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Transparencia (Sobre usos y abusos de las becas)

| 7 junio 2010 | El ahorcado del lunes | 168 vistas | comentarios

Eduardo Garay Vega

No hagas cosas buenas que parezcan malas ni hagas cosas malas queriéndolas pasar por buenas. Así dice el refrán que se puede aplicar a lo sucedido con el otorgamiento de becas y estímulos que ha dado el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y que, ahora resulta, está siendo duramente cuestionado.

Becarios

SE DEBEN PRESENTAR de manera clara y completa no sólo quiénes son los ganadores, sino en qué consisten los proyectos y los alcances que proponen obtener con el estímulo. Imagen: Especial.

Podemos empezar por lo último, o sea el resultado, para después profundizar mínimamente en estos problemas. Nadie duda de la calidad de los proyectos y artistas beneficiados, Dios nos libre, o por lo menos nadie lo cuestiona por escrito y de manera pública; las interrogantes vienen a ser más de índole sobre los criterios de exclusión. A nadie le queda claro por qué un proyecto es rechazado. Yo entiendo que a nadie se le quiere decir que es muy malo, pero hay maneras: se puede resaltar la falta de fuerza o impacto de un proyecto muy sencillo; quizá dar una mínima explicación de lo irrealizable de una propuesta o, como último recurso, buscar apoyo en los famosos criterios subjetivos de los jurados calificadores. Siempre queda el recurso de alabar todos los proyectos y destacar los méritos de quienes resultaron ganadores, haciendo mención a la desgracia de vivir en un país que no puede apoyar a todos sus artistas. Para lograr esto se deben presentar de manera clara y completa no sólo quiénes son los ganadores, sino en qué consisten los proyectos y los alcances que proponen obtener con el estímulo.

Así, el tan cuestionado Apoyarte a Separata podría decirnos cuántos números van a sacar, si la revista (¿?) va a mutar en algún tipo de proyecto editorial serio o, de plano, si está buscando una marca de becas estatales mínimamente requerida por alguna dependencia que subvenciona revistas literarias. O en esta explicación pública alguien puede dar a conocer en qué consiste el apoyo para Querido Diego, te abraza Quiela, cuando es una obra que ya se llevó a escena financiada, no sé si en su totalidad o solo de manera parcial, por el propio IQCA. Creo que no es demasiado una explicación clara de cuál es la producción esperada para que, así, todos los interesados puedan constatar los logros de los proyectos premiados y una idea clara de cuál es nuestro fallo para no ser ganadores de tan importante reconocimiento.

La otra crítica tiene más que ver con un asunto de carácter institucional. Por encima de sus golpes de pecho y la barbaridad de escupir al cielo, el tocayo tiene razón: ¿cómo es posible que un miembro de la comisión organizadora sea jurado y parte integral de uno de los proyectos beneficiados? Hay que dar a conocer el acta, si es que existe, que levantó la comisión en la que se relata la explicación que da Miguel Aguilar, si es que existe. Él dice que dijo y que nadie objetó su dicho. Hay que consignarlo. Como también hay que difundir el acta por el cual la comisión organizadora decide no buscar otros jurados cuando, por lo menos uno de ellos, estaba imposibilitado a serlo. También debe ser clara la explicación de por qué no se renovó la comisión organizadora y hasta cuándo seguirán siendo los mismos. Mundanamente, no estaría de más dar a conocer los requisitos para ser miembro de tan trascendente organización y el pago correspondiente.

Esta transparencia, que puede realizarse subiendo a la página de internet del IQCA todas las cosas antes expuestas, también aplica para todos y cada uno de los estímulos que ya otorgan las oficinas a cargo de Laura Corvera. Por ejemplo, en el caso de la Asociación de Escritores en que participo, nadie tiene problemas para que señale públicamente cuál son los apoyos otorgados a la fecha. No hay nada que esconder. Todos tenemos derecho de enterarnos cuánto nos cuesta, de nuestros impuestos, traer a un escritor a dar un taller, el valor institucional que tiene un festival de dramaturgos, el costo por función de una obra de teatro que tiene temporada de cuatro representaciones, el monto de los viáticos para ir a presentar a un cuate en Guadalajara o Canadá… Así, para todos sería muy claro entender cada que aparece el logotipo institucional en qué consiste el apoyo, cuánto ha costado al erario público una obra de teatro, qué objetivos tenía, qué tanto avance se ha tenido y si verdaderamente se realiza lo que se viene pregonando para conseguir un “apoyo digno” a una muy necesitada y sentida “comunidad cultural”.

Con este tipo de explicaciones públicas, claras, a las que todos podemos tener acceso, va a ser más fácil entender los requisitos para obtener la beca Julio Figueroa. Por lo menos a mí me interesa saber cómo le hago para obtener un estímulo de 8 mil pesos para sentarme a escribir.

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