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Querétaro, de los emos a los ninis: nuestro mundo feliz (y III)

| 25 octubre 2010 | Hombres y engranajes | 166 vistas | comentarios

Jorge Coronel

¿Libertad? ¿democracia? ¿todos somos diferentes?

El caso de los emos también dio oportunidad para que nuestros personajes políticamente correctos (que, en casos como éstos, abundan), inmediatamente proclamaran que la agresión contra aquéllos era (es), a su vez, un acto “contra las libertades y la democracia”. ¿A qué libertades y democracia se refieren nuestros bien pensantes politiqueros y académicos? No caigamos en la trampa. ¿Por qué? Por ejemplo, a raíz de la caída/derrumbamiento del Muro de Berlín se posibilitó la falacia de que el capitalismo “democrático” era (es) la, digamos, “menos peor” forma de vida. Se nos ha repetido que en este sistema, el individuo (usted y yo) posee la “libertad” de elegir lo que el libre mercado ofrece: hambruna, desempleo, enfermedades, marginación, migración, locura, depresión, enajenación y obesidad.

El individuo, nos dicen, puede hacer, aparentemente, lo que quiera. Ojo: sólo si tiene con qué pagar su “libertad”. Esta es la “libertad” que gozamos: comprar, comprar, comprar y endeudarse, endeudarse y endeudarse. ¿De verdad, en nuestros días, cada individuo desea cosas distintas o reacciona y actúa ante la vida de manera diferente? ¿Existe siquiera la libertad? ¿Qué es? Valgan estas preguntas porque también nuestros personajes políticamente correctos han declarado que hay que respetar “las diferencias”. ¿De verdad todos somos diferentes?

El escritor inglés Aldous Huxley, en su obra “Brave New World” (misma que fue traducida al castellano como “Un mundo feliz”), visualizó una sociedad diferenciada en castas genéticamente manipuladas y clonadas en la que el grado de desarrollo de la ciencia y la tecnología llevaría a los extremos de la claustrofobia a la vida misma, en la que los grandes bloques financieros incrustados en los gobiernos designarían los destinos, sentimientos y sueños de la humanidad. Actualmente, la forma en que las personas son brutalmente bombardeadas por el embate de las ofertas que venden los medios de comunicación, los gobiernos neoliberales, las empresas trasnacionales y las religiones, obliga a preguntarnos si de verdad somos diferentes y cuál es la libertad de la que presumimos.

(Hay personajes de corte progresista que algunas veces nos dejan estupefactos por sus declaraciones; por ejemplo, Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, de origen hindú, quien ha señalado que las “libertades” que posee el hombre contemporáneo son “conquistas históricas de la humanidad” y pregona la capacidad para “vivir bien mientras se esté vivo”, y no para vivir una vida de miseria, de privación de la “libertad”. Tramposamente, Amartya Sen cita a Aristóteles (filósofo del determinismo natural, es decir, que la desgracia y la dicha, el esclavo y el amo, por ejemplificar, son determinados por naturaleza): “La riqueza no es, desde luego, el bien que buscamos pues no es más que un instrumento para conseguir otro fin”, para después declarar que: “La utilidad de la riqueza reside en las cosas que nos permite hacer, es decir, las libertades fundamentales que nos ayuda a conseguir”. ¡Sí, cómo no! ¿Realmente esas libertades de consumo nos hacen libres y diferentes? Me temo que no. Acaso es nuestra libertad condicionada. Soy libre de saber que no soy libre).

¿De verdad todos somos diferentes? Ernesto Sábato, escritor, filósofo y científico argentino, ya visualizaba el proceso mediante el cual ya no habría diferencias entre la humanidad. En su libro, “Hombres y engranajes”, publicado en el año de 1951, Ernesto Sábato escribía: “El capitalismo moderno y la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributos concretos, de una abstracta fantasmagoría de la que también forma parte el hombre, pero ya no el hombre concreto e individual sino el hombre-masa, ese extraño ser con aspecto todavía humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima. Éste es el destino contradictorio de aquel semidiós renacentista que reivindicó su individualidad, que orgullosamente se levantó contra Dios, proclamando su voluntad de dominio y transformación de las cosas. Ignoraba que también él llegaría a transformarse en cosa”.

Finalmente, un emo, un metalero, un punk o cualquier otro elemento de la llamada “contracultura”, y un nini o un ciudadano común y corriente (por ejemplificar), aparentemente tienen pensamientos “diferentes” (y en la forma de vestir, no se diga); sin embargo, en el fondo hay una terrible realidad: sus “pensamientos” están unidos por el consumo ( este hecho es, por desgracia, la única unidad y comunidad actual : la enajenación a través del consumo de todo tipo de chatarras para destrozar la capacidad de discernimiento crítico). Ya no pensamos (por ejemplo, el ex presidente Vicente Fox fue un “humanista” y profeta “posmoderno” en este sentido, pues cierta ocasión le aconsejó a una indígena: “No leas y serás feliz”. Y México se hizo más estúpido y menos feliz, gracias al mesías de la chispa de la vida y la felicidad).

En suma, el mundo de hoy es incapaz de pensar por sí mismo. Ya no hay muchas diferencias entre nosotros. Igualito que en “Un mundo feliz”: “Triunfan los dioses del consumo y el bienestar…”

Recordando a Ernesto Sábato y su profética visión: ya somos esa horrenda cosa llamada el hombre-masa.

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