Banner Jurídico.
Banner Sorriso

Haití y la mundialización del dolor

| 25 enero 2010 | Atmósfera mediática | 33 vistas | comentarios

(Y por si fuera poco, por superhéroes no paramos)

José Luis Alvarez Hidalgo

Todos los días se abre la página del horror. La circulación de información en torno a la catástrofe sufrida por el pueblo haitiano, luego de los sismos que acabaron con lo poco que les quedaba como esperanza, se ha convertido en un torrente de notas, entrevistas, crónicas, reportajes que dan constancia del hecho desde todos los ángulos que nos permite el noble oficio del periodismo. Desafortunadamente, una tragedia de esta magnitud siempre representa una veta ríquisima para explotar por parte del periodismo. Se crea un alud de información de tal envergadura que en cualquier momento se corre el riesgo de colapsarse y de arrrastrar con los escombros la frágil estructura de la verdad.

Haití

Esta mundialización del dolor posee implicaciones profundas en las que, efectivamente, el gesto humano más significativo y verdadero lo es la solidaridad. Foto: @ddsnorth / citizennewsagency.org

Sucede entonces un fenómeno extraordinario: se mundializa el dolor. El dolor de toda una nación que, a diferencia de las naciones del primer mundo que han sufrido catátrofes similares como Japón y Alemania, nunca terminará de recuperarse totalmente, no sólo por el sino de miseria y desesperación social en que ha vivido Haití en toda su historia, sino porque después de un tiempo todos los “heroicos salvadores” se olvidarán por completo de este maltratado país.

Haciendo una mínima reflexión semántica, la palabra favorita que se imprime en los medios de todo el mundo es, sin duda, solidaridad. Esta mundialización del dolor posee implicaciones profundas en las que, efectivamente, el gesto humano más significativo y verdadero lo es la solidaridad; surgen un mar de historias en donde los protagonistas de esta odisea de la barbarie dan cuenta de su propia experiencia de supervivencia y los rescatistas hacen lo propio, para consignar en los medios periodísticos y en la lieratura que vendrá después, que todavía el hombre puede salvar al hombre y se trata de aminorar un poco la terrible sentencia del filósofo Hobbes: hombre lobo del hombre.

Sólo que no todo lo que brilla es oro y enmedio de la grandeza humana también germina la hierba mala y las grandes bajezas de ser humano también hacen su aparición. Baste mencionar como destacadísimo ejemplo, la intromisión de los Estados Unidos en el conflicto. Han llegado como los embajadores de la salvación universal y con todo y su odiado ejército viene a imponer “orden”y a dejar muy en claro que los únicos que bvan a decidir los “QUÉ” y los“CÓMO”, son ellos. Definen como se va a realizar la repartición de víveres, alimentos, agua, medicamantos y provisiones de toda índole; imponen la ley del terror al ajusticiar a todo aquel que intente algún saqueo, robo o delito, presa de la deseperación al no obrenerlos con premura; deciden expulsar de la zona de la tragedia a los periodistas de todo el mundo porque consideran que “estorban”las labores de rescate y porque ya no os condideran “necesarios”.

Lo anterior debería ser motivo de una gran indignación internacional y una fuente inagotable de protestas en todos los órdenes y, lo que es más: material de primera mano para un ejercico periodístico reflexivo y crítico; es la gran tarea pendiente del periodismo opinativo: poner el dedo en la llaga y denunciar, exhibir públicamente todo aquello que es condenable y proponer y exigir su solución inmediata. Un periodismo que editorialice con justicia y severidad, pero también con claridad, ética y profesionalismo lo que amerita ser denunciado y corregido.

Hasta ahora, por o menos en el entorno nacional, ese tipo de periodismo aun brilla por su ausencia. El periódico La Jornada y en especial, la revista Proceso, no podían defraudarnos al respecto y han dado de que hablar en ese sentido. Es el periodismo que hace falta para que una sociedad se desarrolle en todos aspectos. Ese periodismo que celebra todas las acciones humanas que suceden en Haití, sin ponerlas en la balanza de la crítica reflexiva, ees un periodismo que provoca un gran retroceso y que daña las partes más sensibles de la estructura social al crear entes pasivos, aislados y acríticos que le van a hacer el caldo gordo al poder y, por lo tanto, serán condescendientes ante los atropellos del imperio norteamericano en su ambición insaciable por dominar el muundo entero.

No necesitamos superhéroes que vengan a “salvar” al mundo. Tampoco necesitamos superhéroes de la información que vengan a decirnos que la única verdad es la de ellos. Ahí están los Lorett de Mola y los Alatorre investidos de heroicos periodistas dispuestos a dar su vida por la causa de la información (léase: por los intereses de su empresa) y por exhibirse como esos superhéroes que no nos hacen falta.

Necesitamos periodistas, no fantoches. Necesitamos de un nuevo periodismo, no el que pregona la última verdad, sino el periodismo que nos confronta cara a cara con que realmente somos: hombres, grandes y pequeños, egoístas y magnánimos, simplemente hombres.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comentar

Agrega tu comentario debajo o deja un trackback desde tu sitio web.

 Suscríbete a los comentario para recibirlos en tu lector RSS.

Se pide que los comentarios se hagan con respeto, para evitar que sean editados.

* campos requeridos

Comentario

¿Quiéres recibir nuestras actualizaciones por e-mail?

Simplemente ingresa tu dirección de correo en la casilla siguiente, aparecerá una ventana confirmándote tu suscripción. A partir de ese momento recibirás un correo electrónico con las últimas noticias.

Ingresa tu e-mail:

Actualizaciones entregadas por FeedBurner