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Avatar y la metáfora haitiana

| 8 febrero 2010 | Atmósfera mediática | 72 vistas | comentarios

( Ciudad Juárez, Cabañas y el tapanco de Lucía, también en 3D )

José Luis Alvarez Hidalgo

La lluvia persistente, inclemente de la semana pasada, fue el marco perfecto y el símil metafórico ideal para que los acontecimientos funestos se precipitaran en una andanada de noticias desbordante e incontrolada. No sólo la lluvia en si fue noticia al colocar en estado de shock al Valle de México y Michoacán, y hacer de la palabra damnificados, la favorita en estos días dada su incesante repetición. Nuevamente, el criterio que se impone no es propiamente el de la cualidad noticiosa, sino el de la distorsión y el manejo irresponsable a través de la lente de los medios de comunicación.

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Avatar. Foto: Especial.

Comencemos con un ejercico muy elocuente y muy cercano a las técnicas del análisis de contenido en los medios, en este caso la televisión: la información que provocó un colapso nacional fue, sin duda, el cobarde crimen de los 16 jóvenes en Ciudad Juárez la madrugada del 31 de enero a cargo de un comando armado y cuyo móvil aun no ha sido esclarecido.

La primera vez que TV Azteca dio a conocer dicha información lo hizo de la siguiente manera, en comparación con otras “notas”: a la noticia de los jóvenes asesinados le dedicó 27 segundos en pantalla; al estado de salud de Salvador Cabañas 1 minuto 15 segundos; y al derrumbe del tapanco donde iban a coronar a Lucía Méndez como reina de los mariachis, un total de 1 minuto 47 segundos. ¿Se da usted cuenta, amable lector, de la magnitud de estos datos? Fue hasta que la bomba noticiosa les explotó en las manos cuando entonces sí, dejaron de considerarla una “nota más sobre ajuste de cuentas del narco” para que los medios le dedicaran la atención debida y profundizaran un poco más en su tratamiento informativo.

La reflexión sobre lo que nos sucede como sociedad nunca está de más; de hecho, es la parte más sustanciosa de la materia periodística, es cuando el periodista sube un peldaño más y analiza la realidad con una visión más amplia y profunda, tratando de explicar así mismo y a sus lectores los entuertos, contradicciones y dobleces de una sociedad tan compleja como la nuestra. De allí que el caso de los 16 jóvenes masacrados se haya disparado hacia todos lados y desencadenado una reacción obligada por parte de todos los sectores de la sociedad.

No se trata de un hecho aislado; no es “un crimen más” del narcotráfico o de los escuadrones de la muerte o de quien sea. Es la parte del eslabón que estaba oculta, la que muestra ahora su rostro más descarnado y se vuelve un síntoma de que algo muy enfermizo se está creando en el cuerpo social de nuestro país y es preciso prevenirlo además de combatirlo. Lo que nos queda muy claro, es que la estrategia de Calderón para “combatir al narcotráfico” ha demostrado ser fallida desde el momento mismo de su concepción. No se puede apagar el fuego con gasolina (amén de los “gasolinazos” que nos ha recetado últimamente) e insistir por ese camino a pesar de que los funestos resultados saltan a la vista. Es cuando la necedad se convierte en estupidez.

Los 16 jóvenes asesinados son apenas, la punta del iceberg de que algo parecido a un cáncer social está a punto de estallar y extenderse por todo el cuerpo social. La respuesta inevitable a esta situación límite sería un estallido social de consecuencias imprevisibles, pero una magnitud impresionante que será muy difícil de remediar con los paliativos de siempre. Sería muy bueno preguntar qué hacen los medios de comunicación para contribuir a la reflexión colectiva de los grandes temas nacionales.

Me había resistido a ver la película Avatar, por aquello de las modas y la mercadotecnia que impone el modelo de cultura de masas de la industria cinematográfica norteamericana; fue a expensas de un buen amigo y de una inteligente crítica de cine del Mtro. Lara Ovando, que me decidí a verla. Amén del valor cinematográfico que posee la cinta, hablando estrictamente del lenguaje formal de cine, la historia que nos narra resulta tener una proyección inevitable hacia el mundo que estamos viviendo hoy en día. Tal parece que la visón del autor, un desmesurado James Cameron, se anticipa al colapso total de una nación como Haití, en la que después de la catátrofe natural, literalmente se le echa encima el imperio norteamericano so pretexto de ir en su rescate y apoderarase estratégicamente de la isla para extender sus dominios allende el mar y todos los confines del universo.

Avatar plantea exactamente lo mismo e incluso la etnia de los Navis que pueblan esas tierras tiene semejanzas muy puntuales, en cuanto a cultura indígena se refiere, a las del pueblo haitiano. Ojalá y el hecho de ver esta película pudiese despertar en el espectador de cine un mínimo espacio de reflexión y el sentido crítico necesario para poner el grito en el cielo en contra de la invasión de los Estados Unidos a Haití. De lo contrario, siempre será de mayor interés para la audiencia saber que en la coronación de Lucía Méndez como reina de los mariachis, se cayó el tapanco y ella, dueña de un profesionalismo a toda prueba, nunca dejó de cantar.

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