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¡Larga vida a la Universidad de la Nación¡

| 4 octubre 2010 | Desde Nuestra América | 43 vistas | 1 comentario

Oscar Wingartz Plata*

El 22 de septiembre pasado vivimos un acontecimiento que puede decir mucho o poco a mucha gente, pero sin lugar a dudas es innegable, nos referimos al Primer Centenario de la Universidad Nacional Autónoma de México, pilar fundamental de la educación pública en nuestro país. Este evento sintetiza la marcha de la universidad mexicana desde su creación hasta el presente. Si hacemos un seguimiento puntual de su proceso debemos decir que ha sido una institución privilegiada al ser testigo inobjetable de la evolución histórica de nuestra nación. Fundada en el siglo XVI como Real y Pontificia Universidad de México, que se pretendía “rivalizara” con la de San Marcos, de Lima, Perú, su refundación en el Centenario de la Revolución de Independencia con el maestro Justo Sierra como su primer rector y consolidada a través de su autonomía en el gobierno de Emilio Portes Gil al conferirle su Ley Orgánica. Esto grandes trazos muestran el camino seguido por nuestra universidad, y lo que significa o debe significar para nuestro México. Sin exageraciones ni estridencias debemos estar orgullosos de tener una institución de este nivel, de esta calidad y de esta proyección.

UNAM

Foto: www.solucionpolitica.com

La trascendencia de este acto va más allá de unas efemérides como el simple recordatorio o una celebración más. Es uno de los capítulos centrales en la vida de nuestra nación. No es cosa sencilla decir o afirmar que una institución educativa sobreviva durante tanto tiempo, sobre todo, con tan enorme fruto y fecundidad. Nuestra universidad recoge y acumula la historia de México. Esto se ha conseguido a partir de sus funciones y quehaceres fundamentales: impartir docencia, investigar, que en términos concretos es generar nuevos conocimientos, así como difundir esos conocimientos y las creaciones artísticas, o también llamadas del espíritu. Esta tarea se ha realizado por años, lustros, décadas y siglos. Entre otros muchos logros esta es la relevancia de esta celebración.

En estas consideraciones, una que tiene una dimensión central es ¿cómo se ha llevado a cabo esa ingente labor? ¿Cuál es el sustento último de ese quehacer? Ese sustento es la Autonomía. Esto puede sonar abstracto, etéreo, volátil, pero si lo ponemos en su justa dimensión es el fundamento de la educación pública en el nivel superior, esto es, el pleno derecho de exponer, mostrar, debatir e investigar en cualquier esfera y espacio del conocimiento y de la realidad humana y natural. La autonomía es el gran logro de la universidad en su historia reciente. Esto significa que si no tuviéramos autonomía la enseñanza sería un lastre, una carga, y no lo que debe ser, la liberación de los seres humanos. Este logro viene acompañado por otros, como el derecho a desplegar a cabalidad las capacidades, talentos y cualidades humanas de los hombres y mujeres que han pasado por sus aulas.

El proyecto definido por Justo Sierra creó una institución fundamental para que México se modernizara, para que el México de antes de la Revolución transitara a la de hoy. Por ello, creo que con justeza se puede afirmar que la nación no sería la misma sin su universidad, como igualmente se puede sostener que ésta tampoco sería la misma si no hubiera estado tan estrechamente vinculada a la sociedad de la que es parte, a sus necesidades y anhelos. El vínculo de la UNAM con el país es la mejor muestra de la razón que Justo Sierra tenía al pensar que México necesitaba una institución liberadora, capaz de darle emancipación mental; una institución que le diera sustento a su modernización y progreso material.

José Narro

La universidad no puede ser concebida sin esta dimensión sustancial de su quehacer, la libertad de pensamiento, significa la a elevación de los seres humanos en todas sus dimensiones. Una institución de educación superior que coarte esta esfera, simplemente está simulando que desarrolla sus funciones. La libertad de enseñanza ha sido una lucha incesante a través de la historia de la educación, en particular, de la enseñanza universitaria, sin libertad de pensamiento, de enseñanza no se genera conocimiento, lo que se da son copias, repeticiones, estancamiento, parálisis, en definitiva, retroceso en el pensamiento y en el conocimiento. Por esto, la universidad se debe constituir en el núcleo de la reflexión y la generación del conocimiento. Estos objetivos se van a lograr, si es respetada, impulsada y promovida.

