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Manayaycuna y el Tiempo Santo

| 22 febrero 2010 | Tlaticpac | 1.815 vistas | comentarios

Manuel Gerez del Río

Es Viernes Santo en Manayaycuna, un pueblo que puede ser cualquier pueblo del área andina: Pueblo al que no debes entrar, según un neologismo quechua. La festa inicia desde la salida del sol, al tiempo que el relojero cruza la plaza del pueblo y se coloca en el centro; es el centro del pueblo, del mundo y del cosmos.

Cartel de la película Madeinusa

Cartel de la película Madeinusa. Imagen: peliculas.cine.hispavista.com

El relojero abre la caja de madera y cuatro brazos apuntan a los cuatro puntos del Universo; dos son espejos que refejan el cielo que será la tierra y viceversa al dar inicio y finalizar el Tiempo Santo.

Entre el guión de la película Madeinusa de Claudia Llosa (Perú, 2005) y la antigua percepción del tiempo/espacio entre los indígenas del Perú persisten algunas ideas. Por supuesto, el tiempo santo, como explica Llosa, no existe en ningún pueblo del Perú.

No obstante, la suspensión de la cuenta del tiempo fue una realidad entre los incas prehispánicos. En la antigüedad inca, del año sólo se contaban en total 328 días; los 37 faltantes simplemente carecían de importancia pues representaban el tiempo vacío que existe entre una cosecha y la nueva temporada agrícola. Y es que no se podían contar todos los días, sólo los importantes.

La percepción del tiempo iba unida al espacio; por ello el tiempo y el espacio se medían arriba o abajo (hanan /hurin). El pasado está en el presente, pues los dioses (cuando terminaron la creación) y los hombres (cuando mueren) se convierten en parte del espacio que nos rodea: las piedras, las montañas, las momias. Pero el pasado también se reactualiza cuando algo violenta (un cataclismo cósmico o humano) el orden establecido.

Así sucedió cuando el Inkarrí venció a los enemigos del inca y surgió el imperio; así el hurin tomó el caos cuando el Inkarrí fue decapitado por los españoles.

La cuenta comienza desde cero, pero a las 15:00 hrs se tornan rojas las papeletas que marcan la cuenta sagrada.

El mundo se trastoca; llega el “pachacutí”. Dios muere y el pueblo es libre de la mirada que juzga, del ordenamiento impuesto hace siglos con la invasión española. Pero el “pachacutí” es sólo temporal: Dios muere el viernes pero resucita el domingo; del mismo modo el tiempo y espacio se voltearán de nuevo y el orden regresará al caos impuesto desde la Conquista hasta que el Inkarrí reúna sus miembros y cabeza, separados hacia los cuatro puntos del Universo inca conocido.

Estos tres días de la ausencia de Dios, el pueblo se libera; se puede pecar sin temor, pues Dios está muerto y lleva los ojos cubiertos por la venda que la Virgen, escogida entre las muchachas del pueblo, le ha puesto. De las 15:00 horas del Viernes Santo a las 6:00 horas del Domingo de Resurrección es Tiempo Santo y no hay Dios.

Cuando el Dios muere en la cinta de Claudia Llosa, el mundo sufre un “pachacutí” temporal. La libertad del hombre se recobra al menos temporalmente.

La muerte del Dios signifca alegría y festa; una alegría efímera, pues el Domingo la deidad recobra la vida, se genera el “pachacutí” y el caos del orden impuesto hace 500 años, vuelve a gobernar.

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