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Notas sobre Centroamérica (Primera Parte)

| 26 julio 2010 | Desde Nuestra América | 61 vistas | comentarios

Oscar Wingartz Plata*

En días pasados fuimos invitados a participar en el X° Congreso Centroamericano de Historia organizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, campus Managua, en consecuencia, tuvimos la oportunidad de visitar ese bello y cálido país azotado por calamidades de diversa índole.

Nicaragua

Imagen: malvinense.com.ar

En este orden, considero pertinente desarrollar una serie de ideas que contribuyan a un mayor conocimiento y esclarecimiento de esas realidades, a la vez que generar una adhesión consecuente y solidaria. De entrada debo decir que mi estimación y acompañamiento más profundo han estado con esta pequeña nación centroamericana desde hace mucho tiempo, ésta se remonta hasta el proceso revolucionario vivido por el pueblo de Diriangen al que tuve el privilegio de conocer, estudiar, reflexionar y analizar siempre con una actitud consciente de contribuir desde mis conocimientos en la solución de su ingente precariedad. Por otro lado, no es ninguna exageración afirmar que históricamente ha existidon y existen enormes muestras de fraternidad y cercanía entre nuestros pueblos por considerarse próximos.

Así, pues, una primera idea puede ser formulada a manera de pregunta ¿qué ha sido de Nicaragua en las dos últimas décadas? Sólo por tener un referente, se puede decir que han sido arduas, complejas, difíciles como un prolongado impasse de tiempo donde los ajustes, los cambios, los reacomodos en diverso nivel han estado a la orden del día.

En el plano nicaragüense, la crisis múltiple que estamos afrontando, a pesar de su complejidad, es la expresión de causas más profundas que subyacen a los fenómenos visibles e inmediatos a través de los cuales se expresa: la ruptura del tejido social, la sociedad disociada. […] En la cúpula política se vive la experiencia de problemas que, en buena parte, conciernen a la lucha por el poder, pero que, en mucho casos, resultan indiferentes para la mayoría de la población, agobiada por el desempleo, el hambre, la falta de vivienda y de servicios básicos como la salud y la educación entre otros.

Alejandro Serrano Caldera

En todo esto no hay que olvidar que este país en la década de los ochenta del siglo pasado vivió una revolución vanguardizada por el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) en su doble dimensión político-militar, la cual se caracterizó por circunscribirse en la llamada “lógica” de la ‘guerra fría’ que le dio contornos y connotaciones específicas hasta el punto en que el gobierno norteamericano encabezado en ese momento por Ronald Reagan centró toda su atención política, diplomática, financiera, militar y estratégica hacia este conflicto con los saldos ya conocidos, es decir, una devastación impresionante de la cual no se ha levantado. Las secuelas de la guerra de liberación como también se le nombró siguen presentes. Sobre este punto no es desproporcionado afirmar que Estados Unidos literalmente los despedazó material y espiritualmente, es más, el mismo Canciller de la República, el padre Miguel D’Escoto en cierta ocasión afirmó, al saber de la muerte de Reagan que fue “el carnicero de su pueblo”. Pueden parecer expresiones duras, pero no está lejos de la verdad el padre D’Escoto.

Entre otras razones, en el contexto de ese conflicto la Corte Internacional de La Haya falló a favor de Nicaragua por lo cual tendría el gobierno norteamericano que indemnizarlo por gastos y reparaciones de guerra, pero ¿qué hizo Estados Unidos? Hacer caso omiso, “brincándose a la torera” el orden internacional, en su carácter normativo y legal, es decir, le importó un comino la ley internacional, siguió con su guerra de agresión, no sólo contra Nicaragua, sino contra toda la región centro-caribeña hasta llevar a un punto sin retorno a la Revolución Popular Sandinista, y posteriormente, El Salvador. Es parte de una historia que todavía tiene claro-oscuros profundos y contradictorios.

Una segunda idea estaría marcada por el proceso posterior, esto es, formalmente, la revolución concluye con el cambio de gobierno en 1990, el fin del “Movimiento de Masas”, cuya figura visible fue Violeta Barrios viuda de Chamarro que asume la presidencia de la República en medio de una polarización social e ideológica impresionante, hasta tal punto que en el ambiente se sentía, se palpaba la confrontación. La señora Barrios fue una figura emblemática, simbólica por todo lo que había representado su esposo, el periodista Pedro Joaquín Chamorro, un férreo opositor al dictador Anastasio Somoza y sus turiferarios.

Es decir, el cambio de gobierno y de régimen como algunos han llamado a esta etapa de la historia nicaragüense estuvo marcado por una serie de “líneas” que le van a dar el tono a las acciones y actuaciones de su gobierno, entre otras, la aplicación a “sangre y fuego” del orden neoliberal, si vemos esta cuestión con mayor cuidado y profundidad estaremos ante un espectro socio-histórico en extremo complejo, esto significó, pasar de un proceso revolucionario con cierto tintes radicales, es decir, con cierta tendencia hacia un régimen socialista a un orden social conservador, llamado de corte liberal. Esto es, pasar de “sartén al fuego”. Como se decía más arriba, esto es realmente complejo, porque rompe con todo los esquemas “lógico-formales” de la política.

Lo más abrupto es que se pasó sin mediación de ningún tipo de un régimen socio-político a otro de signo contrario sin los puentes que le dieran “cierta” coherencia a esta historia. A partir de estas primeras ideas podemos ir teniendo una idea más clara y aproximándonos a una propuesta interpretativa de este proceso, y el por qué de sus sinsabores. También se debe mencionar un elemento que está como telón de fondo de esta compleja trama, la actuación a veces velada, y a veces no tan velada del gobierno norteamericano que ha movido el escenario en función de sus intereses geo-estratégicos. Sería una ingenuidad decir o creer que no han tenido nada que ver en esos desenlaces.

En este orden se puede decir que Nicaragua está viviendo una situación paradójica donde la decadencia, el retroceso y la pretensión de eliminación de un proyecto socio-político ha sido la nota relevante. Otro elemento que es necesario mencionar, se refiere al cambio de coordenadas históricas, esto significa, el fin de la revolución coincide por esos vaivenes de la realidad con una serie de elementos que se articulan de forma casi paralela, dan como resultado el término de una era o etapa, para el caso que se está comentando, con la caída del llamado “socialismo real”, se derrumba el campo socialista que era de alguna forma al que se adhería la revolución nicaragüense, y de ahí al colapso.

Entre otras cuestiones, porque estructuralmente no estaba en condiciones de asumir la complejidad de su propio proceso que los fue arrinconando y con ello cediendo espacios a la derecha, o como lo mencionan los propios nicaragüense, dándole paso a la restauración neosomocismo expresado en una primera instancia en la UNO (Unión Nacional Opositora) un amasijo de fuerzas políticas que se organizaron con un propósito explícito, tácito, de desplazar al sandinismo, y lo lograron en las célebres elecciones del 90, ya comentada, que dio como resultado la pérdida del poder por parte del FSLN; posteriormente, el PLC (Partido Liberal Constitucionalista) cuya figura más conspicua fue el ex presidente Arnoldo Alemán, actualmente bajo proceso, y políticamente defenestrado. Este es un tramo de esta azarosa historia nicaragüense.

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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