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Ser millonario es una carga muy pesada

| 12 julio 2010 | Desde Nuestra América | 73 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

Fue en extremo estimulante leer un artículo del maestro Marcos Roitman, que expresa una serie de realidades con una ironía fina, delicada, jocosa, de buen gusto, lo que muchos de manera callada, velada, y a veces no tan silenciosa dicen de la plutocracia en relación con sus conductas, sus formas de ser, de expresarse, de manifestarse en contextos como los nuestros. Esto viene a cuento por un asunto que desde hace tiempo el resto de los mortales se pregunta ¿qué con los ricos ante una situación como la presente?, es decir, ante la recesión, la crisis del sistema financiero, la ruptura de los circuitos especulativos. En fin, ante de la crisis del capitalismo.

Plutocracia

Imagen: Especial.

Una respuesta es la actitud farisaica, el rasgamiento de vestiduras, la simulación, el culpar a todos, menos a sí mismos. Ellos que se desviven por construir una sociedad armónica, pacífica, ordenada, donde los conflictos sean resueltos por la vía del diálogo, la negociación, la concertación, esto es, por los caminos que no pongan en riesgo su modus vivendi. Porque lo contrario es, lo más impensable de lo impensable, es decir, que la población se alborote, se desasosiegue, se acelere, entre en efervescencia. Todo esto es parte de la comprensión que tienen del mundo, de la vida, de sí mismos, de su entorno, que ni remotamente se asemeja a los que están más abajo, en otros espacios, en otras esferas, en otros estratos, caso concreto, los trabajadores, los asalariados, los desempleados, los campesinos donde su esperanza, su perspectiva de vida está sostenida literalmente por alfileres. Su propia vida se balancea en un ir y venir que pende de políticas y acciones que ponen su existencia al borde del precipicio.

Otra respuesta es el clásico apuntar con el dedo a los gobiernos por su incapacidad para sortear el vendaval, que los muestra como víctimas propiciatorias, a la vez, ellos mismos se sienten objetos de este mar revuelto, porque se muestran afectados por todo lo que sucede, pero ¿cuál es su respuesta, sus razones?, pues, la más obvia, “la más sana”, la más recomendable: congelar los salario, las pensiones, despedir gente, restringir la inversión pública, contraer el mercado laboral, en una palabra, reducir el déficit fiscal. Esto es lo que “el librito” dice en casos de colapso. Ante todo hay que “guardar la compostura”.

Esto que se está exponiendo no debe verse como una expresión desproporcionada de esta clase social que durante siglos se ha mantenido “en el comando de las acciones”, esto es, la burguesía históricamente siempre se ha cubierto la espalda, no es nuevo, es el pan de cada día, si no fuera de esa manera hace mucho tiempo que habría desaparecido como clase. Esto precisamente lo decía “el moro”, es decir, Marx en uno de sus tantos análisis sobre orden capitalista al afirmar que la clase que detenta los medios de producción, es la clase que “impone las reglas del juego”. Pero ¿cuáles son algunas de esas reglas? Ellos dicen cuales es el salario, las formas de contratación, las condiciones laborales, en definitiva, ellos dicen qué, cómo y cuándo; y si no están de acuerdo, pues, hay un ejército de reserva inagotable del cual echar mano a “cada paso del camino”. Esto también significa tener un orden social, político, económico e ideológico a su estricta medida, es decir, a su imagen y semejanza, ¡no podía ser de otra manera!

Esto tiene infinidad de formas de expresión, lo que nos llevaría a un análisis serio, riguroso y profundo del modo de producción capitalista desde diverso ángulo, vertiente y nivel. No es tarea sencilla, y más ahora, que se ha tendido una espesa cortina de humo sobre el pensamiento progresista, al tildarlo de violento, desaforado, fuera de tiempo, de “mal gusto”, “políticamente incorrecto”, etc., etc. Es en este sentido que el maestro Roitman muestra “esta cara de la burguesía”, un rostro que gesticula, simula, hace muecas, hacer caer sobre otros sus propios errores y desvaríos, al decir: “En estos momentos se sienten observados, criticados, maldecidos por quienes no comprenden lo difícil que es elegir entre comprar un reloj de diamantes y uno platino. La verdad, son auténticos sufridores. […] No cabe duda, la vida de los ricos está llena de sinsabores.” [La Jornada, 26/06/2010]

Aunado a estos elementos, está el hecho de que la filantropía, la beneficencia, los “actos de caridad” son simplemente una “cafiaspirina” ante una situación socio-histórica que los desborda y nos desborda por todos lados. Es decir, no son suficientes estos gestos que se muestran como simulación, golpes de pecho, rasgamiento de vestiduras. Los actos efectivos para superar las contradicciones que nos muestra este orden social van mucho más allá de estas gesticulaciones. En el fondo estos gestos siguen un patrón bien pensando y deliberadamente ejecutado, este es, la llamada “obra social”, la filantropía, la beneficencia tiene sus recompensan y compensaciones, porque desgrava y facilita –una vez más- el patrón de acumulación, así como el incremento del capital. ¡Todo embona a la perfección!

La pregunta de rigor es ¿qué hacer con los ricos? Porque parece que sus acciones, sus actos, su actuación en el mundo muestran un caudal de virtudes que el resto no alcanza a entender, y menos, interpretar. Si vamos a fondo veremos que están llenos de cualidades y bondades por el simple hecho de acumular capital, desbordan un espíritu de desprendimiento y entrega hacia sus semejantes que literalmente nos abruma y sobrecoge. Por ello el cuestionamiento. Esta clase por lo que se ha venido exponiendo conjuga un cúmulo de condiciones que sería impensable este mundo si su presencia, ¿qué sería de este mundo sin la plutocracia? Es una pregunta compleja. A pesar de sus “errores”, sus “debilidades”, sus “limitaciones” debemos ser comprensivos y tolerantes, al fin y al cabo, también son humanos. Cerraríamos esta reflexión haciendo nuestro el planteamiento que nos hace el maestro Roitman al decir: “Debemos dejarlos en libertad para practicar los pecados mundanos. [..] Su vida está llena de peligros y encima son unos incomprendidos”.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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