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El tsunami mediático en contra del sindicalismo democrático

| 19 octubre 2009 | Atmósfera mediática | 28 vistas | comentarios

José Luis Alvarez Hidalgo

La sorpresa nos demudó la noche del sábado 10 de octubre al enterarnos del asalto policiaco-militar a las subestaciones de la compañía de Luz y Fuerza del Centro, y saber del decreto presidencial de extinción de la paraestatal. Incrédulo recibía la información y daba cuenta de lo que no ha podido cambiar en el sistema político mexicano: el autoritarismo. Sólo que no se trata de ese tipo de autoritarismo que avala la Constitución: el del uso de la fuerza legal del Estado cuando se ve amenazada la seguridad interior de nuestra nación. No, no se trató de eso, se trató de un acto de intimidación al más puro estilo priísta de la década de la represión en los años 70.

Una de las demandas del SME en la marcha del jueves, fue la de exigir a los medios de comunicación nacionales el cese de la campaña de hostigamiento, desprestigio y distorsión informativa que desde hace algunos días se había intensificado en su contra. Foto: José Antonio López /  www.jornada.unam.mx

Una de las demandas del SME en la marcha del jueves, fue la de exigir a los medios de comunicación nacionales el cese de la campaña de hostigamiento, desprestigio y distorsión informativa que desde hace algunos días se había intensificado en su contra. Foto: José Antonio López / www.jornada.unam.mx

La estupidez del gobernante se hace sentir en su máxima expresión. Justo cuando se habían planteado las condiciones del diálogo exigidas por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) para la resolución de sus demandas y la aceptación de la toma de nota de su nuevo dirigente, Martín Esparza, sucede la represión. La marcha del jueves 8 de octubre dio una muestra amplia del poder de convocatoria del sindicato y el pánico de nuestro pequeño gobernante estalló. Es entonces cuando el plan represivo, que ya estaba en marcha, decide llevarse a la práctica la aciaga noche del sábado. La trampa ya estaba puesta cuidadosamente y al SME lo agarraron desprevenido, y cayó en ella.

Como era de esperarse el alud de información cayó con toda su fuerza en la audiencia de medios, quienes la mañana del domingo daban cuenta del hecho. El asunto a ponderar y a analizar en este espacio, es el sentido que se le dio a la información y, por ende, el modo como lo interpreta y lo reinterpreta el receptor del mensaje. Y no hay para donde hacerse. Usted, amable lector, se habrá percatado de que una inmensa mayoría de sus interlocutores le expresaron su beneplácito por la medida tomada por el gobierno federal. En efecto, la medida gozo de las simpatías de un importante sector de la población, aquel que es víctima constante de la malversación informativa de los medios de comunicación, quienes sólo han sabido servir a un amo: el poder.

Habida cuenta de que siempre voy a excluir de la anterior afirmación a los medios alternativos, marginales, críticos e independientes y a los tradicionales medios combativos por la verdad como La Jornada y Proceso quienes, siempre incansables, luchan desde sus trincheras para dar a conocer la otra versión: la de los desposeídos, la voz de aquellos que no tienen voz en los grandes corporativos mediáticos, en una lucha a todas luces desigual, alevosa y en clara desventaja.

A propósito, una de las demandas del SME en la marcha del jueves, fue la de exigir a los medios de comunicación nacionales el cese de la campaña de hostigamiento, desprestigio y distorsión informativa que desde hace algunos días se había intensificado en su contra. Una campaña que no es de ahora, sino que es la prolongación de la permanente cruzada de los medios en contra de las organizaciones políticas, civiles, sociales y gremiales de carácter democrático y con marcada orientación de izquierda.

La intolerancia del poder hacia estos grupos de opositores se traduce en el mismo trato intolerante que le brindan los medios a las acciones de estas organizaciones. Así, los medios muestran su lado fascista con total desfachatez y le brindan grandes espacios informativos a esas voces flamígeras que claman por llevar a la hoguera a los demás sindicatos libertarios (eso sí, a la corrupción de PEMEX y del SNTE, no la tocan ni con el pétalo de una declaración); voces estentóreas de la derecha como la del empresario Claudio X González, la de Fabio Beltrones y buena parte del PRI, todas las del PAN y la clase empresarial y la elite del poder. La cacería está por dar comienzo.

Me despido con un botón de muestra, una perla japonesa de nuestro queridísimo comunicador Carlos Loret de Mola, quien le espeta al Secretario de Gobernación: “¿Y qué, ahora sí le van a dar una limpiadita a los demás sindicatos?” Esos son nuestros informadores, una vergüenza nacional.

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