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La dimensión social de la educación

| 16 junio 2010 | Desde Nuestra América | 1.870 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

Vamos a proponer una reflexión sobre la función social del conocimiento en sus diversas expresiones y contenidos, tema que los tiempos neoliberales y globalizadores de forma explícita han puesto en una situación en extremo vulnerable, al excluirla o meterla en el “baúl de las cosas políticamente incorrectas”, por considerarla “de mal gusto”, o fuera de lugar. Aunado a esto, está el hecho de que la educación en todo sus niveles se le ha presentado como una variable económica más, y no como lo que es o debe ser: una instancia fundamental en el crecimiento y desarrollo armónico de los seres humanos, a través, del conocimiento y cultivo de sus cualidades.

Dr. José Narro

Dr. José Narro. Foto: www.dalepumas.com

Todo esto viene a propósito del discurso emitido por el Dr. José Narro, rector de nuestra máxima casa de estudios, la UNAM, el pasado 31 de mayo en Guadalajara, Jalisco, en el marco de la Reunión Universia. Esta reunión convoca a todos los rectores de las universidades de Iberoamérica, es decir, de América Latina, el Caribe y la Península Ibérica. Esta clausura tuvo mayor relevancia porque estuvo presente Felipe Calderón, presidente de México.

En dicho evento el rector Narro hizo una serie de planteamientos y puntualizaciones sobre la situación que estamos atravesando como país y como región. Entre otras cuestiones desarrolló una serie de críticas al actual modelo económico-social al afirmar que el verdadero problema de nuestras sociedades es: la ignorancia, la miseria, la pobreza y el dolor de las personas; y no la inseguridad. Los planteamientos propuestos tienen una relevancia enorme, entre otras razones, porque no las emitió “alguien”, las emitió una voz autorizada en el orden académico, con presencia social y con autoridad moral, con pleno conocimiento de causa. Es decir, no lanzó diatribas, ni jaculatorias, ni impugnaciones sin fundamento. Planteó, nuevamente, la más estricta, urgente e impostergable necesidad de proyectar, desarrollar y consolidar el quehacer educativo en todos sus niveles, en particular en el nivel superior, por el bien de la nación y sus componentes esenciales, los ciudadanos.

En este orden, no hay que perder de vista que no es la primera vez que el rector de la UNAM hace este tipo de llamamiento, ha sido parte de una cruzada para hacer ver la centralidad que tiene en nuestros contextos el factor educativo. Más adelante ofrece mayores elementos que abonan en esta dirección al decir que, la solución a muchos de nuestros problemas sociales y económicos están en el impulso a la ciencia, la tecnología, el arte, la cultura porque permite elevar la condición humana en todas sus dimensiones y no seguir atados, encadenados, esclavizados a formas y expresiones socio-económicas que han mostrado su agotamiento y su falta total de elevación espiritual.

Caso concreto, si seguimos por esta ruta lo único que vamos a conseguir es tener seres humanos más alienados, más exclusión, más pobreza, más lacras sociales con las consecuencias que se derivan de este modelo, entre otras, la frustración, las crisis recurrentes, el desempleo, la aceptación acrítica e inconsecuente de una modernidad mal entendida y pésimamente asumida, la desesperanza, la violencia, en definitiva, la aparición de las patologías mentales de diverso orden y profundidad.

Es decir, el rector hizo una disección seria, objetiva, puntual del “orden social” en el que estamos inmersos y los saldos que ha arrojado en nuestras sociedades. Esto de ninguna forma puede ser visto como una impertinencia, es un asunto en extremo grave y problemático, porque no se puede dejar sin esperanza a nuestros jóvenes, a nuestra juventud, esperando que “los tiempos cambien”. Literalmente, no se puede dejar a su suerte a nuestra juventud. En este punto, también hizo una defensa inclaudicable de la universidad pública. Esta defensa tiene su sustento en los más elevados principios de justicia, equidad e igualdad, esto es, el conocimiento, la ciencia, las humanidades, la educación es un bien social que no puede ser enajenado por una camarilla de “iluminados” que dictaminan quien debe ser “bendecido” por el conocimiento y la ciencia en sentido amplio.

Esto que se está mencionando tiene un peso específico, propio, porque se proyecta más allá de lo educativo en sentido estricto, tiene una dimensión que abarca y contiene lo que se ha llamado con absoluta pertinencia, el proyecto de nación. No en balde este ha sido uno de los pilares de nuestra conformación histórico-social, la forma o la manera en que vemos a nuestro país con sus elementos y conceptos fundamentales. Se puede plantear este asunto de la siguiente forma para ser más explícitos: la educación en términos concretos, es un bien nacional, no es privilegio de una casta, de una clase social, de unos cuantos, no es una mercancía, tampoco es objeto de consumo como si uno fuera al supermercado a comprar algo para satisfacer necesidades individuales, de aquí se sigue la insistencia y la urgencia de poner a la educación en el justo lugar que merece y le corresponde.

Como se podrá observar, los planteamientos vertidos por el Dr. Narro muestran la dimensión y el peso que debe tener esta instancia entre nosotros, en sociedades como las nuestras, también llamadas pomposamente, “en ascenso”, “de desarrollo medio”. Este llamado implica entre otros factores romper con paradigmas, visiones, ideas, concepciones, con “verdades” consideradas “inamovibles”, con actitudes preconcebidas que no dejan margen ni espacio a nuevas ideas y propuestas. En el fondo es construir las nuevas coordenadas de una sociedad distinta, diferente donde el factor humano sea la prioridad, lo que determine el resto de nuestras acciones y proyectos.

Finalmente, no hay que pasar por alto una cuestión que central en estos tiempos, en la era de la información, la informática, la cibernética uno de sus contenidos básicos es precisamente el conocimiento que se tenga de ella, las habilidades que se adquieran para tener acceso a formas y condiciones de vida y conocimiento que en este momento sólo unos pocos tienen, es decir, seguimos reiterando el mismo patrón, el privilegio de unos pocos que le imponen sus códigos, sus ideas y sus visiones al resto por carecer de los insumos, las condiciones y las posibilidades de acceder a esos conocimientos. Si podemos revertir este ciclo histórico con base en conocimiento estaremos objetivamente viendo la posibilidad de superar el estado de postración en el que nos encontramos. Lo planteado por el rector tiene una profundidad y una complejidad manifiesta que debemos reflexionar y asumir consecuentemente por el bien de nuestras sociedades. De aquí surge la dimensión social de la educación y el conocimiento en todos sus niveles.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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