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Uruguay y su prócer Artigas

| 22 marzo 2010 | Desde Nuestra América | 413 vistas | 1 comentario

Oscar Wingartz Plata*

Desde hace unas entregas nos hemos dado a la tarea de presentar y analizar diversos aspectos y coyunturas de nuestra América, esto con el propósito explícito de reflexionar críticamente nuestra revolución continental, la cual estamos celebrando, al menos, en nuestro país de manera medrosa. Se hace mención de este dato porque a lo largo y ancho de nuestra geografía latinoamericana hubo acciones y personajes dignos de todo nuestro respeto y consideración. Uno de ellos es el que en esta ocasión nos convoca: José Gervasio Artigas, líder la revolución agraria en el Uruguay, mejor conocida como la “Banda Oriental”, así como héroe de las autodenominadas Provincias Unidas del Sur en la gesta independentista contra el dominio español en mayo de 1811.

José Gervasio Artigas

"El oriental” busca refugio en el Paraguay, de aquí se desencadenará la definitiva independencia del Uruguay, un lustro después. Imagen: encontrarte.aporrea.org

Parte del ideario político-social de Artigas era de largo alcance, ya que incluía, la independencia del sur de Brasil, la llamada Mesopotamia, esto es, la confluencia de los ríos que desembocan en el enorme Río de la Plata en el Atlántico Sur, así como parte de la pampa argentina. En este orden, no hay que perder vista que tanto la Argentina como el Uruguay en términos muy concretos comparten una misma matriz cultural, étnica, social e ideológica con una sola excepción que los separa precisamente, el Río de la Plata. A partir de estos elementos es que la figura del prócer comienza a tomar estatura y dimensión, entre otras razones porque tempranamente entendió y calibró el peso que estaban teniendo en la contienda independentista los intereses argentinos, esto es, hegemonizar la lucha en beneficio propio. Este es uno aspectos más controvertidos de la lucha sureña, los enfrentamientos entre las élites criollas que pretendían darle su propia orientación y contenido al proceso.

En este conjunto de consideraciones, otro actor de la contienda fue el muy disminuido imperio portugués que, a su vez, “cuidaba” de sus intereses, entre otras cuestiones porque consideraba que el “ajedrez” geoestratégico se movía entre dos facciones, la hegemonía inglesa y argentina. Se muestra este dato, porque mientras los “orientales”, así se les llamaban a los uruguayos luchaban contra la injerencia portuguesa, los argentinos negociaban con el virrey español en la “otra banda”, en Montevideo. Dentro de este contexto es que Artigas levanta la voz autonómica del Uruguay en 1812 hasta 1815. Uno de los puntos centrales de su propuesta estaba dirigida a los terratenientes que los conminaba a trabajar sus tierras, en caso contrario: “las mismas se destinarán a fondos públicos”. Es decir, Artigas ve con suma claridad que la guerra independentista debe pasar por la lucha agraria y su consolidación, en caso contrario quedará a merced de las potencias imperiales por su debilidad, no sólo económica, sino también institucional, ante lo cual la oligarquía declarara al prócer “traidor a la patria”. Asunto paradójico, por no decir, totalmente contradictorio. Nuestro personaje lucha por su independencia y termina siendo tildado de traidor.

En este complejo entramado, los que quieren verse beneficiados sin tener que intervenir son los ingleses que ven esta lucha pingües ganancias, por la venta de armas, el contrabando, y sobre todo, por la anarquía que se pueda desatar, que en términos muy concretos es abusar del caos como aves de rapiña, y el posible sometimiento de la Banda Oriental a sus intereses, que a estas alturas son de múltiple orden. Es decir, los ingleses azuzan a Portugal para que intervenga en el proceso uruguayo buscando sacar “su propia tajada” como ya se comentó. Ante esta situación Artigas inicia una lucha desigual y casi suicida, por el norte, Portugal, por el occidente, la Argentina.

Ante esta realidad “el oriental” busca refugio en el Paraguay, de aquí se desencadenará la definitiva independencia del Uruguay, un lustro después, y más bien por sus seguidores contra la ocupación portuguesa, buscando con ello la reunificación de las Provincias Unidas, como también se le llamaba a la Argentina en ese momento, pero el factor con el que no contaban estos patriotas uruguayos era la acre disputa por el poder en el “occidente” encabezada por los “unitarios” y “federales”, a partir de estas confrontaciones y desazones que los orientales declaran su independencia en 1828. Porque no iban a ser presa de las ambiciones, tanto extra como intra continental.

Es decir, la lucha de José Artigas y los orientales se inscribe en un contexto de por sí desaseado de nuestro proceso independentista continental, que buscando la unidad y el desarrollo de sus pueblos se enfrentó con la mezquindad, la obcecación y la ceguera histórica de los argentinos prohijada por los ingleses, y sus secuaces, los portugueses. Si vemos el asunto con mayor profundidad veremos que la propuesta artiguista tenía una enorme dimensión y proyección histórica, pero en su momento pesó más, la ambición, la avaricia, la incapacidad política y estratégica de sus hermanos “occidentales” que no les dejó otra que buscar su propio camino con sus propios recursos y capacidades. Un dato más de esta historia es que, Artigas siempre tuvo como propuesta fundamental el desarrollo de la Banda Oriental desde su contexto más concreto, la proyección y cultivo del tierra, condición “sine qua non” de su propia sobrevivencia como pueblo y Estado constituido. Lección para ser recuperada por nuestros gobernantes, esto es, saber quiénes somos para no ser siervos ni lacayos de nadie.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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1 comentario

  1. Habiendo asimilado el concepto de que la independencia de un país, depende del esfuerzo de sus conquistadores, se entiende hasta que punto se puede soslayar una explicación
    concurrente.
    Lo que ocurre aquí, es que Artigas no se desalienta ante la posibilidad de luchar, para independizar Uruguay, a pesar de los pronósticos desfavorables, y sin embargo, triunfa
    un tiempo después.

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