aquí he decidido reflexionar sobre ello, leer entre líneas los mensajes subliminales que envuelven al mundo complejo de hoy. Con un esfuerzo enorme de no dejarme llevar por las pasiones, y asumiendo que no existe objetividad humana ni imparcialidad total, aviso que mi reflexión es, no puede ser de otra manera, desde mi visión latinoamericana del mundo.

Barack Obama y su esposa Michelle. Foto: Luke Vargas / nobelprize.org

Barack Obama y su esposa Michelle. Foto: Luke Vargas / nobelprize.org

En principio, ya que exista semejante “premio” es ya un síntoma de debilidad humana, de calidad humana, quizá Hobbes tenga razón, el hombre sigue siendo lobo del hombre para que se necesite reconocer a quien en teoría hiciera algo por la paz y por el bienestar humano en medio del conflicto, la guerra y el hambre. Eso significa que lo que menos existe es paz, respeto y justicia en el planeta. Pero ya que existe el premio, hay que decir también que este “premio” no deja de ser un premio político y como tal debemos entenderlo, la lista desde 1901, cuando se creó, cuenta varios ex-presidentes norteamericanos y no pocos ilustres de dudosa aportación a la paz y mucha aportación a algún mezquino interés mundial.

Por qué entonces el comité noruego otorgó el premio, que recibieran también Martin Luther King en 1964 y Nelson Mandela en 1993, al actual presidente de los Estados Unidos a nueve meses de su mandato, argumentando “sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”, por dar al mundo, “esperanza en un futuro mejor”, por su trabajo a favor de la paz y su trabajo por reducir los arsenales mundiales de armas nucleares. Por qué se lo ha dado a él. En definitiva no es por ser negro (aún con el simbolismo que alguien quiera ver) o por luchador social en defensa de alguna causa justa de su pueblo, por la liberación, la emancipación de algún yugo racista, discriminador o imperial sobre sus hermanos y sobre sí mismo.
La lectura debe ser mucho más precisa. La geopolítica del mundo se encuentra en pleno movimiento estratégico. El poder imperial de los Estados Unidos, reacomoda sus fuerzas y estrategias, está en marcha un plan mucho más sutil para recuperar hegemonía y superar el desprestigio mundial encarnado en el ex-presidente Bush. Obama es parte de esa estrategia, un personaje que pudiera simular y aparentar las nobles intenciones del imperio norteamericano para el mundo. Ya decíamos en un texto anterior, que la política norteamericana tiene demasiados intereses económicos y son ellos los que gobiernan, su sistema político e ideológico es estrecho, definido y determinado, bien poco vale quien esté al frente del gobierno, su función está determinada.

Como presidente de los Estados Unidos Obama no es distinto a Bush, y darle el galardón a Obama es tan paradójico como haberlo dado a su predecesor que nada tiene que ver con la paz del mundo, sino con el mensaje de que no habrá paz pronta en el mundo. Ese es el mensaje desde Noruega, que los Estados Unidos deben reacomodarse y encontrar un estilo menos agresivo en su política exterior, signada bajo los mismos intereses de siempre, la hegemonía sobre el mundo, sin importar los medios justificados por el fin, cómo diría Maquiavelo, bajo el rostro “amable de Obama.
Por eso Obama acepta “humildemente” el premio, porque la política exterior e interior norteamericana no se ha movido ni un centímetro como es el objetivo, y ha logrado envolverse en un discurso tibio y demagógico que le permite a Obama hablar de paz, de acuerdos, de diálogo y de desarme mientras se niega a eliminar el bloqueo a Cuba; mientras no retira las tropas norteamericanas de Irak (promesa de campaña), un tema que quedó amarrado antes de que Obama asumiera formalmente la presidencia, y asegurara la presencia militar hasta el 2011; mientras el Departamento de Estado y la inteligencia norteamericana orquestara un golpe de Estado en Honduras y ahora sólo den muestras de indiferencia en acciones reales para la restitución del presidente Zelaya en Honduras; mientras acuerda con Colombia la instalación de siete bases militares estratégicamente colocadas y direccionadas hacia la frontera con Venezuela; mientras gobierna un país que con su crisis hipotecaria contagiara una crisis financiera al mundo y con ella un retroceso en los avances contra el hambre y la pobreza en el mundo, solo por poner algunos ejemplos.

estelahdzb@gmail.com

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