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Warhol tenía razón

| 12 octubre 2009 | Atmósfera mediática | 40 vistas | comentarios

José Luis Alvarez Hidalgo

El caso del tristemente célebre Juanito, representa un fenómeno mediático que no tiene parangón en nuestro país en mucho tiempo. Toda proporción guardada, tendría cierta equidistancia con los casos a nivel internacional que representaron en su momento Lady Diana Spencer, Mónica Lewinski y Paris Hilton; quienes tuvieron capturada la atención mundial, a través de los medios de comunicación, durante varios meses, a raíz de la serie de escándalos en que se vieron envueltas y que, en buena medida, fueron auspiciados por los medios masivos de comunicación al echarle más leña al fuego de la que en realidad ameritaba.

Rafael Acosta "Juanito". Foto: Especial.

Rafael Acosta "Juanito". Foto: Especial.

La similitud radica en que cualquiera de las personalidades arriba mencionadas, saltaron a la fama por un accidente histórico y, principalmente, por estar constantemente bajo el influjo mágico de los medios y la visibilidad en primer plano que éstos les otorgan. El ser o no ser hamletiano, se reduce a salir o no salir en TV.

Juanito no escapa a la lógica perversa de los medios y al hecho de que su propio accidente histórico le puso en el lugar y en el momento adecuados y junto al personaje más emblemático de la oposición política en este país: AMLO. Juanito resulta ser el ungido por la mano del todopoderoso de la izquierda nacional, quien en un maniobra política bizarra y surrealista, digna del mejor acervo de la real politik a la mexicana, logra colar a la jefatura delegacional de Iztapalapa a quien nunca soñó siquiera con serlo, a un ilustre desconocido, pero gran luchador social del perredismo de dicha demarcación.

Así, de un día para otro y aunado a su indiscutible triunfo electoral, Juanito atrae como abejas al panal a todos los medios habidos y por haber: concede entrevistas en todos los medios; asiste a programas de concurso, de variedades y de revista; charla con todo tipo de personalidades; se le ve en infinidad de eventos políticos y sociales; en suma, se convierte en el fetiche mediático idóneo para desviar la atención de los verdaderos problemas del país y llenar las pantallas, los radiorreceptores y las planas completas con su imagen explotada al máximo.

Es la nota de color permanente que tanto nos hacía falta para documentar nuestro optimismo (Monsivais, dixit) e inocular un poco de diversión y un mucho de folclor ante la patética situación en la que nos hallamos sumidos la mayoría de los mexicanos que padecemos las injusticias del sistema que nos gobierna.

Este es el caldo de cultivo ideal para crear en el imaginario social de la población más marginada el mito del héroe popular que llegó para salvarnos; ese ser anónimo que se ve tocado por la varita mágica del destino y de los medios para crear la ilusión de que no todo está perdido y que si un hombre terrenal y del barrio, como nuestro héroe circunstancial, logró escalar los más altos peldaños del poder e incluso se le hizo creer que podría llegar a ser Jefe de Gobierno del DF y, en un futuro no muy lejano, presidente de la República, entonces cualquier hijo de vecino (y no lo digo en tono despectivo) puede llegar a donde se le de su gana. Nuevamente la consumación falsaria de las típicas monsergas de que “sólo basta que te lo propongas y lo lograrás”, “lucha por conquistar tus sueños y los harás realidad”, “tu eres el arquitecto de tu destino” y bla, bla, bla.

El colmo fue la propuesta que le hizo la empresa Televisa, de comprarle los derechos de su vida para producir un comic televisivo, al estilo del chavo animado, por la friolera de diez millones de pesos…¡Y no acepto! La ética hizo súbita aparición y lo dignificó.

Sólo que la fama dura poco y la sentencia maldita comienza a apagar la ya, de por si, debilitada imagen de Juanito. El hecho de aceptar pedir licencia de su cargo para que Clara Brugada tome la estafeta, fue razón suficiente para que los medios dejen de interesarse en él, y como vuelve a ser el personaje terrenal y ordinario que siempre fue (despojado de los ostentosos ropajes del poder), los medios le retiran sus reflectores y se cumple la máxima de Andy Warhol al decir que todos tenemos derecho a nuestros 15 minutos de fama. Se acabaron los 15 minutos de Juanito, los medios buscan a su nuevo conejillo y sanseacabó. A otra cosa mariposa.

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