Otro punto relevante de esta celebración es el sentido mismo que tiene y ha tenido la universidad entre nosotros. La universidad tiene entre sus quehaceres fundamentales, la construcción no sólo del conocimiento, sino, promover la elevación espiritual y material de su sociedad, por medio de sus funciones sustantivas. Esto implica generar un espacio de reflexión crítica, abierta donde se puedan debatir y discutir los grandes problemas nacionales como lo expusiera en su momento Andrés Molina Enríquez. Este debería ser uno de los quehaceres que mayor impulso debe cobijarse en nuestras instituciones de educación superior, ejercitar la crítica como forma de superación de nuestros conflictos, limitaciones y rezagos. Donde el ejercicio reflexivo implique análisis, estudio, visión de futuro y proyección social. Tampoco se puede concebir a la universidad sin su espacio natural, la sociedad, es precisamente donde debe encaminarse su trabajo, la búsqueda de sociedades más humanas, más plenas, más libres, más responsables.

Con justa razón, el rector Narro afirmaba que una de las aportaciones más evidentes de la universidad al desarrollo del país ha sido la preparación de millones de jóvenes en sus diversos niveles, al abrirles la puerta del conocimiento a todo el llamado espectro social. Este elemento tiene una enorme relevancia porque sin preparación es imposible pensar en el progreso material y espiritual a través del cultivo, desarrollo y profundización de las ciencias y las humanidades. En este punto, el rector volvió reiterar el llamado que con tanta insistencia ha estado haciendo al decir: “Es hora de reconocer que muchos de nuestros problemas, los históricos y los derivados del propio proceso de modernización no tiene solución si seguimos por el mismo camino, si no se efectúan las reformas de fondo, si no se ponen en práctica políticas alternativas, si no se imagina y traza un nuevo proyecto de nación”.

Más adelante, hace una serie de afirmaciones que tocan la médula de nuestra situación actual, que no debe molestar, escandalizar o incomodar a nadie, son realidades palpables y evidentes: “Debemos dar el gran salto del México desigual a uno con equidad, solidaridad y justicia social, donde la opulencia y la miseria se moderen como planteó Morelos hace 200 años. Los derechos sociales para todos los mexicanos son, hoy por hoy, condición básica para avanzar hacia el país que todos anhelamos. No basta con que dichos derechos se enuncien en el texto constitucional. Debemos avanzar y hacerlos exigibles”. (La Jornada, 23/09/2010).

En estas afirmaciones hay una que tiene un peso específico, el proyecto de nación. Este punto es de una enorme trascendencia, en términos concretos, claros, explícitos significa: ¿Qué país anhelamos y deseamos en el futuro inmediato? ¿Qué deseamos privilegiar? ¿Cuáles deben ser las nuevas relaciones entre los hombres y mujeres que conformamos este país? ¿Cuáles deben ser esos nuevos valores que le den forma y contenido a nuestro México? Aquí está una de las asignaturas pendientes, urgentes de nuestra agenda histórica en lo inmediato. No puede haber dilación ni simulación, es hora de caminar en la consecución de ese proyecto de nación, es la bisagra de nuestro mañana.

Así, pues, este primer Centenario de nuestra universidad debe ser motivo y ocasión para reflexionar seria, crítica y propositivamente de cara al futuro. También debemos decir que, tenemos en la universidad uno de nuestros baluartes más firmes, más sólidos y más articulados. Regocijémonos por tener una universidad con tantos valores, principios y capacidades, y unámonos a esta celebración diciendo con sobrada gratitud: ¡LARGA VIDA A LA UNIVERSIDAD DE LA NACIÓN!

* Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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1 comentario

  1. buenas acabo de enterarme de tu website y la verdad es que me parece super bueno no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote abitualmente.

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