Banner Jurídico.
Banner Sorriso

Haití y la reiteración, de la reiteración

| 18 enero 2010 | Desde Nuestra América | 53 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

Estamos una vez más frente a una de las situaciones que nos mueven a la “eterna pregunta” ¿qué pasa con nuestro continente? Se hace este planteamiento por la reciente coyuntura que está viviendo la nación más pobre de nuestra América, la República de Haití, primer territorio liberado de América por efecto de la lucha emancipadora iniciada por los negros esclavos del dominio colonial francés en 1804. El pasado martes 12 de enero, un terremoto de 7. 5 grados de intensidad literalmente arrasó con la capital Puerto Príncipe, la mayor y más poblada ciudad con una población estimada en dos millones y medio de habitantes de un total de 10 millones que tiene ese pequeño país caribeño. Un fenómeno natural de tales proporciones, ya sea en un país rico como en uno pobre siempre tendrá sus saldos, pero aquí viene el punto de la discusión, no tendrá los mismos efectos devastadores en unos y otros.

Haití

Manifestación en Haití. Foto: EFE / www.esmas.com

Vayamos contextualizando, Haití tiene un territorio de escasos 27 750 kilómetros cuadrados, con una sola frontera, al este, República Dominicana, el resto es el océano Atlántico al norte, y al sur y oeste, el mar Caribe. Es decir, su insularidad es un elemento que “juega” de manera contraria a su propio desarrollo. La población urbana es alrededor del 39 % de población del país. Tienen una tasa de fecundidad del 3.7%, su esperanza de vida hasta (2006) es de 60 años. Su tasa de analfabetismo es del 49%. El ingreso nacional bruto per cápita es $ 480.00 dólares, algo así como $ 6 240.00 pesos, a una cotización de $13.00 por dólar., estos datos ponen el panorama realmente impresionante, por no decir más. Como se podrá observar el asunto no anda nada bien con estos indicadores. Donde la natalidad sigue siendo alta, el ingreso per cápita es en términos objetivos magros, un analfabetismo galopante que en términos “crudos” abarca a la mitad de la población.

Sus “principales socios” comerciales son “obviamente” Estados Unidos con un 80%, República Dominicana un 7.7%, Canadá 3.0%, y paradójicamente, México con un 1.4% Sus exportaciones principales son: Manufacturas por $ 406; mango $ 8. 9; aceites esenciales $ 7.2; coco $ 6. 9 millones de dólares. Mientras que sus importaciones son: Manufacturas $ 376. 2; alimentos $330. 7; maquinaria $ 156. 6; combustibles $ 313. 5; es decir, su balanza comercial es absolutamente deficitaria, esto la ubica en una situación realmente compleja, comprometida y en permanente asedio por efecto de sus desbalance y precariedad. Ante este panorama, el planteamiento se hace una constante: ¿qué esperar de una nación en estas condiciones?, donde su “desarrollo” es una “aproximación”, por no decir, una ilusión. Aunado a estos elementos, la situación política y social se convierte en una “ruleta rusa” implacable. La inestabilidad socio-política es el “pan de cada día” con una sucesión de acontecimientos inacabables, donde las “figuras” políticas suben y caen con tal vertiginosidad que eso se convierte más en novela para Kafka, que de una nación con cierta institucionalidad democrática. “Grosso modo” este es el contexto donde se “desenvuelve” esta frágil, inestable y pobre nación caribeña.

El punto que deseamos proponer van en el sentido de hacer ver ¿por qué la “reiteración haitiana”? como el título de esta entrega. De inicio debemos decir que, la imagen, la forma, los contenidos que muestran los medios electrónicos sobre la situación haitiana son realmente patéticos. Presentando el lado mórbido, obsceno, insensible de la tragedia. Es de una evidencia meridiana que un fenómeno telúrico de esa magnitud y proporción en un país con las características como las que se han presentando los iba a devastar, pero que han hechos tales medios, “jalar la hebra” sentimentaloide y cursilera, hablando del terremoto como si fuera casi un castigo divino, en una descontextualización impresionante, siempre ocultado la verdad. Esto es totalmente absurdo y reprobable.

El asunto de fondo es, esta nación al igual que otras más en nuestros contextos siempre han estado a merced de la voracidad, el canibalismo y la depredación más inescrupulosa y aviesa por parte de las potencias imperialistas. El caso haitiano es más que evidente que se fue “sucediendo” voracidad, tras voracidad. Primero los españoles con la conquista y descubrimiento de América, después Francia al establecer “su colonia azucarera”, posteriormente, el “sempiterno” Estados Unidos con sus “lacayos” en turno, dos de los más famosos Francoise Duvalier “Papá Doc” y su hijo Jean Claude Duvalier “Baby Doc”, ambos personajes siniestros, por su rapacidad, corrupción y capacidad delictiva. Este es parte de la respuesta ante la tragedia humana, social e histórica que está viviendo haitianos.

La cuestión que permanece como telón de fondo es, la viabilidad histórica de este país. No es casual, ni cosa del azar que sigan siendo el país más pobre del continente con un ingreso per cápita de $ 480.00 dólares. Ante esta tragedia ¿qué han hecho los países imperialistas? Enviar la consabida “ayuda humanitaria”, pero por la magnitud de la devastación esa ayuda se ha convertido en otro drama más horripilante por las condiciones mismas del país. La desorganización de la ayuda por efecto de la fractura estructural que ha vivido ese país por décadas y décadas.
La escasísima infraestructura, la desesperación natural de la población que tiene ante sus ojos el espectro de la muerte, la nula capacidad gubernamental para satisfacer las necesidades más elementales de los heridos y damnificados. Es decir, la lista se puede continuar, pero, lo que se desea dejar en claro es que, la condición histórica de Haití está en relación directa y proporcional a su tragedia. No se pretende extremar los términos de esta exposición, pero, si este país tuviera condiciones mínimas para un desarrollo sustentable este tipo de eventos, evidentemente no tendrían los efectos y los alcances casi, casi apocalípticos. No es hora de rasgarse las vestiduras, ni hacer actos de simulación farisaica, es hora de comenzar a ver y analizar las cosas desde su real vertiente, sin encubrimientos, ni falsas poses. Es el momento de levantar la mano por nuestra América.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comentar

Agrega tu comentario debajo o deja un trackback desde tu sitio web.

 Suscríbete a los comentario para recibirlos en tu lector RSS.

Se pide que los comentarios se hagan con respeto, para evitar que sean editados.

* campos requeridos

Comentario

¿Quiéres recibir nuestras actualizaciones por e-mail?

Simplemente ingresa tu dirección de correo en la casilla siguiente, aparecerá una ventana confirmándote tu suscripción. A partir de ese momento recibirás un correo electrónico con las últimas noticias.

Ingresa tu e-mail:

Actualizaciones entregadas por FeedBurner