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Carta en la que Manuel Ovalle Araiza declina a buscar dirigir al PAN

| 16 febrero 2010 | Notas del día | 283 vistas | comentarios

Febrero 14 de 2010.

A Don Álvaro, mi maestro.

Hoy en la noche me alcanzó la tristeza. La decisión de declinar a la candidatura para la Presidencia del Partido se me vino encima.  En los momentos de pesar, pienso que me correspondía el puesto por mi experiencia de vida: desde el PAN en la oposición, hasta el día de hoy.  Pero sobre todo porque en el recorrido, el Partido me formó en la brega. Me dio una causa, me hizo mirar el testimonio de decenas de mujeres y hombres que dieron lo mejor de si por un ideal, sin pedir nada a cambio y los admiré; porque ha sido aquí en el PAN donde he aprendido la diferencia entre gozo y placer, dar y recibir; entre el honor y el halago, congruencia y mezquindad, generosidad y obsesión. En fin, ha sido aquí también donde he vivido el engaño, la traición, la trampa: la condición humana que hace difuso el ideal.  Aquí en el PAN muchas veces he lamentado como hoy, la desilusión.

Pero al final de esta parte del camino, el tiempo me dio la razón: las banderas que defendí, hoy la derrota electoral las ha reivindicado. Cabe aclarar que mi aprendizaje ha sido obviamente muy humano.  Muchas veces me ha traicionado la emoción.

Una buena parte de la militancia opina que ni Alfredo Botello o Ricardo Anaya deben ser presidentes del Partido; ninguno de ellos propicia la unidad. Coincido.

Pero además:

El principal responsable de aprobar el método de las designaciones y que operó varias de ellas en lo particular ¿cómo puede tener credibilidad para restaurar la democracia interna?

Uno de los principales operadores para propiciar inequidad en las contiendas internas –especialmente para elegir al candidato a gobernador- ¿cómo puede tener autoridad moral para ofrecer equidad en las futuras convenciones?

¿Cómo puede él representar la inclusión y la propuesta de un partido abierto? Si dispuso de las dos diputaciones plurinominales del comité para su beneficio personal.

Estos son algunos de los cuestionamientos, entre muchos otros, que evidencian falta de congruencia y madurez.

Algunos me han reclamado que al hacer estos señalamientos estoy propiciando la división en el Partido. Lo que divide y fractura es que alguien, eludiendo su responsabilidad, pretenda un puesto por encima de lo que moralmente le corresponde y de lo que le conviene al interés general y del Partido.

El fracaso electoral, las claudicaciones a nuestra cultura democrática y de libertad tienen nombres y apellidos. Y si no estuviera uno de ellos en la contienda, esto no sería tema.

Estoy convencido, como dice Gómez Morín, que el ejercicio del poder se merece de momento a  momento. Y por eso me sorprende que a algunos consejeros les pese mas en su decisión el beneficio personal y la lisonja, que su autonomía, el deber ser y el interés superior del Partido. ¿A donde elegirán llevar el futuro del partido? Pronto le tendrán que rendir cuentas a la militancia pero en su conciencia lo sabrán siempre.

El PAN requiere hoy más que nunca, integrarse y reconciliarse. Y si visiblemente alguien encabeza un grupo y polariza, debería tener la madurez y la generosidad de hacerse a un lado.

Ricardo Anaya está planteando convenientemente la disputa entre “Duros y Neos”.  Sabe que, por la conformación del Consejo y los enconos existentes, así puede ganar. Le tiene sin cuidado que esto nos divida más a los panistas.

Es falsa la contienda entre Duros y Neos.

La verdadera contienda es entre la obsesión y el complejo de poder, y la posibilidad de reconciliación y restaurar al Partido.

El Partido ganador que queremos y necesita Querétaro, sólo va a ser posible repararlo, si existe la fraternal tolerancia entre nosotros y la disposición al encuentro. Sólo con la generosidad de cada uno, nos podremos unir en el propósito; porque entonces así, el proyecto se convierte en el espacio común de trabajo.

El PAN nos reclama generosidad. Y como nadie puede pedir lo que no está dispuesto a dar: decliné a la candidatura para presidir el Partido.

Roberto Cabrera, el candidato del Movimiento de Restauración del PAN, representa la alianza de mujeres y hombres libres dispuestos al reencuentro, que no vienen a triunfar ni a obtener, sino a dar lo que sea mejor para México.

Mientras caminamos, seguiré soñando con que algún día, el honor, la generosidad, la verdad y los méritos, sean los valores que estén detrás del poder de la política en este país.

A los que me querían ver ahí, en la Presidencia del Partido: gracias, muchas gracias… ‘sigamos continuando’ a acompañarnos soñando. ‘Deo concedente’. Y a ti Don Álvaro, sirva esta gesta en tu honor y a tu memoria.

De a pie y como “Juan sin grupo”, fraternalmente,

Manuel Ovalle.

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