Banner Jurídico.
Banner Sorriso

Se abre un camino nuevo para nuestra América

| 1 marzo 2010 | Desde Nuestra América | 73 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

Con la reciente reunión de los jefes de Estado y de gobierno de América Latina, también llamada “Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe” celebrada en la Riviera Maya el pasado 22 de febrero, se inicia una etapa que podemos llamar de esperanza y acercamiento entre nuestros pueblos, asunto urgente a estas alturas de los tiempos, entre otras razones, porque ésta sí fue una verdadera reunión latinoamericana, es decir, el coloso del norte y Canadá no estuvieron presentes. Este dato puede ser visto o interpretado de diversa forma, pero la cuestión de fondo es que comienza a verse una luz en el camino histórico de nuestras naciones que siempre han estado a la sombra del “gendarme universal”. No es una estridencia, ni una exageración esto que se está afirmando, ya hemos comentando el peso que tiene en la toma de decisiones la figura de Estados Unidos en nuestros contornos. Así, pues, estamos viendo una realidad distinta y un camino nuevo en la integración regional.

Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe

“Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe” celebrada en la Riviera Maya. Foto: Especial.

Formalmente se ha creado una instancia nombrada: Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, asunto nada sencillo, por los antagonismo creados, ficticios, simulados, a la vez que la dispersión y las luchas entre nuestros pueblos nos habían puesto en una senda que hacía casi imposible pensar en ese gran proyecto unionista como el que se está lanzando a partir de esta cumbre. En este sentido, se pueden proponer dos ejemplos elocuentes de esta dispersión generada por intereses foráneos y cercanos, el primero: la llamada “balcanización” centroamericana al final del régimen colonial con la creación de los Estados nacionales dio como resultado la fragmentación en una serie de países, donde se discutía su posibilidad y viabilidad, a la vez que su consolidación fue ardua y en extremo compleja, hasta el punto en que la célebre figura del prócer hondureño Francisco Morazán abogaba tenazmente por la unión de Centroamérica en la primera mitad del siglo XIX. El segundo ejemplo fue la “Guerra del Pacífico” de 1879 a 1883 entre Chile y Perú-Bolivia, también conocida la “Guerra del Guano y el Salitre” con la descarada intromisión de la Gran Bretaña, apoyando logística y militarmente a los chilenos hasta el punto que salieron victoriosos de la contienda, ¿todo por qué? Porque el guano se había constituido en un fertilizante codiciado y materia prima para los ingleses.

En las actuales discusiones sobre la integración latinoamericana se olvida, con frecuencia, la larga tradición que, desde el período independentista, comprueba la existencia de interrumpidos empeños de solidaridad y unificación. La reconstrucción histórica de aquellos esfuerzos, que no se limitaron a Bolívar o Martí, adquiere significado actual en la medida en que hoy permite apropiarnos, racional y responsablemente, de las exigencias de un pasado ineludible.

Ricaurte Soler

Así, pues, podemos ver hacer un recuento casi ad infinitum sobre estas intromisiones, rencillas, luchas, separaciones y conflictos a lo largo y ancho de nuestra geografía continental. Por ello se afirma que este evento se ha constituido en un “parte aguas” en la historia latinoamericana, el llegar a acuerdos de este nivel, entre otros asuntos, muestra la madurez y la capacidad que van adquiriendo nuestros pueblos y sus gobiernos. Esta es una de las notas relevantes de esta reunión.

En este sentido, se pueden abonar más elementos para la reflexión, uno de ellos son los propósitos y los alcances que se han planteado entre otros: el impulso a los procesos democratizadores en la región, el respeto por las soberanías y las riquezas naturales de los respectivos países. Uno de los más importantes es el impulso a la integración regional, que es una cuestión fundamental para que se avance sustancialmente en este proyecto de unidad, así como para tener mayor presencia como bloque en el escenario internacional. Estos y otros propósitos se ha impuesto esta comunidad de Estados latinoamericanos y caribeños. Como se podrá observar es una agenda amplia, intensa, abigarrada que muestra una dimensión y una visión más clara de nuestra posición en el contexto histórico contemporáneo.

Por otro lado, se debe decir que este vasto ejercicio de reflexión y asunción de compromisos permite abrigar esperanzas fundadas en un camino real de integración, exigencia planteada por los próceres desde hace doscientos años, que comienza con la gesta independentista y se continúa a lo largo de nuestros procesos de configuración y consolidación estatal. Es decir, no es gratuito, ni un prurito que se pueda formalizar esta comunidad, porque hemos ido cayendo en la cuenta que sin unidad e integración el camino es y ha sido azaroso y complejo. Esto también implica asumir y respaldar demandas colectivas y regionales que impacten de forma directa en nuestra geopolítica continental.

Este punto es medular si deseamos tener una perspectiva más clara de cara al futuro. Sobre esta cuestión, no hay que perder de vista que la presencia norteamericana ha sido una lastre y una carga muy pesada por lo que ha implicado en el nivel colectivo.

Uno de esos apoyos es el acompañar consecuentemente la demanda argentina en relación con el conflicto que tiene con la Gran Bretaña en torno al archipiélago de las Malvinas, que incluso tuvo de por medio una guerra entre ambos países. Esto es, respaldar regionalmente las demandas y los intereses de nuestros países, ésta es una cuestión central si en efecto queremos visualizar esa unidad latinoamericana.

Las reflexiones propuestas, de ninguna forma deben ser vistas como un “soltar las campanas a vuelo”, ni hacer “cuentas alegres de un futuro luminoso”, se está al inicio del camino, los obstáculos y las diferencias siguen siendo muchas y de diversa profundidad, sólo es cuestión de ver el altercado que tuvieron los presidentes de Venezuela y Colombia donde se recriminaron asuntos de diversa índole, y por cierto, no en muy buenos términos. Para el presidente boliviano, Evo Morales es una clara muestra de la injerencia y las posiciones encontradas que todavía existen en nuestra América.

Sobre este punto no hay que olvidar que los proyectos y las visiones de ambos mandatarios sobre sus países y sobre el contexto latinoamericano son realmente opuestos, uno, el venezolano, en marcha a lo que se ha denominado la gran revolución bolivariana; y el otro, el colombiano, con la reciente aceptación de las instalación de bases militares norteamericanas en su territorio, lo que se ha constituido en una posible fuente de inestabilidad por los efectos que dichas bases puedan ejercer a hacia los países sudamericanos, y no exclusivamente en Venezuela.

Saludemos con beneplácito la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños deseando que se constituya en el primer paso sólido y firme de la gran unidad latinoamericana que históricamente ha necesitado y requerido nuestra América para el bien y desarrollo de nuestros países en pie de igualdad con el resto de mundo, y donde dejemos de ser el “furgón de cola” de los Estados Unidos. ¡En hora buena!

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comentar

Agrega tu comentario debajo o deja un trackback desde tu sitio web.

 Suscríbete a los comentario para recibirlos en tu lector RSS.

Se pide que los comentarios se hagan con respeto, para evitar que sean editados.

* campos requeridos

Comentario

¿Quiéres recibir nuestras actualizaciones por e-mail?

Simplemente ingresa tu dirección de correo en la casilla siguiente, aparecerá una ventana confirmándote tu suscripción. A partir de ese momento recibirás un correo electrónico con las últimas noticias.

Ingresa tu e-mail:

Actualizaciones entregadas por FeedBurner