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¡Vaya susto¡

| 26 julio 2010 | En Pocas Palabras | 121 vistas | comentarios

Aderak Quintana Estrada

A principios de año la publicación británica The Economist por medio de la agencia de investigación Economist Intelligence Unit se propusieron la difícil tarea de identificar el peor país del planeta. En años previos el peleado galardón se lo había llevado Afganistán y Turkmenistán. Este año el premio lo obtuvo el país que se encuentra acosado por una guerra civil, pobreza abrumadora, piratería en el Golfo de Adén y un gobierno central casi inexistente, en pocas palabras un Estado fallido. Por supuesto, estamos hablando de Somalia.

Somalia

Imagen: picsdigger.com

Es impensable que México sea un Estado fallido. En primer lugar no tenemos una guerra civil, por el contrario, tenemos una guerra contra el narcotráfico que genera un ambiente de seguridad como nunca antes. El resultado de la guerra se ha traducido en más de 15 mil muertos. Entre las victimas podemos encontrar civiles, narcotraficantes, militares y policías, por si fuera poco la guerra ha ido acompañada de un número considerable de violaciones a los derechos humanos. Como resultado el problema no tiene ni pies ni cabeza.

Tampoco nos debe preocupar el tema de la pobreza abrumadora. En los últimos años se estima que el 55 por ciento de la población vive en la situación de pobreza, algo así como unos 60 millones de mexicanos. Uno de los principales motivos del incremento ha sido el inadecuado manejo del sistema económico, tan sólo en el 2009 la ineptitud expulso a cerca de un millón de mexicanos al desempleo, sumados al millón de jóvenes que se incorporan al mercado anualmente. Ahora se cree que con una reforma laboral y una guerra mediática se solucionara el problema del desempleo.

Mucho menos nos debe preocupar la existencia de piratas, a pesar de que tenemos acceso a dos océanos, este asunto es cosa del pasado. Los grandes empresarios nacionales y extranjeros se adueñan de la riqueza nacional, gozan de exenciones fiscales y de privilegios legales. Los privilegios más detestables son los que tienen que ver con la contratación laboral. Muchos trabajadores son presas de la flexibilidad laboral y viven una situación precaria, como resultado los empresarios se enriquecen a costa de la explotación de sus trabajadores, todo bajo el respaldo de las leyes aprobadas, interpretadas y defendidas por los (des)gobernantes.

En relación al problema de un gobierno central casi inexistente, en México ésta situación es un tema de nula preocupación. En nuestro país los integrantes del gobierno federal, Presidente y gabinete incluidos, gozan de fuerte liderazgo, son carismáticos y ostentan una buena capacidad negociadora. Esto se ha hecho patente en la forma de resolver los principales problemas sociales, económicos y políticos, siempre anteponiendo los intereses de la mayoría de los que habitamos este país.

Haciendo un breve análisis sobre la posibilidad de estar en medio de un Estado fallido, los resultados nos arrojan la inmediata reacción de rechazar tan espantosa idea. Nuestro Presidente tiene toda la razón cuando asegura que “México no es un Estado fallido”. No hay de que preocuparse, sigamos disfrutando y viviendo de las bondades que nos brinda el sistema político y económico mexicano, lo demás es parte de una película de terror que puede asustar a cualquiera.

Correo electrónico: lak.quintana@gmail.com

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