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Paquita la del barrio y el chico malo…¡en acción!

| 29 marzo 2010 | Atmósfera mediática | 176 vistas | comentarios

José Luis Alvarez Hidalgo

No cabe duda que la polémica mediática, en estos días previos a las vacaciones de semana santa, crece de modo considerable y la gasolina en la lumbre amenaza con provocar un feroz incendio en todos los órdenes informativos.

Paquita la del barrio

Paquita es sólo una estrella de la farándula, (...) pero es sólo eso y nada más (y no lo digo ni peyorativa, ni sexistamente); su opinión no es experta. Foto: www.impre.com

La lista parece inagotable: las declaraciones homofóbicas de Paquita la del barrio; la absurda justificación del munícipe de san Pedro, Nuevo León, Mauricio Fernández, sobre la información “privilegiada” que le proporcionó un miembro del crimen organizado a quien apodan “el chico malo”; una nueva multa de 48 mdp a TV Azteca, por parte del IFE, debido a los crecientes desacatos a la Ley electoral en varios estados del país; la cruzada mediática que da inicio ahora para excarcelar a las indígenas otomíes Teresa y Alberta y por lo cual Diario de Querétaro les realizó una entrevista exclusiva en el penal; amén de varias perlas negras más que se quedarán en el tintero por falta de espacio.

¿Por dónde comenzamos? Vamos con los dos primeros tópicos. En primer lugar, me parece una desmesura la cobertura mediática que tuvieron las declaraciones homofóbicas de la cantante Paquita la del barrio al decir que prefiere que los niños mueran de hambre antes que ser adoptados por una pareja de homosexuales. Es obvio que se trata de una declaración aberrante y que la señora no está autorizada a emitir este tipo de opiniones ante un medio de comunicación, puesto que simple y sencillamente (como lo admitió después) no es un tema de su incumbencia, ni de su dominio; que se dedique a cantar y sanseacabó.

Lo verdaderamente lamentable es la gran difusión que tuvieron sus declaraciones a través de los medios de todo el orbe norteamericano y latino, lo que trajo como consecuencia que quienes no se habían enterado de nada, ahora lo saben todo y no dejan de comentarlo en todos los espacios de convivencia social.

Lo que dijo es grave, de acuerdo, pero ¿porqué darle una relevancia que no merece? Paquita es sólo una estrella de la farándula y sus canciones son muy pegadoras y tienen una letra polémica que es muy exitosa entre las mujeres por ser una suerte de revanchismo en contra del macho mexicano; pero es sólo eso y nada más (y no lo digo ni peyorativa, ni sexistamente); su opinión no es experta, sino todo lo contrario y se le toma como si lo fuera. ¿Porqué ese absurdo afán de engrandecer a quien tiene éxito en una pantalla televisiva? ¿Acaso se le brinda el mismo espacio informativo y se le da esa gran divulgación a los nuevos hallazgos de nuestros desconocidos científicos e investigadores? Por supuesto que no, eso no vende, no tiene rating, no es escándalo y, por lo tanto, no interesa a nadie.

El otro caso que nos ocupa y muy cercano a éste, está relacionado con el derecho a la información. ¿A qué clase de información tiene derecho el ciudadano promedio, según consta en las leyes tipificadas para tal cuestión? ¿La información que se oferta en todos los medios posibles es de la calidad, confiabilidad, certeza, utilidad y valor que se merece una sociedad como la nuestra? Esto lo digo no sólo por el caso de paquita, sino por las declaraciones de un troglodita que dice ser presidente municipal de San Pedro y que, a raíz de que se descubrió la calidad moral de su informante privilegiado, un sujeto apodado “el chico malo” (¡válgame pues!), comenzó a decir una sarta de estupideces que verdaderamente nos ponen a reflexionar sobre la capacidad mental de quienes nos gobiernan y, por descontado, sobre la ética y la moral de dichos gobernantes.

Parafraseando al señor Mauricio Fernández, éste dijo que a él no le importa de quién venga la información, ni cómo, ni de dónde la obtiene; ló único valioso es que esa información le fue muy útil al ejército, muy efectiva y que eso ocurre hasta en agencias internacionales como la CIA ; y agrega: “no hay que ser tan cuadrados, lo que estoy buscando es información, no estoy juzgando quien me la da”.

Se da usted cuenta, amable lector, de la barbaridad de sus dichos. Lo primero que podemos apreciar, sin hacer un análisis de mucho fondo, es que el señor es un auténtico discípulo de Maquiavelo y que su frase y lema de acción lo es aquella máxima de que “el fin justifica los medios”. Lo inmediato es que se investiguen a fondo los nexos del susodicho gobernante conel crimen organizado y que se proceda en consecuencia.

Lo segundo, es que se tendría que realizar un revalorización de la información en todos los ámbitos de su influencia, no sólo en los medios de comunicación (en donde es impostergable), sino también en los campos legislativo, judicial, académico, profesional, laboral, familiar y en todos los espacios de sociabilidad en los que la información íntegra, confiable y de calidad es indispensable para construir una sociedad mejor.

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