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Un teólogo revolucionario

| 5 octubre 2009 | Desde Nuestra América | 217 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

En esta ocasión vamos a desarrollar algunos planteamientos en torno a la teología que proponía Don Miguel Hidalgo durante su estancia como catedrático de Prima de Sagrada Teología en el Colegio de San Nicolás Obispo en Valladolid, allá por 1784. Esto se conecta con “una querella” que últimamente se desató a propósito de si la jerarquía le levantó o no la excomunión después de su juicio y ejecución que, dicho sea de paso, habría que analizar con mayor profundidad, ¿cuál fue la verdadera causa de la excomunión del iniciador de la gesta independentista? Parece que nos hemos ido con una idea superficial sobre este punto, entre otros aspectos, si efectivamente se le condenó por sedicioso y soliviantador. A primera vista hay una contradicción en este punto, porque Fray Angélico, es decir, Santo Tomás de Aquino, Padre y Teólogo de la Iglesia hacía expreso el planteamiento que “ante tiranía prolongada el pueblo tenía el derecho de insurreccionarse”. Si el padre de la Iglesia afirmaba este derecho, parece que el juicio a Hidalgo fue por otra vertiente, en consecuencia, sería pertinente ahondar sobre las verdaderas causas de su proceso y ejecución.

Miguel Hidalgo y Costilla. Imagen: imer.gob.mx

Miguel Hidalgo y Costilla. Imagen: imer.gob.mx

Otro matiz que se puede proponer, va en el sentido de hacer ver cuáles eran algunos de los quehaceres del prócer en su intensa, dinámica y controversial vida. Para muchos, era un hombre con ideas, inquietudes y proyectos cuestionables, entre otros, su actividad como docente en el colegio nicolaita, porque impulsaba a los jóvenes a desarrollar un pensamiento y actividad creadora por medio de su enseñanza y vida, un ejemplo claro del magisterio desarrollado por él fue el impacto que dejó en su discípulo, el Generalísimo José María Morelos y Pavón. Mucho de este magisterio se reflejó en la teología que deseaba impulsar, visto con mayor agudeza, este dato de cara al contexto y su entorno era, potencialmente peligroso, entre otras razones, porque la jerarquía cuidaba mucho la enseñanza que se hacía de la teología por considerarla el núcleo fundamental de la fe y la práctica cristiana. Así, pues, la enseñanza de la teología, no se le dejaba a cualquiera, tenía que ser un docto maestro, con probada fidelidad y sano magisterio, así como de dotes teologales explícitas.

En este sentido, hay un trabajo escrito por el padre Hidalgo que propone precisamente la renovación de la enseñanza de la teología cuyo título es: “Disertación sobre la Verdadero Método de Estudiar Teología Escolástica” en extremo sugerente y provocador por las razones que se han expuesto, en el planteaba una serie de consideraciones que desde su perspectiva no iban con los tiempos. Entre otras cosas decía: “Olvidadas ya aquellas escolásticas sutilezas, que sólo servían para pervertir el buen gusto y perder el tiempo, se ha introducido un nuevo modo de tratar las cuestiones, metódico sí, pero con arreglo a las Sagradas Letras, a la Tradición y a la doctrina de los Padres, amenazándolas con la Historia y adornándolas con todo género de erudición. Este común consentimiento de los hombres más sabios me ha persuadido enteramente que el verdadero método de estudiar teología es juntar la Escolástica con la Positiva”. Así, pues, ponía sobre la mesa un asunto que no es de ayer, sino que ha tenido una historia dilatada en la vida de la Iglesia, el asunto es ¿qué se debe enseñar en materia teológica? Esto no es un asunto menor, es una cuestión fundamental para la jerarquía, porque aquí se asienta todo lo que en materia religiosa pueda proponer la Iglesia.

La teología, que estaba enteramente obscurecida y reducida a una Dialéctica contenciosa, ha comenzado a brillar nuevamente y a establecerse en el trono de donde tan injustamente la habían arrojado algunos ingenios más amantes de la sutileza que de la verdad.

Miguel Hidalgo y Costilla

El asunto de fondo es que, la teología en ese momento tenía rasgos, sesgos y formas muy diversas de captarse y entenderse, es decir, había una enorme especulación sobre su comprensión, eso daba pie a una cantidad enorme de “errores, herejías y desviaciones” de todo tipo. Por lo tanto, lo que proponía nuestro catedrático era lo que contemporáneamente entendemos como un verdadero estudio de la teología en su carácter hermenéutico, es decir, un análisis serio, riguroso, lo que también se entiende como científico de la teología, por ello su sentido positivo. En este orden, se debe decir que Don Miguel se adelantó a su época, porque fue hasta el siglo XX que la exégesis bíblica comenzó a tener un carácter más científico, más riguroso, en consecuencia, se fue viendo a la teología como una disciplina más académica y erudita con lo cual se pretendía cerrar el paso a las deviaciones y conformar un “corpus” doctrinal universalmente aceptado, que posteriormente se constituyó en el llamado “Magisterio de la Iglesia”. Por aquí iban algunas de las inquietudes del padre Hidalgo en materia teológica, que bajo contexto cobraban una fuerza insospechada, al solicitar del quehacer teológico mayor seriedad y rigor.

A partir de estas consideraciones quedaría por preguntarnos una cuestión que tiene su relevancia, ¿qué más había en la propuesta del maestro de teología? Voy a platearlo de la siguiente forma: como se ha visto, la enseñanza de la teología al interior de la Iglesia siempre ha sido una cuestión delicada y fiscalizada, esto quiere decir que los códigos de la misma para ser renovados deben pasar por la aceptación explícita del Magisterio por las implicaciones que puede tener en el orden doctrinal, pastoral y jerárquico, al cobrar tal densidad, la teología que estaba proponiendo Hidalgo tenía visos de herejía y anatema, porque estaba en una línea, no sólo renovadora, sino, también cuestionadora, no sólo de la teología, sino del orden interno de la Iglesia al proponer su revitalización y actualización; que visto en perspectiva histórica cien años después sería: Nuestra Teología Latinoamericana de la Liberación.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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